Hacia el Impresionismo:
Édouard Manet



Volver a Siglo XIX

Édouard Manet
Desayuno en la hierba

1863
Óleo sobre tela; 2.05 x 2.645 cm

Édouard Manet es el último eslabón de la cadena de transición entre la tradición clásica y el primer movimiento de ruptura de esa tradición: el Impresionismo. Cadena que desde los paisajistas ingleses y franceses, pasa por el Realismo y por Corot para finalmente, encontrar en Manet al abanderado de un grupo de jóvenes pintores, los futuros impresionistas. Esto a pesar de que su pintura, especialmente la anterior a 1870, estaba bastante apartada de la búsqueda que éstos habían iniciado, y de que nunca participara de sus exposiciones. ¿Por qué tanta admiración por este pintor de formación académica y ocho a diez años mayor que los primeros impresionistas?

Édouard Manet
Bar en el Folies-Bergeres

1881
Óleo sobre tela; 96 x 130 cm

El origen de esta relación entre Manet y los impresionistas hay que buscarla en el Salón Oficial de París del año 1863. Ese año el jurado de la Academia había sido en extremo riguroso; de las 5.000 obras recibidas rechazó 3.000. Entre los rechazados había nombres ya consagrados como Courbet; a Manet le fue devuelto un cuadro que había pintado especialmente para el Salón: "Desayuno en la hierba". Tal cantidad de rechazos levantó una ola de protestas y comentarios adversos, al punto que el emperador francés, Napoleón III, decidió abrir un salón anexo al oficial, llamado de los rechazados, donde se expusieran todas las obras que no habían sido aceptadas en el salón oficial, para que el público juzgara por sí mismo. La medida tenía una segunda intención, porque la gente, cuya opinión estaba influida por la complaciente crítica oficial de las publicaciones de la época, concurría al Salón de los Rechazados, a reírse de las obras que veía.

Volver a SIGLO XIX, pág. 2

Édouard Manet
Claude Monet pintando en su barco estudio

1874
Óleo sobre tela

Pero el "Desayuno" fue todo un escándalo, por varios motivos. En primer lugar, la inclusión de una mujer desnuda y dos hombres vestidos en la misma escena; algo nunca visto hasta ese momento. No es esta la única "mezcla" de temas, el ángulo inferior izquierdo incluye una serie de elementos que constituyen por sí solos un "bodegón". Pero lo que más disgustaba a la crítica y al público era el modo antiacadémico de tratar la luz y el espacio. La tradición exigía un pasaje progresivo de la luz a la sombra y viceversa; en esta obra el paso de las áreas iluminadas a las tonalidades oscuras es abrupto, y se alternan desde los primeros planos hasta el fondo de la escena sin transiciones entre unas y otras. El espacio también es tratado fuera de las prescripciones de la tradición clásica; Manet presta poca atención a la perspectiva renacentista, que hasta ese momento era un presupuesto obligado de toda pintura, comprimiendo los planos de la escena; el fondo se precipita sobre los primeros planos hasta casi chocar con ellos. La figura agachada, en el centro de la obra, parece estar a pocos centímetros de la mano del personaje de la derecha.

Por todo esto, Manet se convierte en un revolucionario; a diferencia de Courbet que sólo innova en lo temático, Manet ataca los principios básicos de la tradición clásica tanto en el tema como en lo que a la técnica de representación se refiere. Con esta obra expuesta en el Salón de los Rechazados, en pocas semanas se hace célebre, más por las duras críticas recibidas que por los elogios, y por esto mismo, se convierte a los ojos de los jóvenes impresionistas, en el ejemplo del artista independiente, que sigue su camino artístico a despecho de toda crítica adversa. Aun manteniéndose dentro de una concepción compositiva clásica —obsérvese la composición piramidal del "Desayuno"—; a pesar de su confesado amor a los clásicos y su formación académica —trabajó durante seis años con Couture, pintor oficial de Napoleón III—, Manet comienza la tarea de liberar a la pintura de la pesada carga de sus tradiciónes. Tarea que continuarán los Impresionistas y culminará con los diversos movimientos que tendrán lugar en la primera mitad del siglo XX.

Édouard Manet
El balcón

1868 - 1869
Óleo sobre tela; 170 x 124 cm



   Volver a SIGLO XIX, página 1