Paul Gauguin



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Paul Gauguin
Mujeres de Tahití

1891
Óleo sobre tela; 69 x 91 cm
Musèe d'Orsay, París

Paul Gauguin nació un 7 de junio de 1848 en París. Era hijo de un periodista de Orleáns, de ideas liberales, Clovis Gauguin, y de Aline-Marie Chazal. Su abuela materna fue la conocida escritora, activista socialista y pionera del feminismo, Flora Tristán. El padre de Flora fue un militar peruano, realista y hermano del general peruano al servicio de España, don Pío Tristán y Moscoso, que fuera derrotado por Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta, cuando intentó invadir las Provincias Unidas del Río de la Plata al mando del ejército realista. Cuando la abuela de Gauguin, Flora, se separó de su esposo en 1822, se fue al Perú con su hija y vivió bajo la protección de Don Pío hasta 1834 en que regresó a Europa. Estos antecedentes familiares justifican el hecho de que la familia Gauguin buscara refugio en Perú, cuando en 1851 la restauración imperial de Napoleón III destruyera la situación económica y las ilusiones políticas democráticas de Clovis, alimentadas durante el breve período republicano surgido de la revolución de febrero de 1848. En Perú había una esperanza de que la madre de Gauguin obtuviera una parte del legado de su abuelo, o por lo menos era seguro el auxilio de su tío-abuelo, el acaudalado y longevo Don Pío. Efectivamente, el anciano colmó de atenciones a su sobrina nieta y a sus hijos —Clovis Gauguin había fallecido durante el viaje al Perú— que vivieron bajo su protección durante cuatro años. En 1855, Aline-Marie vuelve a Francia para hacerse cargo de los pocos bienes que había dejado el abuelo paterno de Gauguin y, al morir Don Pío al año siguiente, ya no hubo razón para volver al Perú. (Se sospecha que la familia del anciano general había escamoteado un generoso legado que le había dejado a su sobrina nieta.) Paul, ya adulto, recordaba los años infantiles pasados en el Perú, contaba anécdotas vividas en su niñez, y hasta aludía a una supuesta condición de descendiente de los Incas, lo que le valió el mote de "Montezuma" entre sus amigos.

Gauguin, terminados sus estudios a los diecisiete años, se alistó como pilotín en la marina mercante, a pesar de la oposición de su madre. Como pilotín hizo un sólo viaje, a Río de Janeiro, en el que el joven Paul tuvo las primeras referencias sobre los encantos y bellezas de las islas del Pacífico, por boca del segundo oficial del barco. En 1868, se enroló en la marina de guerra francesa, donde sirvió durante tres años, primero como fogonero para luego ser ascendido a marinero de segunda clase; hasta allí llegó su carrera en la marina. Estando embarcado falleció su madre, que vivía en Saint-Cloud; además un bombardeo, durante el conflicto franco-prusiano, destruyó su casa con todas sus pertenencias. Es así que abandonó la marina y buscó un empleo estable; por intermedio de un amigo de su madre, hombre de negocios, consigue una recomendación para un agente de cambio, de nombre Bertín, que lo emplea en su negocio. El ex-marinero se transforma entonces, en un eficiente empleado de la Casa Bertín, y se hace diestro en el manejo de liquidaciones de valores y en negocios de inversión. Once años trabajó en ese empleo, además de aprovechar su experiencia para especular por su propia cuenta, y con notable éxito, llegando a acumular una pequeña fortuna. Se casó en 1873 con una joven danesa, Mette-Sophie Gad, institutriz y luterana, con la que tuvo cinco hijos, nacidos entre los años 1874 y 1883.

Camille Pissarro - Paul Gauguin
Retrato de Gauguin por Pissarro (izq.)
Retrato de Pissarro por Gauguin (der.)

1879 - 1883
Pastel sobre papel.

Hasta aquí, Gauguin era un perfecto burgués, andariego en su juventud, pero ya estabilizado, con un buen empleo, con una familia y una sólida posición económica. Nada permitía predecir al artista cuya pasión por el arte lo llevará a abandonarlo todo, incluso su familia. ¿El dibujo y la pintura? Si, como entretenimiento de domingos y algún que otro rato libre. Había empezado a practicarlos alrededor de 1873, posiblemente influido por un compañero de trabajo, Emile Schuffenecker, paisajista dominguero, hábil coleccionista y amigo de pintores como Emile Bernard y Paul Sérusier, que tendrá una relativamente importante participación en el grupo de los Artistas Independientes (formado en 1884). Con él concurre a la Academia Colarossi, donde dibujan desnudos del natural. En esos comienzos, conoce en la galería Durand-Ruel a Camille Pissarro, del grupo impresionista, quien le hará conocer la nueva pintura desarrollada por Monet y Renoir.

