El Panteón

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El Panteón de Roma


Panteón
El Panteón, Roma, 126 d.C.
Fotografía: Roberta Dragan / CC BY-SA
E

ste templo dedicado a todos los dioses, es el edificio cubierto mejor conservado de la antigüedad, pues ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días. Se encuentra en la ciudad de Roma, frente a la Piazza della Rotonda y, pese a la inscripción del pórtico que afirma que fue el consul Marco Agripa[1], amigo, general y yerno del emperador Augusto, quien lo ordenara construir en 27 a.C., por las marcas de los ladrillos es prácticamente seguro que el gran espacio circular se comenzó a construir en el año 126 d.C. bajo el reinado de Adriano. Es cierto que en el lugar había un templo anterior construído por Agripa, pero había sido destruído por un incendio en el año 80.

Planta
Planta del Panteón, Roma, 126 d.C.
A) planta a nivel del suelo;
B) planta a nivel de la base de la cúpula.

Fuente: W.Müller y G.Vogel, "Atlas de arquitectura", vol.1, Alianza Editorial, 1992.

Corte
Corte transversal y corte constructivo del Panteón, Roma, 126 d.C.
Fuente: W.Müller y G.Vogel, "Atlas de arquitectura", vol.1, Alianza Editorial, 1992.
Referencias
1) Anillo de compresión; 2) Intradós de la cúpula; 3) Extradós de la cúpula; 4) Hiladas de piedra natural; 5) Muro interior del cilindro; 6) Muro exterior del cilindro. - Sector a) mostrando los arcos de distribución y refuerzo construidos dentro de la mampostería; Sector b) Vista interior.

El Panteón debe su origen a la intención política de Adriano de deificar a Augusto y su familia. El edificio sirvía asimismo, para el culto a todos los dioses (que, por cierto, eran muchos).[2]. También se celebraban en él los actos supremos del Estado, siguiendo, probablemente, el tipo helenístico de la panteia, una asamblea general de los dioses junto al emperador. La forma de la cúpula con sus múltiples simbolísmos, calza perfectamente con la combinación de religión y estado, propia del pensamiento romano.

Corte2
Corte del Panteón demostrando la proporción esférica de su interior
Fuente: Blog de A.J.Sanchez (sin mención de copyright)

El templo consta de un pórtico octástilo de orden corintio, con tres intercolumnios de profundidad creados por dos filas de cuatro columnas, elevado sobre un podio de tres escalones (se discute si este pórtico fue agregado posteriormente o su realización estaba prevista desde el comienzo). La puerta de acceso a la gran sala circular está escoltada a los lados por dos hornacinas que en el pasado habrían contenido las estatuas de Augusto y Agripa. Como se puede comprobar en el corte que se acompaña, el círculo de 43,30 m de diámetro que define la superficie del salón, se inscribe en el plano vertical definiendo la altura total del recinto y, en su mitad superior, la cúpula semiesférica que lo cubre. La relación 1:1, determina el efecto espacial con una proporción ideal.

El muro exterior de 7 m de espesor total no es macizo sino que se compone de ocho colosales pilares separados por profundos nichos cuyos muros de fondo, curvos y rectos alternativamente, contribuyen escasamente al soporte de la pesada cúpula, función que recae, fundamentalmente, en los mencionados pilares. Estos tampoco son completamente macizos sino que presentan un hueco semicircular en su interior. Mirando la planta con atención se puede ver que el sector macizo del grueso muro se dispone siguiendo una línea ondulada, lo que aumenta la resistencia, con menos masa, para contrarrestar los empujes horizontales de la bóveda.[3]

Cúpula
Cúpula del Panteón, Roma, s.II d.C.
Fotografía: Blog de Ana Cob (sin mención de copyright)

En el exterior tres anillos de cornisas constituyen el único elemento de organización de un plano murario completamente liso, con unas pequeñas aberturas en el nivel superior. Por el interior, en cambio, el muro está organizado en dos niveles por sendas cornisas. El nivel inferior contiene los nichos alternativamente de fondo plano o curvo ya mencionados, con dos columnas corintias cada uno, que dividen su abertura en tres intercolumnios, terminando en los ángulos del nicho con pilastras. El frente de cada pilar presenta edículos salientes con dos columnas corintias con su entablamento y frontones alternativamente triangulares y curvos. Albergan en su interior sendas estatuas. Sobre el entablamento de este primer nivel, el segundo nivel, más bajo y sencillo, está decorado alternando recuadros y ventanas, estas últimas con un pequeño frontón triangular adosado. Esta composición sólo se interrumpe por la bóveda de cañón que cubre la entrada desde el pórtico y por un ábside con semicúpula en el extremo opuesto del eje del edificio, justo frente a la entrada.

