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Altar de Zeus
Lucha entre los gigantes y las diosas Hécate y Artemis

Fragmento del friso de 120 m de largo

180 a.C. - 160 a.C.
Mármol; 228 x 966 cm
Pergamonmuseum, Berlin

Pérgamo fue una pequeña ciudad de Asia Menor (actual Bérgamo, Turquia) que, entre los siglos III y II a.C., conoció un floreciente desarrollo económico y cultural. Sus abundantes recursos financieros le permitieron llevar un ambicioso programa constructivo, favorecido por una extraordinaria posición geográfica. Ubicada sobre un promontorio aislado, dominando el paisaje, era practicamente inexpugnable para la época. Los edificios y monumentos se distribuían en forma aterrazada hasta la cima de la acrópolis y varios anillos de murallas reforzaban su ya fácil defensa.

Dentro de la Acrópolis de Pérgamo, además de diversos templos, había edificios civiles para uso de la población —en esto se diferenciaba de la Acrópolis de Atenas, un santuario urbano con funciones exclusivamente religiosas—. Allí los habitantes se podían reunir en plazas y mercados —ágoras—, acceder a cuarteles y arsenales, asistir a representaciones teatrales en un empinado anfiteatro o recorrer diversas estoas. También en ella se encontraba la famosa biblioteca de Pérgamo, segunda en importancia después de la de Alejandría, que llegó a reunir 200.000 obras, es de suponer que realizadas en pergamino, pues fue precísamente en Pérgamo que se comenzó a producir el "pergamino" —de allí su nombre— cuya técnica se extendió por toda Europa cuando los reyes egipcios prohibieron la exportación de papiro.

Anfiteatro

Acrópolis de Pérgamo

También se hallaban en la Acrópolis los palacios de la dinastía reinante, los Atálidas. Como ya se dijo, las murallas de la Acrópolis encerraba varios recintos sagrados; el templo jónico de Dioniso; el templo dórico de Atenea —rodeado por tres pórticos con columnas—; el Heroon, lugar de culto de los reyes de Pérgamo y el templo de Trajano, ubicado en lo más alto de la colina.

Templo de Dioniso

Acrópolis de Pérgamo

Pero el monumento más notable era sin duda el Altar de Zeus. Una obra monumental, dedicada a Zeus y a Atenea Victoriosa, construido entre los años 180 y 160 a.C. bajo el reinado de Eumenes II. El altar era parte de la propaganda del estado y conmemoraba las victorias del monarca sobre las tribus galas. Aunque desde época romana y durante la Edad Media, se tenía noticias de este monumento, fue el ingeniero alemán Carl Humann quien comenzó la exploración de la acrópolis, ya en ruinas, en el siglo XIX, enviando un detallado informe y algunos fragmentos al museo de Berlín en 1871.

Gran altar de Zeus
Reconstrucción de la escalinata de acceso y la fachada Oeste

180 a.C. - 160 a.C.
Marmol
Pergamonmuseum, Berlin

Para esa fecha, el estado alemán recientemente creado, estaba deseoso de acrecentar su patrimonio artístico de obras clásicas de gran nivel, como las existentes en el Museo Británico de Londres o el Louvre de París. Al conocer el descubrimiento de Humann, las autoridades alemanas comprendieron que era la oportunidad y, aprovechando su influencia sobre el Imperio Otomano, ya en decadencia, negociaron los permisos para excavar las ruinas de Pérgamo y trasladar a Berlín sus hallazgos, a cambio de un pago de 20.000 marcos. Las excavaciones comenzaron un 9 de septiembre de 1878. En pocos días habían desenterrado 23 relieves, encontrado los cimientos del edificio y comprobado que, tras su demolición, sus elementos constructivos habían sido utilizados, en época bizantina, para erigir una muralla de defensa ante los ataques otomanos.

Altar de Zeus

Ruinas de la plataforma sobre la que se elevaba el edificio

Para Abril del año siguiente, ya se habían enviado a Berlín 132 placas con relieves, otros 2000 fragmentos de relieves, gran número de estatuas, bustos e inscripciones, además de algunos elementos arquitectónicos. La forma original del monumento fue establecida por el arqueólogo Otto Puchstein y el arquitecto Richard Bonn con la ayuda de los esbozos de Humann. El altar se elevaba sobre una plataforma casi cuadrada, en lo que era el patio central de una estructura mucho mayor. Se accedía por una gran escalinata de 28 peldaños, limitada a sus lados por dos alas del mismo edificio. La base estaba decorada por un friso escultórico de 120 metros de largo por 2.28 metros de altura. Sobre esta base se alzaba una doble columnata de orden jónico, dividida por un muro central. Para albergar la reconstrucción del frente del gran altar, se levantó en Berlín un museo, el Museo de Pérgamo, que, luego de atravesar diversas peripecias, pudo ser abierto al público en 1930.

Gran Altar de Zeus
Vista parcial del ala Norte en la reconstrucción del Museo de Berlín

180 a.C. - 160 a.C.
Pergamonmuseum, Berlín

El friso de la Gigantomaquia. El tema representado en el friso es la llamada "Gigantomaquia", batalla cosmogónica entre los gigantes, hijos de Gea, la Tierra, y las divinidades del Olimpo dirigidas por Zeus. Este tema mitológico fue una representación muy utilizada en la cerámica griega desde la época arcaica, siendo también un motivo ornamental que aparece en las metopas orientales del Partenón (siglo V a.C.).

El mito narrado por Apolodoro, cuenta la sublevación de los gigantes, nacidos de la Tierra (Gea) y el Cielo (Urano), contra Zeus, por que éste encerrara a sus hermanos, los Titanes, en el abismo (el Tártaro). Zeus llama en su ayuda a todos los dioses del Olimpo, implicando así a todas las fuerzas del Cosmos en esta lucha por el poder.

Afrodita abate a un gigante

Detalle del friso Norte

Gigante alado

Detalle del friso Norte

No se conocen los nombres de los artistas que intervinieron en la realización del altar, aunque sin duda debieron ser de los mejores de su época. Sólo se han encontrado algunas placas metálicas con nombres que, a modo de firmas, estaban distribuídas a lo largo del friso exterior. Teorreto, Menecrates, Orestes, Melanipo y Dionisíades; quien sabe si entre ellos se encuentra el o los arquitectos que idearon tan impresionante obra.

Durante la II Guerra Mundial, se desmantelaron los frisos para ser guardados en refugios que los mantuvieran a salvo de los bombardeos enemigos. Terminada la guerra, el edificio del museo había quedado tan dañado que no pudo recibir nuevamente las obras. Éstas quedaron al cuidado de la Unión Soviética, depositadas en el Museo del Hermitage, en Leningrado. Recién en 1958, pudo rehabilitarse el Museo de Pérgamo y recibir nuevamente los frisos del Gran Altar de Zeus.



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