Paul Gauguin
El estudio de Schuffenecker (La familia Schuffenecker)

1889
Óleo sobre tela.

Pissarro lleva a Gauguin a ver la primera exposición de este movimiento, en 1874. Allí parece ser que Gauguin se ve fuertemente impresionado por la técnica audaz y el vivo colorido de estos pintores. En este punto puede anotarse un paralelo y una divergencia con el caso Van Gogh: ambos dan sus primeros pasos en la práctica pictórica ya mayores, más allá de sus veinticinco años de edad; pero Van Gogh parte influido por la pintura de la generación anterior, Daumier, Millet, Delacroix, Courbet; en cambio Gauguin comienza bajo el contacto y estímulo de quienes, en ese momento histórico, constituyen la vanguardia más radical y renovadora del arte pictórico. Poco a poco, el "hobby" de la pintura comienza a absorber más su tiempo libre; su familia lo ve cada vez menos; por las noches se reúne con sus nuevos amigos pintores en el café "La Nouvelle Athènes", sale todos los domingos a pintar y abandona el hogar durante las vacaciones para ir a trabajar junto con Pissarro en Pontoise. En 1875 además de su afición por la pintura, se pone a esculpir en piedra en el taller de un marmolero, de nombre Bouillot, que conoció por haberle comprado una casa para mudarse con su familia, ampliada en ese momento por la llegada de sus dos primeros hijos, Emile y Aline. Esta afición por la escultura, comenzada en su infancia peruana con algunos ensayos de talla en madera, continuará durante toda su vida; en su etapa final, ya en la Polinesia, volverá a la madera, tallando hermosas obras.

Paul Gauguin
Mujer remendando su ropa

1880
Óleo sobre tela; 111.4 x 79.5 cm
Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhagen

En 1876, un paisaje suyo fue aceptado por el jurado del Salón Nacional. Para lograr su aceptación, Gauguin debió hacer concesiones, resignando su adhesión a los principios impresionistas, a los que estaba completamente entregado siguiendo los pasos de Pissarro. Realizó un cuadro convencional, pues de otro modo no hubiera pasado el filtro que los académicos del jurado oponían a toda pintura que se apartara de los postulados neoclásicos. Con esta presentación, probablemente haya buscado justificarse ante su esposa que ya comenzaba a inquietarse ante una afición que lo alejaba cada vez más de su familia. De cualquier modo, Gauguin no descuidaba su tarea de bolsista y sus negocios seguían prosperando, tanto que en 1877, la familia vuelve a mudarse a una casa más amplia, con jardín y un cómodo taller, ubicada en la Rue Carcel nº 8. «Si Mette-Sophie veía menos a su marido, no le faltaba el halago de las comodidades materiales.»[1] En 1880 sus amigos lo invitan a exponer en la quinta exposición impresionista; de allí en más, Gauguin participará en todas las exposiciones del grupo hasta la última de 1886. En 1881, presentó un desnudo, Mujer remendando su ropa, que mereció un elogioso comentario del agudo crítico y defensor del Impresionismo, J. K. Huysmans.

Paul Gauguin
El jardín en invierno - Rue Carcel

1883
Óleo sobre tela.

