Postimpresionismo



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Paul Cézanne
La montaña Santa Victoria

1885 - 1887
Óleo sobre tela; 65.4 x 81.6 cm

El Postimpresionismo no es un movimiento propiamente dicho, en el sentido en que lo era el Impresionismo y lo serían muchos otros después, es decir, un grupo de artistas que se reunen, discuten, intercambian ideas y logros para, finalmente, elaborar una estética compartida, una técnica pictórica y una teoría artística más o menos explícita que han de plasmar en sus obras. Tampoco puede decirse que es una escuela o estilo a la manera del barroco, el clasicismo o el cubismo, es decir una estética compartida y aplicada por muchos artistas en una misma época y en un amplio espacio geográfico.

Vincent Van Gogh
Noche estrellada

1889
Óleo sobre tela; 73.7 x 92.1 cm

Es más bien una categoría creada por los críticos e historiadores del arte para agrupar a algunos artístas que comparten una misma ubicación cronológica: llegar tras el impresionismo; haberse formado en él en los comienzos de su actividad artística; y ubicarse estéticamente como una oposición o superación del impresionismo, sin que ello signifique rechazar sus logros. Por lo demás, no pertenecen a una misma generación; no trabajan en un mismo sitio; no tienen muy estrecha relación personal entre ellos, y, fundamentalmente, sus búsquedas estéticas y plásticas son diferentes. Cada uno, según su personalidad y convicciones, encaró de modo diferente la rectificación de los errores que criticaban al Impresionismo. Pero, en conjunto, estos artistas, Cézanne, Van Gogh, Gauguin y Seurat, constituyen el puente o la transición entre el impresionismo y los movimientos del siglo XX: el cubismo, el fauvismo, el expresionismo, el futurismo, etc. Y lo son precisamente por otro aspecto que los une y justifica el agruparlos bajo un mismo rótulo: el común interés por recuperar para la pintura el rigor compositivo, la clara definición lineal de las figuras, es decir, aquellos elementos del gran arte de todos los tiempos que el Impresionismo sacrificó en haras de la captación de lo fugaz. Y otro elemento común, este sí, inaugural en la Historia del Arte: su afirmación de la autonomía de la imagen pintada de toda dependencia con la realidad; para estos cuatro genios el motivo es sólo un pretexto para una creación artística: el cuadro es una realidad, regida por sus propias leyes, que son las leyes de la plástica.

Paul Gauguin
Matamoe

1892
Óleo sobre tela; 115 x 86 cm

El término postimpresionismo fue utilizado por primera vez en el año 1910, en ocasión de una exposición de la Galería Grafton, donde se exhibieron obras de Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Seurat y Signac. En ese momento, estos creadores (excepto Signac, todos fallecidos) ya hacía tiempo que habían alcanzado la madurez en sus propuestas, cuyos postulados habían comenzado a elaborar en la década de 1880. La crítica posterior separa a Seurat y Signac de éste grupo de postimpresionistas, denominándolos como "neoimpresionistas", dado que ellos mismos no se colocan como reacción al impresionismo, sino como «...un modo de pintar que es la consecuencia necesaria del impresionismo.» En otro sentido, los neoimpresionistas, a diferencia de los otros tres postimpresionistas, sí pueden ser considerados como un movimiento, pues constituían un grupo que seguía y aplicaba en sus obras las ideas y la técnica creada por Seurat y se reunía habitualmente en el taller de Signac o en algunos bares de París, donde debatían los más diversos temas artísticos. Este no es un aspecto menor; conscientemente o no, Cézanne, Gauguin y Van Gogh debieron pagar un alto precio por su posición de vanguardia renovadora: la marginación de una sociedad que no los comprendía y que ellos no aceptaban. La evasión era entonces, la única salida posible a través de los pocos modos practicables: el refugio sereno y aislado de Cézanne en un pequeño pueblo de la Provenza; la búsqueda de lo primitivo y lo exótico, primero en Bretaña y finalmente en la Polinesia, de Gauguin o, más trágicamente, la locura y el suicidio de Van Gogh.

