El "Genio" y
la "Originalidad"

Entre los siglos XIV y XVI se producen varios cambios fundamentales en las artes plásticas europeas. Además de la renovación estética y estilística producto de los cambios en el pensamiento y en lo socioeconómico, es también el momento en que comienza un paulatino pero irreversible cambio en la consideración social de que son objeto los artistas, diferenciandose de los artesanos con los que se los confundía hasta entonces. Comienzan a ser valorados por su talento, abandonando así el anonimato en el que, en general, habían estado sumidos hasta la Edad Media. El "genio" artístico en el campo de la plástica, se convierte en un nuevo modo de acceder a un prestigio y posición social comparable al de las capas más favorecidas de la sociedad. Y ciertamente, fue una época prolífica en artistas geniales; nombres como los de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, Durero o Jan van Eyck, son sólo algunos de una extensa lista de pintores, escultores y arquitectos, que realizaron obras insuperables y que gozaron en vida, de una fama como nunca antes había tenido un artista plástico.

Pero a veces, en la historia, aparecen talentos que, compartiendo algunas características generales del arte de su época, presentan aspectos que los destacan y diferencian del resto de los grandes artistas del momento. Su "originalidad" los situa fuera del denominador común de su época. Ellos producen obras que ningún otro de sus contemporáneos pudo imaginar; tienen además la particularidad de crear un nuevo camino expresivo y recorrerlo en su totalidad hasta agotarlo, no dando lugar a que otros artistas puedan tomarlos como base para desarrollar su propio y personal estilo, sin caer en la imitación lisa y llana. Y durante los dos siglos que la Historia del Arte engloba bajo el rótulo de Renacimiento, hubo al menos dos de estos "genios diferentes"

1. El Bosco

Hieronymus Bosch (ca. 1450-1516), de origen holandés, conocido como "El Bosco". Este pintor nos presenta en sus cuadros de tema religioso, un universo turbulento, abigarrado, poblado de criaturas fantásticas y monstruosas, de símbolos místicos y profanos. Son recurrentes en él el tema del Juicio Final y las representaciones del Paraiso y el Infierno. Si su dominio de la técnica, de la forma y la composición, nada tiene que envidiar a los grandes maestros de la época, toda su obra contrasta fuertemente con la armonía, serenidad, sensillez e idealizada belleza del resto de la pintura del Renacimiento.

No significa esto que sus cuadros, plagados de seres abominables u obscenos, fueran fruto exclusivamente de su imaginación. La época del Bosco está dominada por un violento sentimiento religioso; un agudo sentido de la lucha entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás. Costumbres licenciosas, blasfemias, sátiras contra la corrupción del clero se dan simultáneamente con la proliferación de cofradías y sectas religiosas de fuerte misticismo, aunque no siempre dentro de las enseñanzas y prácticas ortodoxas del catolicismo. Lo excepcional en el Bosco es que es el único que se atreve a poner en imagen esa contradicción, esa lucha entre el bien y el mal, que se albergaba en el espíritu de sus contemporáneos. Como dijera fray José de Sigüenza, «...mientras los otros pintores representaban el aspecto exterior del hombre, el Bosco tuvo la audacia de pintarlo tal como es en su interioridad.»

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Hieronymus Bosch
El Jardín de las Delicias
Tríptico; ca. 1500

Panel izquierdo: el Paraiso; Panel central: el Jardín de las Delicias; Panel derecho: el Infierno

Óleo sobre tabla
Paneles laterales: 220 x 97 cm; Panel central: 220 x 195 cm
Museo del Prado, Madrid

Severo moralista, impregnado de un fuerte pesimismo respecto de la racionalidad de la naturaleza humana, sus obras son sermones, cuyo simbolismo hoy nos resulta dificil descifrar, pero que muchos de sus contemporáneos seguramente interpretaban con claridad. El ya citado fray José de Sigüenza escribió, refiriendosé al tríptico El jardín de las Delicias, que «...querría ver el mundo lleno de copias de esa obra para amonestación de las almas.» En él, el panel izquierdo está dedicado a la Creación; el panel central, una fiesta de colores, está poblado de enjutas figuras humanas rubias (con algunas figuras negras); estáticas unas, otras están dentro de esferas de cristal, unas más en extrañas actitudes; más atrás otras figuras desnudas cabalgan en círculo, sobre diversos animales, bajo la mirada de dos enormes pájaros, símbolos de la lujuria y la herejía. Al fondo el lago celestial poblado de fantásticas construcciones. El panel derecho representa al Infierno, dominado por la misteriosa figura central del hombre-árbol, de cuerpo ovoide y redondo sombrero.