En las vacaciones de 1881, Gauguin conoce a Cézanne, invitado como él, en la casa de Pissarro en Pontoise. Sentía una gran admiración por el pintor de la Provenza; había comprado ya dos cuadros suyos —uno de ellos, una naturaleza muerta, lo utilizó más tarde como fondo para su retrato de Marie Henri— y asimiló muchas enseñanzas de él. Pero Gauguin comenzaba a sentir cierta sensación de impaciencia por sus, para él, lentos avances en el campo de la pintura. Un "aficionado de domingo" nunca llegaría a alcanzar un nivel destacado, pensaba. Necesitaba dedicarle todo su tiempo. Sus amigos eran pintores de tiempo completo; sus obras comenzaban a tener cierta aceptación dentro de un reducido grupo de conocedores; tenía algunos ahorros y confiaba en que las relaciones que tenía en el mundo de los negocios, junto a sus vínculos con diversos "marchands" a quienes como cliente les había comprado varias pinturas modernas, le permitirían comenzar a vender sus cuadros. Así es que a comienzos de 1883, toma la crucial decisión de dedicarse definitiva y profesionalmente a la pintura, renunciando a su empleo en la Casa Bertin. En marzo de 1884 se muda a Ruan con toda su familia; allí esperaba encontrar buenos motivos para pintar, una vida más económica que en la capital y clientes para sus cuadros entre la rica sociedad ruanesa. Estaba en lo cierto respecto a los dos primeros puntos pero el tercer supuesto falló. Viendo como los ahorros se esfumaban sin que el reconocimiento artístico de su esposo llegara, y con él, las ventas de sus obras, Mette-Sophie decidió que se debían trasladar a Dinamarca, bajo la protección de sus parientes daneses; Gauguin llevaría alguna representación comercial que no le impusiera un horario de trabajo y le dejara tiempo para pintar. El plan parecía viable y se gastaron los últimos francos que les quedaban en los pasajes a Copenhague. Mette-Sophie no supo prever que esa idea suya acabaría con su matrimonio.

Paul Gauguin
Madame Mette-Sophie Gauguin en vestido de noche

1884
Óleo sobre tela.

Todo salió mal. Los parientes daneses no recibieron bien a Gauguin, a quien consideraban un fracasado; la representación de telas impermeables para cortinas, que había conseguido en Ruan, no tuvo éxito; lejos del ambiente parisino y de sus amigos, su pintura tampoco progresaba. Una exposición de sus obras en Copenhague produjo tan mala impresión que fue cerrada por sus organizadores al quinto día. No soportando más la situación, Paul decide volver a París dejando su familia en Dinamarca. Se lleva consigo a su hijo Clovis, de seis años de edad. En junio de 1885 se establece en París y alquila un modesto taller. Pero su situación no mejora. «He conocido la miseria extrema, o sea tener hambre, y todo lo consiguiente. No es nada, o casi nada. Uno se acostumbra y, a fuerza de voluntad, acaba por reírse. Pero lo terrible es el impedimento para el trabajo, para el desarrollo de las facultades intelectuales.» Para colmo de males, Clovis enferma de varicela. En una carta a su esposa, relata así el momento:

«Cuando el pequeño se enfermó de varicela, yo tenía veinte céntimos en el bolsillo; hacía tres días que sólo comíamos pan, y esto, porque me lo fiaban. Enloquecido, tuve la idea de ofrecerme a una compañía de propaganda, como pegador de carteles. Mi aspecto burgués hizo reír al director, pero le dije, muy serio, que tenía a un hijo enfermo y necesitaba trabajar. He estado poniendo engrudo a los carteles, por cinco francos diarios; entretanto, Clovis permanecía en cama, afiebrado; cada tarde regresaba yo a cuidarlo. Este oficio ha durado tres semanas. Hoy, el director de la compañía me ha nombrado inspector y secretario de la Administración, con doscientos francos mensuales. Parece que me ha encontrado inteligente...»

Tiempo después, el propio Gauguin enferma y debe permanecer 27 días hospitalizado. La situación ya era insostenible; afortunadamente logra vender dos cuadros de su colección y, posiblemente, algunas cerámicas que había empezado a ejecutar. Con ese dinero pone a su hijo en un pensionado para que ya no tenga que compartir sus penurias. A pesar de lo difícil que le resulta ese año 1885, siguió pintando y, en la última exposición de los Impresionistas de 1886, presentó un conjunto de diecinueve óleos. Al terminar la muestra, se radica en Pont-Aven, pequeño puerto pesquero de la región de Bretaña, fundamentalmente por lo barata que era la vida en esa comarca del noroeste de Francia. Allí encuentra «...un pueblo de costumbres arcaicas, distinto a nuestros ambientes civilizados.» Será el comienzo de un camino en busca de lo primitivo, de lo original, que lo llevará finalmente a la Polinesia.

