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Duccio di Buoninsegna - (atribuido)

Madonna Ruccelai

ca. 1285

Galleria degli Uffizi, Florencia

Duccio di Buoninsegna (ca. 1255 - 1319) fue el primer gran pintor originario de la ciudad de Siena. Sin llegar al pronunciado naturalismo que hizo tan innovadora la obra de Giotto, la pintura de Duccio recoge la grave y austera belleza de siglos de tradición bizantina y le infunde un nuevo hálito de humanidad, en consonancia con las prédicas que las nuevas órdenes franciscana y dominica difundían.

En 1285 una Madonna de gran tamaño le fue encargada para la iglesia florentina de Santa María Novella: esta fue, con casi total certeza, la Madonna Rucellai (actualmente en la Galleria degli Uffizi). En 1308 Duccio alcanza la cumbre de su carrera con el contrato para una imponente "Maestà" destinada al altar mayor de la Catedral. La obra fue terminada en 1311 y llevada en solemne procesión de su taller hasta la Catedral. La mayor parte de ella aun permanece en Siena, en el Museo de la Catedral, pero unos pocos pequeños paneles se perdieron y otros paneles, todos pequeñas partes de la predella, están en varios museos extranjeros.

Duccio di Buoninsegna

Maestà (Madonna con Ángeles y Santos)
Panel central

1308 - 1311

Témpera sobre madera, 214 x 412 cm
Museo dell'Opera del Duomo, Siena

En su forma original la Maestà ocupaba el panel principal del altar completo, frente a los fieles. Arriba y abajo tenía escenas de la vida de Cristo y la Virgen, con pequeñas figuras de santos. El dorso del panel principal fue completado con veintiseis escenas de la Pasión, en tanto que arriba y abajo, como en el frente, había pequeños paneles con escenas de la vida de Cristo. Desde el punto de vista artístico, ambos lados muestran a Duccio como un profundo innovador, por el frente las figuras son de gran peso y solidez y mayor caracterización que las que se habían visto en Siena hasta entonces; en tanto el dorso del panel nos lo muestra como un maestro de la narración, igual que Giotto en su poder narrativo aunque un tanto menos fresco en la invención iconográfica; para Duccio fue suficiente usar los viejos modelos bizantinos en la mayoría (aunque no en todas) de las escenas del Nuevo Testamento.



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