Sin negar la importancia de Seurat y el Neoimpresionismo y su influencia sobre los artistas de las primeras décadas del siglo XX, puede decirse sin dudar que estos tres pintores son los fundadores del arte moderno, los visionarios sin los cuales no se pueden comprender los movimientos más importantes que les sucedieron. No se entienden el cubismo y la abstracción sin Cézanne, el fauvismo sin Gauguin ni el expresionismo sin Van Gogh. Es en el marco del arte del siglo XX donde cobra sentido el postimpresionismo y se puede percibir la verdadera dimensión de estos tres genios, adelantados a su época y, por eso mismo, condenados a la soledad.




Neoimpresionismo

Georges Seurat y el "Puntillismo".

Georges Seurat
Tarde de Domingo en La Grande Jatte

1884 - 1886
Óleo sobre tela;

En el momento en que el grupo impresionista se desintegra, hacia 1886, en que tiene lugar su última exposición, surge una nueva opción de vanguardia pictórica encarnada por Georges Seurat y Paul Signac, quienes habían sido presentados por Pissarro a los iniciadores del primer movimiento de vanguardia, el Impresionismo: Monet, Renoir y Degas.

Georges Seurat (1859 - 1891), nació en París un 2 de diciembre; estudió en L'Ecole des Beaux Arts, recibiendo una formación clásica y adquiriendo gran maestría en el dibujo y la composición. Esto será de gran importancia en su obra posterior, caracterizada, entre otras cosas, por su cuidado equilibrio compositivo. A los 21 años, al volver de su servicio militar, alquila un taller en el que comienza a realizar obras despegadas de la orientación académica que recibía en L'Ecole, y va delineándose su personalidad artística: admirable en la composición, definidor preciso de la forma y excelente colorista. Entra en contacto con el impresionismo en las exposiciones que el grupo realizaba y, paralelamente, estudia la física de la luz en los tratados de Chevreul —que fuera algo así como la biblia del color para los impresionistas— y de Rood y Helmholz. Encontraba la confirmación de esas teorías científicas en los cuadros de Delacroix, del Veronés y de Murillo, quienes, conscientemente el primero, intuitivamente los demás, habían utilizado muchos recursos que la ciencia del color confirmaba y Seurat hace suyos.

Georges Seurat
Une Baignade (Baño en Asnières)

1883 - 1884 (retocado en 1887)
Óleo sobre tela; 200.7 x 301 cm

En 1883, con 23 años de edad, Seurat ya es un artista maduro para emprender grandes obras. Comienza los bocetos preparatorios del "Baño en Asnières", cuadro cuya ejecución le llevará alrededor de un año y donde se revela por primera vez como un innovador. Y en este proceso metódico y lento, en el que cada obra va precedida de gran cantidad de croquis, dibujos muy terminados, manchas y bocetos al óleo, aparece la primer diferencia con la técnica impresionista, ya que los pintores del aire libre se instalaban frente al motivo y realizaban el cuadro en unas pocas horas, sin cálculo ni preparación, dejándose llevar por las sensaciones del momento, su sensualidad y emotividad. Seurat en cambio, es un artista cerebral, un racionalista muy francés para el cual todo debía estar minuciosamente estudiado y claramente resuelto antes de comenzar la obra definitiva.

El cuadro estuvo terminado a tiempo para ser enviado al Salón Nacional de 1884, donde fue rechazado. Las víctimas del jurado oficial, cerca de cuatrocientas obras, fueron expuestas por sus autores en lo que se llamó el "Primer Salón de Artistas Independientes" —punto de partida de la Sociedad de Artistas Independientes, fundada en junio de ese año, y que a partir de 1887 realizará este Salón anualmente—. Aun dentro de este Salón independiente, la obra recibió duras críticas, pero le dió la oportunidad de conocer a Paul Signac, otro rechazado del Salón oficial con quien trabó rápidamente una amistad y colaboración artística que se revelaría sumamente fructífera. Signac le hizo varias críticas constructivas; le señaló algunas zonas de la obra en las que el colorido utilizado era de tonos neutros como los enseñados en la Escuela de Bellas Artes, le habló con estusiasmo de la paleta clara de los impresionistas y lo indujo a pintar con el color puro. Seurat escuchó los consejos de su amigo y se desembarazó de las últimas influencias académicas.