Paul Gauguin
Cuatro mujeres bretonas

1886
Óleo sobre tela.
New Pinacothek of Munich

El pintoresquismo del lugar atraía a muchos pintores que veraneaban en Pont-Aven. Gauguin despertaba la admiración de los más jóvenes, como Emile Bernard, amigo de Van Gogh y de Schuffenecker, quien será su discípulo y luego pretenderá haber sido el creador del "sintetismo", la teoría estética que constituye el centro del "estilo Gauguin". Otro joven pintor que conoce en Pont-Aven y con quien traba una estrecha amistad, será Charles Laval, que lo acompañará luego, en una de sus aventuras, esta vez en Panamá. La vida simple y casi primitiva de Bretaña y la expresiva sencillez y primitivismo de los calvarios bretones, tuvieron una influencia decisiva en la evolución de la pintura de Gauguin. Es allí donde elabora ideas originales que lo llevan por un nuevo camino, distanciándolo del impresionismo. En el otoño de 1886 vuelve a París, traba relación con Van Gogh y conoce a Seurat, probando por un breve tiempo la técnica divisionista que este desarrollara, pero abandonándola rápidamente. En cambio, deseaba probar sus nuevas ideas en un ambiente más propicio; este deseo y el resurgir de su antiguo espíritu viajero, le hacen proyectar una empresa que puede parecer alocada, pero que en lo artístico fue sumamente fructífera. Ya había comprendido que no podría vivir de su arte; toda su vida, luego de abandonar el cómodo empleo de Bertin, estuvo orientada a buscar sitios que le permitieran subsistir con poco dinero. En 1887 se estaba desarrollando la primera etapa de la construcción del Canal de Panamá. Suponiendo que hallaría allí un empleo bien pago y podría vivir con poco gasto, mandó a su hijo Clovis con su madre a Copenhage y partió al istmo acompañado de Laval, a quien había entusiasmado con la idea. Cuando llegaron a Panamá se encontraron con que sólo había empleo para cavadores; como de todos modos la paga era buena, los dos amigos aceptaron el trabajo y por algunos meses empuñaron la pala en una obra que costó varios cientos de muertos. Pronto, la falta de fondos obligó a la Compañía del Canal a suspender los trabajos. Con lo ahorrado, los dos pintores pasaron seis meses en la isla Martinica, dedicados exclusivamente a pintar, hasta que el paludismo de uno y la disentería del otro, les obligaron a dar por terminada la aventura tropical.

Paul Gauguin
Naturaleza muerta con tres cachorros

1888
Óleo sobre tela; 88 x 62.5 cm
Museum of Modern Art, Nueva York

En esos meses en la isla, Gauguin se aparta definitivamente del impresionismo y termina de definir, en una docena de cuadros, el estilo que marcó toda su obra posterior. Un estilo construido a base de figuras de contornos claramente definidos, rellenos de color plano o escasamente modulado. Un modo de pintar con antecedentes góticos y bizantinos pero abandonado en el Renacimiento, que Gauguin recupera, adaptándolo a una forma de representación absolutamente moderna. Había regresado a París a fines de 1887 y en mayo de 1888 realiza una exposición de sus cuadros de Bretaña y la Martinica en el anexo de la Galería Goupil que dirigía Theo Van Gogh, hermano de Vincent. Se logran vender algunas obras y con ese dinero vuelve a pasar el verano en Pont-Aven donde se encuentra con sus amigos Emile Bernard y Charles Laval y conoce a un joven pintor, Paul Sérusier. En ese verano en Bretaña formula la teoría estética que sostiene y se expresa a través de su estilo pictórico, y que él llamó "sintetismo". Teoría que fue adoptada y difundida por Bernard, Laval y, principalmente, por Sérusier; que tuvo una considerable influencia en la pintura postimpresionista y que despertó la adhesión de algunos literatos que por ese entonces iniciaban el movimiento simbolista.

Llegado el otoño, sus amigos vuelven a París y él, enfermo y sin dinero, acepta la generosa invitación de Vincent Van Gogh, para compartir la "casa amarilla", en Arlés, y los escasos recursos con que su hermano Theo lo sostenía. Esta breve estadía terminará en la navidad de ese año, con el conocido incidente que acabó con el ataque de locura de Van Gogh atacando a su amigo y, luego, arrepentido, cortándose una oreja.

