El "Realismo"

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John Constable
El caballo blanco

1819
Óleo sobre tela; 131.4 x 188.3 cm

El romanticismo, -del que se da un somera idea en la página de Neoclasicismo-, como pensamiento opuesto a la tradición clásica, implicó una liberación de los temas históricos o mitológicos que el academicismo neoclasicista propiciaba como única temática aceptable para un cuadro, y también un acercamiento a la naturaleza y a lo cotidiano, constituyendo el paso previo al movimiento que en Francia, fue llamado por sus creadores "Realismo".

Los paisajistas ingleses (Constable, Reynolds, Bonington), con sus cuadros de escenas típicas de la campiña británica influyeron sobre un grupo de pintores franceses a los que la crítica de arte agrupó bajo el rótulo de "Escuela de Barbizón", nombre de un pequeño pueblo cercano al bosque de Fontainebleau, donde se reunían, desde la década de 1840, a pasar el verano pintando paisajes, por iniciativa de Théodore Rousseau. Observadores cuidadosos de la naturaleza, sus obras presentan un marcado interés por los aspectos fugitivos, una nube, la tempestad, el agua. A través del realismo, esta lección será asimilada más tarde, por los Impresionistas.

Théodore Rousseau
Robles en el Barranco de Apremont

1850 - 1852
Óleo sobre tela; 63.5 x 99.5 cm

En 1855, en París, se realiza la primera gran Exposición Universal francesa. Entre los pabellones de maquinaria industrial, agrícola, de las locomotoras, etc., se levantan pabellones oficiales de pintura, donde predomina el romanticismo. Junto a ellos, se levanta uno cuyo letrero anuncia: "Realismo. Exposición y venta de 40 cuadros y 4 dibujos de Gustave Courbet". Ante el rechazo de la mayoría de sus obras por las salas oficiales, Courbet optó por realizar una exposición personal. Este suceso originó el nacimiento del realismo. Courbet expone su ideario pictórico en el catálogo de su exposición: «... Estudié al margen de todo sistema o partido tomado, el arte de los antiguos y de los modernos. No quise imitar a unos ni copiar a otros; (...) Quise solamente ser capaz de traducir las costumbres, las ideas, el aspecto de mi tiempo según mi apreciación, (...) en una palabra, hacer arte vivo, tal mi objetivo».

Gustave Courbet
Señoritas a orillas del Sena

1856 - 1857
Óleo sobre tela; 174 x 200 cm

Gustave Courbet (1819 - 1877) no es un revolucionario en pintura, su técnica no difiere de la de los maestros "clásicos". Es en la temática de personajes y escenas cotidianas donde se aleja de ellos. El interés por su tiempo, por lo real, será la lección que les dejará a los impresionistas. De ideas cercanas al socialismo utópico de su gran amigo Proudhon, a partir de 1848 integra el grupo de los reformadores sociales. En este aspecto es un rebelde, se opuso siempre a todo lo que viniera del gobierno o tuviera un aire académico, al extremo de rechazar todo cargo honorífico que se le ofreciera o los encargos oficiales de pintura. Según sus propias palabras: «el orden establecido, las academias de todo tipo, el gobierno autoritario, todo ello denota un estado de cosas falso y constituye una traba para el progreso.» Su militancia lo obligó a exiliarse hasta su muerte en 1873.

Las cuatro normas que regían en su taller de enseñanza son un claro reflejo de su personalidad y su credo artístico:

  1. No hagas lo que yo hago.
  2. No hagas lo que hacen los otros.
  3. Si hicieras lo que Rafael hizo, no serás nada. Suicídate.
  4. Haz lo que veas y sientas, lo que quieras.

Gustave Courbet
El saludo o Bonjour Monsieur Courbet

1854
Óleo sobre tela; 129 x 149 cm

Junto a Courbet, los escritores Chamfleury y Max Buchon, dan los fundamentos de la nueva corriente del Realismo, cuyo espíritu también se manifestará en historia, literatura, música. Este espíritu se inserta en la mentalidad de mediados de siglo XIX, que reaccionando contra el romanticismo y su añoranza del pasado medieval, se vuelca hacia un análisis objetivo de la realidad, rechazando toda idealización y aceptando sólo la verdad, sea agradable o no. Los avances científicos y tecnológicos han generado una fe ciega en la ciencia como la llave para superar todos los aspectos negativos de la realidad; de ella depende el futuro de la humanidad. Con este espíritu, los artistas que adhieren al realismo enfrentan la realidad cotidiana para describirla o pintarla, analizándola y observándola como un científico, hasta en sus menores detalles, con todo lo bello o degradado que en ella se encuentre. En la literatura, Balzac y Stendhal preparan el camino al naturalismo de Zola; en pintura, Courbet, Millet y Daumier, preparan el camino al naturalismo de los Impresionistas.

Jean-François Millet
L'angelus

1857 - 1859
Óleo sobre tela; 55.5 x 66 cm

Jean-François Millet (1814 - 1875) es un pintor muy discutido, para algunos es genial, para otros mediocre. Van Gogh y Dalí lo admiraban. A pesar de cierta tosquedad y el color sucio de sus cuadros, estos reflejan un gran amor por el hombre, por el trabajador, especialmente, por los campesinos. De origen humilde, vivió siempre humildemente; en 1836 estudia pintura en París mediante una beca, para finalmente radicarse a partir de 1849 en Barbizón. Millet amplía el programa paisajista de la Escuela de Barbizón a las figuras humanas. Observa y pinta pequeñas escenas cotidianas donde lo esencial es siempre el hombre, el trabajador cuya dignificación persigue a través de la pintura. Que esta temática pueda haberse considerado revolucionaria en su época deriva del hecho que el arte académico no consideraba al hombre común, al pueblo, como un tema serio para un cuadro. Acusado de socialista por su temática, negó siempre tal acusación; nunca tuvo actuación política y su amor por los trabajadores proviene de su profundo sentimiento cristiano, como católico convencido que era.

Honoré Daumier
El pintor en su caballete

1870 - 1875
Óleo sobre tabla; 33.5 x 27 cm

Honoré Daumier (1808 - 1879) fue un notable grabador y caricaturista francés. Su labor como caricaturista, de la cual vivía, reflejaba sus posiciones políticas liberales y antimonárquicas, lo que lo dejó sin trabajo más de una vez o lo obligó a disminuir la acidez de su crítica en otros momentos. La caricatura que le dió fama, fue también un freno para su labor como pintor, actividad a la que nunca pudo dedicarse cuanto hubiera querido. Por otra parte, rotulado como caricaturísta por su trabajo como ilustrador de periódicos, el Salón Oficial rechazaba sistemáticamente todos sus envíos. Con encuadres poco tradicionales, pincelada extendida y estructural y un gran poder expresivo, su obra pictórica, adelantada para la época, pasó desapercibida. Aunque su obra difiere mucho de la de Courbet o Millet, puede ubicárselo dentro del Realismo por la temática, dedicada a reflejar su propio tiempo, tanto en la caricatura como en la pintura.

Honoré Daumier
Vagón de tercera clase

1863 - 1865
Óleo sobre tela; 65.4 x 90.2 cm



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