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La Escultura en el Antiguo Egipto




Imperio Antiguo



Demedji y esposa
Perfil

Supervisor Demedji y su esposa Sacerdotisa Hennutsen

ca. 2465–2438 a.C. - Dinastía V, Piedra Caliza,
alt.: 83 cm; base: 50.8x51 cm

Fotos: Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Y

a se han explicado en las páginas principales de este período (Egipto pag.1; Egipto pag.2, Pintura y Bajorrelieves) las características y normas a las que se ajustó la representación y la finalidad religiosa y funeraria que tuvo el arte en el Antiguo Egipto. Por lo que, no queriendo ser reiterativo, solo marcaré las características principales de los ejemplos que he seleccionado y, para una explicación más amplia de las mismas, diríjase, amigo lector, a las páginas arriba linkeadas.


La pequeña escultura del Supervisor Demedji y su esposa, es de las que se acostumbraba colocar en un reducido recinto contiguo a la capilla o salón principal de las tumbas de funcionarios de segundo orden del Imperio. En ella quedan muy claramente expuestos el hieratismo en la expresión, la frontalidad de la representación, la estilización geometrica del cuerpo humano, la norma que indicaba que un personaje sentado debía tener sus manos sobre las rodillas o que un escriba debe tener sobre sus piernas una pieza de papiro. Es muy notoria la perspectiva jerárquica empleada, dando un tamaño mucho menor a la mujer, no solamente por ser la esposa sino también porque su jerarquía como sacerdotisa era inferior a la de un supervisor como su esposo.


Principe Rahotep

Principe Rahotep y su esposa Nofret

ca. 2650 a.C., piedra caliza pintada, alt.: 120 cm

Museo Egipcio de El Cairo

Foto: Internet (http://egiptologia.com/)

Las esculturas del Príncipe Rahotep y su esposa Nofret fueron halladas en una mastaba de la necrópolis de Meidum, próxima a la pirámide del faraón Seneferu o Snefru, primer faraón de la IV Dinastía. Quizás fuera hijo del faraón, suposición basada en la ubicación de su tumba, cercana a la del faraón, pues los familiares y funcionarios de éste, no podían abandonar a su señor ni aun después de muertos.


Notret

Nofret, detalle

Foto: Internet

Rahotep fue sacerdote de Ra, Director de Expediciones y Jefe de Construcciónes del faraón. Habiendo sido Snefru el primero en construir una pirámide, ¿habrá sido Rahotep el responsable de esta hazaña? No lo sabemos. Este notable par de esculturas se destacan por la manifiesta voluntad del artista de lograr un marcado realismo dentro de los límites de las leyes de representación establecidas, actitud nada frecuente en los artistas del Imperio Antiguo. Los rasgos individualizados de los rostros y, fundamentalmente, los ojos trabajados con incrustaciones de cuarzo blanco y cristal de roca, dan a estas esculturas cierta vibración vital que, según contaron quienes las descubrieron en el año 1871, produjo un gran susto al obrero que removía los escombros que las cubrían, al despejar las cabezas y encontrarse con esos ojos que parecían mirarlo.


Al estar pintadas estas esculturas, el color de la piel sigue la convención que ya vimos en la pintura: rojo cobrizo para el hombre, amarillo claro la mujer. Otros detalles como el maquillaje en los ojos de ambos, el bigote de Rahotep, la abundante peluca de Nofret, sujeta por una tiara decorada, bajo la cual asoma su flequillo natural, colaboran con esa sensación de naturalidad que emana de estas esculturas. Por lo demás, la posición hierática y la representación frontal concuerdan con los estándares artísticos egipcios. Tratándose de dos esculturas independientes (aunque su tratamiento similar les da una innegable unidad) no encontramos aquí una diferencia de tamaño que permita hablar de perspectiva jerárquica. En cambio llama la atención el gesto en ambos personajes, de la mano derecha sobre el corazón. Este gesto representaba en Egipto el lugar de residencia eterna del espíritu, el"ba", interpretándoselo en este caso de esculturas funerarias, como la actitud de enfrentar la eternidad con el corazón abierto, sinceridad y sin reservas.


Seneb

El enano Seneb, su esposa e hijos, ca. 2520 a.C.