Paul Gauguin
Los Alyscamps, Arlés

1888
Óleo sobre tela; 91 x 72 cm
Musèe d'Orsay, París

Paul Gauguin
En el Café

1888
Óleo sobre tela; 92 x 72 cm
Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, Moscú

De regreso en París, su situación económica no mejora a pesar de que, desde su última exposición, ya no es un incomprendido y muchos colegas lo admiran. Vive de la protección de sus amigos, especialmente Schuffenecker, Meyer de Haan, un artista holandés, y Daniel de Monfreid, marino y pintor con quien mantendrá una duradera amistad. Con motivo de la Exposición Universal de 1889, los pintores que adhieren al sintetismo de Gauguin presentan la nueva tendencia en una gran exposición en el Café Volpini, situado en los terrenos de la muestra internacional. Exhibieron sus obras Gauguin, Schuffenecker, Laval, Anquetin, Louis Roy, León Fauché, Daniel de Monfreid y Emile Bernard. Clausurada la exposición, Gauguin regresó a Bretaña. Se refugia en Le Pouldu, una pequeña aldea de pescadores en la que puede estar solo y tranquilo dedicado a la pintura y donde realiza algunas de sus obras más célebres.

Paul Gauguin
Retrato de Marie Henri

1890
Óleo sobre tela; 65.3 x 54.9 cm
The Art Institute of Chicago

Paul Gauguin
La bella Ángela

1889
Óleo sobre tela; 92 x 63 cm
Musèe d'Orsay, París


Paul Gauguin
Paisaje en Pouldu

1889
Óleo sobre tela

Después de permanecer veinte meses en Bretaña, vuelve a París para encontrarse con la desagradable novedad que Bernard y Sérusier se presentaban como los creadores del sintetismo, haciéndolo pasar a él como un mero seguidor, cuando en realidad, la situación era exactamente la opuesta. Si bien esto lo molestó, no lo afligió demasiado; ya se sentía lejos de las intrigas, lejos de las miserias de la civilización urbana. Había madurado en él la intención de irse de Europa, ir en busca de un "hombre primitivo", incontaminado. Recordó la referencia a las Islas de la Sociedad, posesión francesa en la Polinesia, que le hiciera veinte años antes un oficial del barco en que tuvo su primera experiencia marinera y decidió partir para Tahití. Para conseguir el dinero para el viaje, organizó una venta de sus obras, que fuera anunciada con un elogioso artículo periodístico de Octave Mirbeau que despertó el interés por su obra y su personalidad. Edgar Degas fue uno de los amigos y admiradores que compraron los treinta cuadros ofrecidos en subasta pública.

Paul Gauguin
Autorretrato con el Cristo Amarillo

1889 - 1890
Óleo sobre tela

Luego de la exposición se lo agasajó con un banquete y, días más tarde, se realizó una función del Teatro del Arte, en su beneficio. A este último homenaje Gauguin no asistió; ya estaba a bordo del barco que lo llevaba a la Polinesia; tal era su prisa por partir. Llegó a la capital de Tahití, Papeete, en junio de 1891; al poco tiempo se alejó de la capital en busca del aborigen en su ambiente natural que había ido a buscar, y que en la afrancesada ciudad colonial no podía encontrar. Se instaló en Mataiea, a 45 kilómetros de Papeete, y adoptó el modo de vida de los tahitianos, aprendió su lengua y tomó a una joven, Tehoura, como compañera.

Paul Gauguin
Matamoe

1892
Óleo sobre tela; 115 x 86 cm
Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, Moscú

Gauguin relata su experiencia en la Polinesia en un libro escrito en colaboración con Daniel de Monfreid (que inserta sus poemas junto a la prosa de Gauguin), que tituló "Noa-Noa". La felicidad que experimenta en esta vida primitiva se refleja en párrafos como este: «Empiezo a pensar simplemente, a sentir muy poco odio por el prójimo; o, mejor dicho, a amarlo. Tengo todos los goces de la vida libre, animal y humana. Escapo a lo ficticio; entro en la naturaleza con la certidumbre de un mañana semejante al día de hoy, igualmente libre, igualmente bello; la paz desciende sobre mí; me desarrollo normalmente y ya no tengo vanos pesares.». Trabaja intensamente; la isla y sus habitantes le ofrecen constantes temas para sus pinturas y, tal como ya lo había hecho en la Martinica y en Bretaña, su preocupación principal es integrar la figura humana al paisaje. Sus cuadros son de un fuerte colorido reforzando el exotismo temático. Si al principio su obra refleja la realidad exterior, el espectáculo que se ofrece ante su vista, poco a poco su contacto con la cultura aborigen irá penetrando su pintura, reflejando las primitivas creencias y supersticiones, el culto a los muertos y a las fuerzas de la naturaleza, que la conversión al cristianismo no había podido borrar de la mente de los tahitianos. Sus ídolos habían sido destruidos, pero sus imágenes aun estaban en su memoria.