La cornisa superior marca el nivel del arranque de la cúpula. Cinco anillos de casetones ascienden hacia el centro; el quinto superior del intradós, el área más en sombra, es liso y la abertura central, única fuente de iluminación natural, mide 8,72 m de diámetro. Los 140 casetones presentan una profundización escalonada, pero este escalonado no está centrado respenco del centro de la semicúpula sino respecto del centro del círculo base del templo. Esta compensación perspectívica logra que el espectador pueda apreciar con claridad la estructura de casetones y le confiere a la cúpula liviandad y un aspecto ligero, casi aéreo.

Vista aerea
Vista aerea del Panteón de Roma
Fotografía: Internet (Best Architecture of all time) / Sin mención de copyright
G.P.Pannini
Giovanni Paolo Pannini, "Interior del Panteón", 1732, Óleo sobre tela.
Imagen: Internet

La cúpula está construida con dos capas de hormigón colado. Los diferentes materiales agregados, como ladrillo molido, toba o piedra volcánica, están en función de los distintos grados de resistencia y ligereza requeridos. La habilidad y pericia constructiva romana para resolver los problemas estructurales que planteaba una cúpula de esas dimensiones y 4535 toneladas de peso, la prueba el hecho de que casi 19 siglos después se encuentra intacta y en pie. En el s.VII el edificio fue donado al papa Bonifacio IV que instaló en él la Basílica de Santa María ad Mártires, sin modificar en nada su interior, lo cual salvó al monumento del expolio que durante la Edad Media sufieron los templos y edificios paganos. Hasta la actualidad conserva el piso original que está abovedado hacia el centro, siendo éste 30 cm más alto que en el borde, para que el agua de lluvia que penetra por la abertura central de la cúpula, escurra hacia un canal de desagüe ubicado en el perímetro. Hoy en día en este histórico ámbito, se sigue oficiando misa y, especialmente, matrimonios.

Fue la mayor cúpula construida en la Antigüedad y su diámetro recién fue superado, por apenas 2,20 m, en el siglo XV por la cúpula del Duomo de Florencia, la Iglesia de Santa María de las Flores. La cúpula de San Pedro, en el Vaticano, tiene un diámetro menor (41,47 m) pero supera a todas en altura. Hubo que esperar hasta el siglo XX y las modernas técnicas constructivas para que se superaran estos hitos de la arquitectura occidental, en lo que a cúpulas monumentales se refiere.

Interior
Panorámica del interior, Panteón de Roma
Stefan Bauer / CC BY-SA (via Wikimedia Commons)

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Notas


[1]La leyenda del friso: «M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT», significa: “Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo construyó”.

[2] La relación de los romanos con la religión era diferente a la que hoy mantienen los fieles de cualquier religión. Su religiosidad tenía más bien un carácter contractual: se honraba a tal o cual dios a cambio de su protección y que favoreciera el buen resultado en los asuntos y empresas que el fiel emprendiera. Si ello no ocurría, se podría honrar a otra deidad. Un culto no implicaba asumir una filosofía, una moral o conducta de vida (como el cristianismo o el islam, por ejemplo), sino la participación en los ritos y festividades del culto. Esto explica la amplitud del politeísmo romano, pues el culto de tal o cual dios no cambiaba el pensamiento o creencia individual, solamente implicaba participar en los rituales. Así fue que los romanos absorbieron casi todos los dioses que encontraban en los pueblos conquistados. A los dioses de sus antepasados etruscos, sumaron los dioses griegos (el Olimpo completo, cambiando sus nombres), pero también egipcios (Isis y Osiris) o persas (Mitra). Además de todos estos dioses que integraban el culto público, estaban los dioses lares, culto privado, individual de cada familia que deificaba a sus antepasados y los honraba en el lararium, pequeño altar doméstico. De esta religiosidad privada, probablemente haya derivado, en época imperial, el culto público de deificar a los emperadores y, a veces, a la esposa o hijo, una vez fallecidos, y exigir que la población los honrara y ofreciera sacrificios. La finalidad política y de afirmación del poder imperial de esta práctica es innegable. El colmo de este hábito llegó durante el reinado de Domiciano (del año 81 al 96) quien se proclamó a sí mismo dios en vida, lo que generó un gran escándalo.

[3] Es el mismo principio de las conocidas cubiertas de chapas onduladas o plegadas, cuya resistencia y aptitud para su función se basa en la forma y no en el espesor del material con que están hechas.