Hieronymus Bosch
La Creación del Mundo
Tríptico "El Jardín de las Delicias" cerrado

ca.1500
Óleo sobre tabla; 220 x 195 cm

El mensaje del panel formado al cerrar el tríptico, puede ser entendido como la síntesis del mensaje moralizante del tríptico entero. Al estar cerrado, nos muestra el tercer día de la Creación. La Tierra contenida en una esfera de cristal opaco, simboliza la fragilidad y transitoriedad del mundo humano. Abierto, el panel izquierdo representa escenas del Jardín del Eden, la primera pareja humana, la creación de Eva; en el centro una fantástica visión de los placeres sensuales, mientras el panel derecho muestra el tormento de los condenados en el Infierno


2. Giuseppe Arcimboldo

Giuseppe Arcimboldo, nacido en Milán, Italia, alrededor de 1530 y fallecido en la misma ciudad en 1593. Pintor, diseñador y artesano, sus primeras obras no presentan ninguna particularidad que las destaque de las de otros pintores de la región. Diseñó vitrales para la catedral de Milán; tapices para la catedral de Monza y pintó algunos frescos en la catedral de Como. En 1562 es llamado por la corte imperial de Praga y será allí donde se pondrá de manifiesto esa fantasía e imaginación que lo destaca hasta hoy. Inventó un tipo de retrato compuesto por animales, flores, frutos y objetos combinados, logrando con esta yuxtaposición una forma de fuerte parecido a un rostro humano. Algunos eran retratos satíricos de personajes de la corte, otros eran alegorías de las estaciones del año, —construídas con frutos propios de la estación—, o de los cuatro elementos de la naturaleza según los antiguos (aire, agua, tierra, fuego).

Giuseppe Arcimboldo
Invierno

1573
Óleo sobre tela; 76 x 63.5 cm
Musée du Louvre, París

Giuseppe Arcimboldo
Otoño

1573
Óleo sobre tela; 76 x 63.5 cm
Musée du Louvre, París

Se lo ha querido ver como un precursor del Surrealismo del siglo XX, pero la exploración del subconsciente y de las imágenes de los sueños, característica de ese movimiento artístico contemporáneo, era absolutamente ajena a la intención de Arcimboldo. Más bien debemos ubicarlo en su propio contexto histórico de fines del Renacimiento, ya en transición hacia el Barroco. Esta fue una época donde el interés por la naturaleza y por el Hombre ya había reemplazado plenamente al misticismo medieval (lo que no debe interpretarse como una reducción del sentimiento religioso). En la pintura, el retrato y el paisaje natural empleado como fondo de cualquier tema, incluido los retratos, eran prácticas carácterísticas del Renacimiento, que reflejaban esos nuevos intereses. Los coleccionistas solían dedicar igual atención a la adquisición de obras de arte y de curiosidades naturales de todo tipo. Arcimboldo sintetiza en sus retratos, con fantasía y original inventiva, esa nueva orientación del pensamiento de su época enfocada hacia la contemplación e investigación de la naturaleza, que produjo por un lado, el "renacer" de la búsqueda científica de conocimiento sobre el Hombre y el mundo que habita, y por otra parte, la renovación de las artes plásticas occidentales.

Guiseppe Arcimboldo
Primavera

1573
Óleo sobre tela; 76 x 63.5 cm
Musée du Louvre, París

Arcimboldo creó una imagen fantástica de la corte en Praga, diseñando vestidos, accesorios y decoraciones. El Emperador Rudolf II, además de encargarle la realización de innumerables pinturas, le dió la tarea de buscar y comprar obras de arte y curiosidades naturales. En 1587 Arcimboldo regresó a Milán pero mantuvo el contacto con el Emperador. Hacia el final de su vida, le envió un retrato representándolo como el dios griego Vertemnus. El mítico Vertemnus (o Vortumnus), dios de las cosechas y la abundancia, es utilizado por Arcimboldo para pintar este bizarro retrato del Emperador Rudolf II de Habsburgo.

Giuseppe Arcimboldo
Vertemnus

1591
Óleo sobre madera; 70.5 x 57.5 cm
Skoklosters Slott, Bälsta (Estocolmo)

En el siglo XVI la cosmopolita corte del emperador en Praga devino un centro de arte internacional, donde Arcimboldo se movía con soltura. Su pintura podría parecer algo irreverente, pero de hecho es la manifestación de su vehemente búsqueda de nuevas ideas y su exploración de diferentes modos de expresión. Su retrato de Rudolf II de Habsburgo da absolutamente una buena impresión del Emperador. Éste lo inducía a romper las reglas usuales para provocar irreprimibles reacciones y emociones. Este retrato junto con otras pinturas y objetos estaban en el Wunderkammer (literalmente, "cuarto de maravillas"); luego del saqueo de Praga por parte del ejército sueco, durante la guerra de los Treinta Años (1618 - 1648), fueron diseminados por toda Europa.



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