Paul Gauguin
Vahine no te tiare (Mujer con flor)

1891
Óleo sobre tela

Paul Gauguin
Nosotros te saludamos, María

1891
Óleo sobre tela; 113.7 x 87.7 cm
Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Gauguin, conversando con los aborígenes; escuchando los relatos de Tehoura y otras jóvenes con las que convivió, comenzó a descubrir el mundo de miedos y terribles creencias suscitadas por la supuesta presencia de los espíritus de los antepasados y su intervención en la vida de los tahitianos. De ese mundo, oculto detrás del aparentemente apacible modo de vida de los naturales de la isla, se nutren cuadros como "El espíritu de los muertos vigila".

Paul Gauguin
El espíritu de los muertos vigila

1892
Óleo sobre tela; 72.4 x 92.4 cm
Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, Nueva York

Una vez más, las dificultades económicas volvieron a ponerlo en problemas. El dinero que había reunido en Francia comenzó a acabarse; los cuadros que enviaba a París desde la isla, no lograban venderse como había supuesto; comenzó a padecer periódicas enfermedades que le costaban largos meses de inactividad. A mediados de 1893, con sus recursos reducidos a un mínimo, decidió dar por terminada su aventura tropical y regresar a Francia. Cuando el 3 de agosto desembarca en Marsella, tenía sólo cuatro francos en el bolsillo. Ayudado por sus amigos organizó una muestra de su obra tahitiana en la galería Durand-Ruel; se vendieron algunos cuadros pero lo recaudado no alcanzó siquiera, para recuperar los gastos de la muestra. Es en ese momento de extrema dificultad, que un golpe de fortuna lo coloca en posesión de un importante legado de su tío Zizí (Isidoro), en cuya casa se habían refugiado los Gauguin al regresar de Perú, casi cuarenta años antes. Esta inesperada riqueza, llegada en medio de la más terrible miseria, trastornó su carácter; de medido y prudente se transformó en un dispendioso amante del lujo y los placeres. Alquiló un taller que decoró con ostentoso gusto; renovó su modesto atuendo por costosas prendas; tomó una amante; dio recepciones y emprendió viajes de paseo (entre otros, viajó a Copenhague donde se encontró por última vez con su familia).

Paul Gauguin
Aha oe feii? (Qué, ¿Es Ud. celoso?)

1892
Óleo sobre tela; 68 x 92 cm
Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, Moscú

Pero, como escribe Julio Payró en su obra abajo citada: «... su destino estaba marcado, tenía que ser el pintor del trópico, el reivindicador y el paladín de la barbarie ante un mundo súper civilizado.» A consecuencia de una pelea con un grupo de marineros que ofendieron a su amante, durante una excursión a Concarneau, termina hospitalizado y con un tobillo fracturado. Su amante vuelve a París, mientras Gauguin permanece hospitalizado, y saquea su taller, desapareciendo luego. Al ser dado de alta, Paul está nuevamente en la miseria, pero ha adoptado una decisión: volver a Tahití definitivamente. Organiza una nueva venta de sus obras en el Hotel Drouot, la misma casa de remates donde se realizara la venta previa a su primer viaje a la Polinesia, y, para el catálogo, pide un prefacio al dramaturgo Augusto Strindberg. Éste rehúsa el compromiso por "no entender ni amar" la pintura de Gauguin. Rechaza el pedido en una carta, donde le dice: «He visto árboles que no encontraría ningún botánico, animales que Cuvier no pudo sospechar jamás y hombres que Ud. sólo ha podido crear. [...] Y en su Paraíso vive una Eva que no es mi ideal —pues yo también tengo, en verdad, un ideal femenino, o dos...»