Georges Seurat
Teatrillo

1888
Óleo sobre tela; 101 x 150.2 cm



Georges Seurat
Teatrillo

1888
Detalle donde se aprecia la técnica divisionista

Pero no se limitó a perfeccionar la claridad de su paleta. Creó una técnica totalmente nueva: el "divisionismo científico"; también conocida como "puntillismo", que aplicó a la realización de una nueva obra que tenía en preparación y terminó en 1886, "Tarde de Domingo en La Grande Jatte". Paul Signac, el teórico del grupo que el mismo llamó "neoimpresionista", definió así este nuevo modo de pintar:

«El neoimpresionismo significa descomposición prismática de los colores y su mezcla a través del ojo del espectador, a lo cual va unido el respeto por las leyes eternas del arte: ritmo, simetría y contraste.»

Es decir, se trata de un sistema en el que se codifican y racionalizan las búsquedas que ya habían hecho los impresionistas, aunque en forma algo intuitiva y poco metódica, sobre los trabajos de los físicos Chevreul, Helmhostz y Rood. Pissarro, que conoce a Seurat en 1885 y adopta inmediatamente sus ideas y técnica, definió a este nuevo modo de pintar como: "impresionismo científico", distinguiéndolo del de sus predecesores, a los que llamó "impresionistas románticos".

El método consiste en utilizar sólo doce colores tomados del círculo cromático de Chevreul; aplicarlos en forma pura, sin mezclarlos entre sí; únicamente se los combina con blanco para establecer una escala de valores. ¿Cómo logar, sin mezclar, los infinitos matices de la naturaleza? Seurat, basándose en los experimentos acerca de la persistencia de las imágenes en la retina, inventa la "mezcla óptica": los colores intervinientes en una mezcla, que tradicionalmente el pintor combinaba en la paleta, se aplican alternados, en pequeños puntos juxtapuestos; vistos a cierta distancia, el ojo se encarga, en virtud de la persistencia retiniana, de realizar la mezcla del color que se le presenta así dividido en la tela. Así puntos verdes y amarillos, se verían como superficie verde-amarillenta; puntos rojos y azules, como violeta, etc. Lo más importante es que, como resultado de esta técnica, los colores se exaltan unos a otros, en lugar de neutralizarse como ocurre con la mezcla química realizada en la paleta, lográndose un vigor cromático y una luminosidad sin par. Tal es el caso de La Grande Jatte, una escena a pleno sol, donde hasta las sombras son luminosas y se crea una magnífica ilusión de espacio al aire libre, con toda la alegría y vibración de la primavera.

Georges Seurat
El canal de Gravelines, en dirección al mar

1890
Óleo sobre tela; 73 x 93.3 cm

Entre 1885 y 1890 Seurat aprovechaba los veranos para recorrer las playas normandas y pintar el mar, los puertos, los barcos pesqueros. De estos viajes quedaron una serie de hermosas marinas pintadas en Grandcamp, Honfleur, Port-en-Bessin, y en balnearios de la Picardía francesa: Le Crotoy y Gravelines. Entre medio de estos viajes, trabaja en sus obras maestras cuya meticulosa preparación con gran cantidad de dibujos y bocetos previos, y lo laborioso y lento de la técnica creada por él, hace que cada una le demande muchos meses de labor. "Tarde de Domingo en La Grande Jatte", terminada en 1886, le insumió un año de trabajo en la tela final, realizada sobre la base de 23 dibujos y 38 bocetos al óleo, comenzados a elaborar en el verano de 1884.

