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Bisonte echado

Techo de Policromos, Cueva de Altamira, España
ca. 14.400 a.C. - 200 cm.

La sala de policromos de esta cueva ubicada en el N de España, que, junto con la cueva de Lascaux, constituyen los más impresionantes ejemplos de arte rupestre, presenta pinturas de dos épocas diferentes: una más antigua del período Solutrense (18.500 a.C.) con grandes caballos, manos y signos grabados, y otra más reciente, Magdaleniense, que ocupa la parte izquierda del techo, donde se pintaron los famosos bisontes policromos en diferentes posiciones, uno de los cuales muestra la figura.



Un museo muy especial

Museo de Altamira

Reproducción de la Cueva de Altamira
Pasarelas de circulación para los visitantes

En 1879 fue descubierta en forma casual, la cueva de Altamira, ubicada en una cadena montañosa de la región de Cantabria. Su conformación es frágil y durante excavaciones arqueológicas realizadas en 1924-25, sufrió algunos derrumbes. Abierta al público en 1917, las visitas masivas aceleraron el deterioro tanto de las pinturas como de la propia cueva, a pesar de algunas construcciones y rellenos de hormigón realizados para reforzar su estructura. En 1977 fue cerrada al público en medio de una discusión que enfrentaba a los sectores científicos, preocupados por la preservación de la cueva, con los intereses de la industria turística. En 1982 fue reabierta, admitiéndose un cupo de 8.500 visitantes al año, por lo cual era necesario inscribirse con antelación.

El problema fue resuelto con la construcción de un museo que alberga una reproducción tridimensional, exacta y milimétrica de los principales sectores de la cueva, incluida la Sala de los Policromos con sus famosos bisontes y otras pinturas de epocas anteriores. Así es que las principales obras que alberga este museo no son originales sino una copia, una neocueva o cueva clónica como se la ha llamado en España. El museo, montado con todos los recursos y las tecnologías de la museología moderna, ofrece al visitante un recorrido didáctico que lo lleva a conocer la evolución de la vida, costumbres y tecnologías del hombre prehistórico, desde épocas anteriores a la ocupación de la cueva de Altamira, integrando objetos originales hallados en excavaciones arqueológicas —no sólo en Altamira sino en toda la región cantábrica—, con objetos recreados para comprender su uso, reproducciones e información complementaria presentada con cortometrajes documentales, fotografías, gráficos, textos y hasta dibujos animados para el público infantil.

Dos artistas, Matilde Murquiz y Pedro Saura, profesores de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, fueron los encargados de realizar la reproducción exacta de las pinturas, ejecutadas sobre un compuesto de piedra artificial que reproduce milimétricamente el relieve, textura, grietas y color del techo de la cueva.



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