Gauguin publica en el catálogo esta carta, junto con su respuesta a Strindberg, donde queda formulado lo más profundo de su teoría estética, en lo que él llama "el choque entre su civilización y mi barbarie":

«Ante la Eva de mi elección, que yo pinté en formas y armonías de otro mundo, sus recuerdos preferidos han evocado quizá un pasado doloroso. La Eva de su concepción civilizada lo torna a Ud. —como nos torna a casi todos— misógino. La Eva antigua, aquella que lo asusta en mi taller, quizá le sonría un día menos amargamente. Ese mundo que acaso no podrían descubrir ni un Cuvier ni un botánico, vendría a ser un Paraíso que yo me habría limitado a esbozar. Y del boceto a la realización del sueño hay mucha distancia... ¡Qué importa! Entrever una felicidad, ¿no es pregustar el Nirvana? La Eva que he pintado, ella sola, puede, lógicamente, permanecer desnuda ante nuestros ojos. La de Ud., en ese estado natural, no podría andar sin impudor y, quizá por ser demasiado bella, sería la evocadora de un mal y un dolor...»

Y agrega, en una carta posterior dirigida al mismo Strindberg desde Tahití: «Si nuestra vida está enferma, nuestro arte también tiene que estarlo, y sólo podemos devolverle la salud empezando de nuevo, como niños o como salvajes... He huido de todo lo convencional, lo artificial, lo habitual... Vuestra civilización es vuestra enfermedad; mi barbarie es mi restablecimiento.» Queda claro en estas líneas, la razón última de su vida y de su obra: ante la imposibilidad de adaptarse a una sociedad que se rechaza por decadente y por la que es rechazado como artista, ante un arte que se considera caduco, la salida de Gauguin es un regreso a los orígenes, a lo primitivo, para recomenzar, casi desde cero, un nuevo arte que refleje una nueva civilización, oscuramente intuida. «En nuestra miseria actual, la única salvación es la vuelta razonada y franca al principio...»

Paul Gauguin
Día de mercado

1892
Óleo sobre tela; 73 x 91.5 cm
Kunstmuseum, Basel

En este segundo remate, todas las obras puestas en venta, cuarenta y nueve en total, encontraron comprador; la mayoría rondó los 500 francos, un cuadro alcanzó la cifra de 900 francos. Con lo obtenido, Gauguin vuelve a Tahití en marzo de 1895. Esta segunda estadía no será tan feliz como la primera. Se radicó en Punoauia, al oeste de la isla, donde permaneció hasta 1901, debiendo interrumpir repetidamente su alejamiento de la ciudad para internarse en el hospital de Papeete (padecía incurables úlceras en las piernas), o para, agotados sus recursos, trabajar en una oficina de catastro de la administración colonial francesa. A pesar de las penurias y sufrimientos pintó y talló obras bellísimas. En algún momento su firmeza de carácter flaqueó e intentó suicidarse (en diciembre de 1898). Antes de este episodio había pintado la que quizá sea su obra cumbre: "De dónde venimos, Qué somos, A dónde vamos". Un óleo de gran formato, lleno de color y simbolismos.

Paul Gauguin
De dónde venimos, Qué somos, A dónde vamos

1897
Óleo sobre tela; 139 x 374.7 cm
Museum of Fine Arts, Boston

En el año 1900 escribe a su amigo Charles Morice: «Estoy derrotado, dominado por la miseria y por una vejez prematura». Un contrato con Ambroise Vollard —el marchand de Cézanne— para adquirir, a partir de ese momento, toda su obra, le llevó un poco de alivio a su situación económica. En septiembre de 1901 se aleja de Tahití, rompiendo definitivamente con Europa, internándose en la parte menos contaminada por esa civilización, en un intento final por encontrar el Paraíso. «Será el último esfuerzo —escribe a Morice—, para ir a Fatu-iva, en las Islas Marquesas, que está prácticamente en la edad de piedra. Creo que allí los elementos enteramente salvajes y la soledad absoluta me darán, antes de morir, un postrer resplandor de entusiasmo.» Construye su propia choza, decorada con tallas de madera y bautizada "Casa de Placer". Se casa con Tahura a Tai, una treintañera con quien tendrá un hijo, Emile; pronto se ganó el afecto de los aborígenes de la isla y la hostilidad de la autoridad colonial francesa, al emprender, enfermo como estaba, una lucha sin cuartel en defensa de los maoríes contra las arbitrariedades de los magistrados locales.