Georges Seurat
Port-en-Bessin

1886
Óleo sobre tela; 67 x 84.5 cm

Para el año 1886 el grupo neoimpresionista había reunido a varios pintores: Camille Pissarro y su hijo Lucien, Signac, Dubois-Pillet, Lucie Cousturier y otros. Fue idea de Pissarro que Seurat y otros del grupo expusieran en el Salón de los Impresionistas de ese año. Le costó gran esfuerzo lograrlo; los impresionistas consideraban a los "divisionistas" como disidentes y recelaban de ellos. Sólo aceptaron que enviaran sus obras si eran expuestas por separado, en una pequeña sala anexa. No fue ajeno a este hecho que Monet, Renoir y Sisley decidieran no participar de este Salón. Seurat envió La Grande Jatte, la que dado lo pequeño de la sala no pudo apreciarse a la distancia que requería la novedosa técnica. La obra produjo un escándalo similar al causado por el Desayuno en la hierba de Manet en 1863. Público y crítica todavía no habían terminado de aceptar al impresionismo cuando ya aparecía una nueva innovación; era demasiado. Sólo algunos escritores simbolistas como Gustave Kahn o el poeta belga Emile Verhaeren y algunos jóvenes talentosos como el crítico Félix Fénéon reconocieron el mérito excepcional de la composición.

Georges Seurat
Las modelos

1887 - 1888
Óleo sobre tela; 196.9 x 245.9 cm

Indiferente a las burlas de un público obtuso, Seurat prosigue su metódica tarea. En los años siguientes pintó obras importantes, como "El puente de Courbevoie" (1886 - 1887), "Las modelos" (1887 - 1888), "Le Chahut" (1889 - 1890), composición inspirada en el baile que ejecutaban las coristas en los "Music-halls" del París de entonces, y "El circo" (1890 - 1891), que quedará inconcluso. A comienzos de 1891, Seurat interrumpe su tarea para dedicarse a organizar dos exposiciones retrospectivas de amigos recientemente fallecidos: su discípulo Dubois-Pillet y Vincent Van Gogh, que se realizarían en el Salón de los Independientes. Abocado de lleno a esa tarea, no prestó atención a un estado febril y un dolor de garganta que padecía, suponiéndolos una afección pasajera. Cuando se sintió muy enfermo fue a solicitar los cuidados de su madre, falleciendo en su casa poco después, víctima de una angina infecciosa, a los 31 años de edad.

Georges Seurat
Le Chahut

1889 - 1890
Óleo sobre tela; 168 x 141 cm

Para tener una clara idea de la dimensión artística de Seurat, cabe citar al crítico argentino Julio Payró[1]: «Sería ocioso especular acerca de lo que se pierde cuando un pintor de gran talento desaparece en plena juventud. A veces, la obra maestra temprana no supone un continuo ascenso ulterior, sino que es sucedida por un estancamiento o un retroceso. La técnica divisionista era tan fatigosa y lenta que todos los discípulos de Seurat la abandonaron, tarde o temprano. Es de suponer que Seurat mismo habría renunciado a ella al cabo de unos años (...) Pero lo magnífico de su obra no es ni su factura ni su sistema, aunque éstos dieron espléndido fruto en "La Grande Jatte" y otras producciones suyas. Lo que hace la grandeza de Seurat es su admirable concepción plástica, digna de algún gran muralista. (...) Por lo tanto, hay motivos para creer que Seurat hubiera seguido ocupando un lugar muy destacado en el mundo de la pintura. (...) Seurat no influyó tan sólo en su pequeño grupo: orientó a los "Nabíes" en sus primeros años y luego inspiró a los futuristas y gozó de alto prestigio entre los cubistas, por haber resucitado las grandes leyes de la composición y del estilo después de la lírica anarquía impresionista.»


[1]-- Julio E. Payró, Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Seurat, Los Héroes del Color y su Tiempo; Editorial Nova, Buenos Aires, 2ª edición, 1963.



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