Indignado por la forma en que se degradaba y envenenaba a los naturales de las islas, mediante el alcohol, denuncia un desembarco ilegal de bebidas realizado con la complicidad del administrador de Aduanas. En marzo de 1903 es sentenciado por un juez a tres meses de prisión y mil francos de multa "por acusar sin pruebas a un oficial de la Gendarmería". Gauguin le escribe a su amigo De Montfreid: «Debido a mis denuncias contra la Gendarmería caí en una trampa preparada por ellos: olvidé que todos están de acuerdo entre sí, que el Administrador es del partido del Gobernador y que el bandido del Juez actúa también a las órdenes del Gobernador.» En otra carta, esta vez a Morice, añade: «He sido condenado y eso significa para mí la ruina, aunque apele. Si pierdo la apelación, llevaré el caso a los tribunales de París.»[2]

Paul Gauguin
Jinetes en la playa

1902
Óleo sobre tela; 73 x 92 cm
Colección Privada

La muerte lo sorprende antes de poder llevar adelante su apelación. En la mañana del 8 de mayo de 1903, su vecino y médico, Paul Louis Vernier, lo visita en su cabaña. «Sufría horriblemente de las piernas, que estaban cubiertas de eczemas, y esa mañana se quejaba de vivos dolores en el cuerpo. Había tenido dos desmayos, me dijo. Luego, ya calmado, se puso a hablar de Salammbó, de Flaubert. Lo dejé así, reposando de espaldas.» Más tarde, Vernier vuelve a visitarlo; lo encuentra sin vida y a su lado, Tioka, un viejo maorí, amigo y vecino de Gauguin, lloraba, besaba su frente y repetía: "Ahora, ya no hay más Hombre". Venier recordaría en sus memorias «...haber escuchado a muchos aborígenes exclamaciones como ésta: 'Ka-Ke, como lo llamaban, ha muerto, estamos perdidos', haciendo alusión a la ayuda que les prestaba, librándolos muchas veces de las manos de los gendarmes, personajes duros e injustos con los indígenas.»

Paul Gauguin
Autorretrato con ídolo

1893
Óleo sobre tela; 43.8 x 32.7 cm
McNay Art Museum, San Antonio, Texas

Paul Gauguin
Talla en madera

El tomar conciencia de que los estilos son una convención históricamente desarrollada y no un modo natural de pintar, volvió a los más sensibles y talentosos artistas, recelosos de los convencionalismos y de las fórmulas aprendidas; el virtuosismo en el manejo de la técnica no los dejaba satisfechos, buscaron un arte alejado de fórmulas y convenciones, poderoso como las pasiones humanas. Delacroix buscó en Argel colores más intensos y formas de vida más espontáneas; los prerrafaelistas ingleses pretendieron recuperar la sencillez y espontaneidad del arte medieval. Los impresionistas admiraban las estampas japonesas pero sus obras resultaban artificiosas y superficiales para Gauguin; se quedaban en lo anecdótico de un efecto de luz, se limitaban a lo percibido por el ojo y no por el espíritu, prescindiendo de la línea, el recurso más intelectual del arte pictórico. Cuando un pintor de cualquier época, pretende que en su obra predomine lo espiritual por sobre lo sensual, valorizará la superficie, las figuras planas, despreocupándose por el volumen; hará prevalecer el dibujo y la línea, desdeñando el claroscuro y el modelado. De allí surge la técnica de Gauguin que no busca representar la apariencia de la naturaleza sino que pretende darle un contenido significativo, simbólico pero no alegórico, al paisaje y a la figura. De allí su crítica y su apartamiento de los impresionistas, luego de haber dado sus primeros pasos a su lado. Su dibujo de gran sobriedad y síntesis, su colorido expresivo de climas psicológicos, tuvo una gran influencia en las siguientes generaciones de artistas. Orientó al grupo que a fines del siglo XIX rodeaba a Sérusier y, junto a Van Gogh, fue el inspirador de los jóvenes que, a comienzos del siglo XX, lanzaron simultáneamente los movimientos Fauve y Expresionista, comenzando un proceso de redefinición total del arte occidental.

Paul Gauguin
El caballo Blanco

1898
Óleo sobre tela; 140 x 91 cm
Musèe d'Orsay, París


[1] -- Julio E. Payró, Cezanne, Gauguin, Van Gogh y Seurat, Los héroes del color y su tiempo; Ed. Nova, Buenos Aires, 1963; pág. 68

[2] -- Alberto Giudici, Últimas cartas del Paríso, en "El Arca del Nuevo Siglo", nº 51, págs. 25/29; publicación de la Caja de Ahorro y Seguro S.A.; Buenos Aires, Octubre de 2001.



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