Piedra caliza policromada; h: 21 cm, a: 22 cm, Museo de El Cairo

Foto: By Jon Bodsworth [Copyrighted free use], via Wikimedia Commons

Esta pequeña estatuilla de Seneb, su esposa Senetefes y los dos hijos de la pareja, a la derecha de estas líneas, se encontraba en su mastaba, en la necrópolis de Gizah. A pesar de su enanismo Seneb era un destacado funcionario de la corte del faraón pues se desempeñaba como encargado del Guardarropa Real, lo que indica la ausencia de discriminación hacia las personas con malformaciones físicas en la sociedad egipcia. Esta obra es particularmente notable por la pericia y talento del artista que la creó para superar el desafío que presentaba representar en la misma obra dos figuras tan dispares y lograr un equilibrio compositivo, respetando además los cánones que regian al arte del Imperio.


Seneb es representado con las piernas cruzadas, en la posición que la estatuaria egipcia reservaba para los "escribas" —dadas sus funciones, es seguro que Seneb dominaría el arte de la escritura—, sentado sobre un bloque de piedra blanco. Su esposa sentada a su lado lo abraza en cariñoso gesto con su brazo derecho mientras apoya su mano izquierda sobre el brazo de su esposo. Sus cabezas quedan así a la misma altura y son de tamaño similar, lo que establece ya un equilibrio de masas en la obra; las facciones presentan rasgos particularizados que eluden toda estilización y nos hacen suponer que deben guardar un apreciable parecido con los personajes representados. La leve sonrisa da un aspecto de feliz satisfacción a la pareja, lo que sumado al abrazo de su esposa da al conjunto un naturalismo convincente, muy alejado del hieratismo que, esta obra lo demuestra, estaría reservado a las representaciones reales o de la nobleza más cercana.


Detalle

Hijos de Seneb, detalle

Foto: Internet

El detalle que completa el grupo y termina de equilibrar la composición es la ubicación de las figuras de los hijos en el lugar que ocuparían las piernas de Seneb de haber tenido una estatura normal. Estas figuras, un niño y una niña, están personificados con un dedo en la boca, actitud que habitualmente utilizaba el arte egipcio en la representación de niños; también era común mostrarlos rapados o con el cabello recogido en una trenza a un lado de la cabeza. Por lo demás, la policromía sigue el standard de todo el arte egipcio de asignar tonos rojizos a la figura masculina y muy claros a la femenina y la frontalidad del conjunto es evidente a pesar de carecer de fondo. El artista deja a salvo su acatamiento a las reglas que regían su oficio y utiliza el márgen de libertad que éstas le permitían para, con su talento, dejarnos uno de las más famosas obras de la estatuaria del Antiguo Egipto.



Imperio Medio





D

espués de un período de inestabilidad pólitica y social, sequías y hambrunas, la Dinastía XI comienza a recuperar la estabilidad y el orden en el Imperio. Los cambios culturales que produjo este período intermedio entre el Imperio Antiguo y el Imperio Nuevo fueron reflejados en el arte con una mayor naturalidad en la representación de la figura humana y en la aparición de pequeñas obras mostrando aspectos de la actividad cotidiana. Se deja atras las posiciones estáticas y rigidas del período anterior y comienzan a indicarse el movimiento representandose acciones, como caminar o diversos trabajos.


Portadora

Portadora de ofrendas, ca. 1985 a.C.

Madera pintada, h: 121.1 cm

Metropolitan Museum, NY

Foto: Internet

A la izquierda vemos la escultura de una mujer personificando a una esclava que proveería al espíritu del difunto de ofrendas de comida eternamente. Sostiene un pato por sus alas en una mano y balancea sobre su cabeza una cesta de comida —sobre todo cortes de carne— sujetándola con la otra mano. Su vestido está decorado con un motivo de plumas, a menudo asociado a las diosas, lo que puede aludir a Isis y Neftis, quienes protegían el espíritu del difunto en la vida eterna. Debido a que el acto de ofrecer tiene gran significado e involucra un movimiento, las portadoras de ofrendas son a menudo representadas caminando, pose usualmente reservada a las figuras masculinas en el arte egipcio.


Otro elemento frecuente en los ajuares funerarios de este período son las maquetas y estauillas representado aspectos del quehacer cotidiano.


Labrador


Labrador arando, ca. 2000 a.C.

Madera pintada

Museo Británico, Londres

Foto: Internet


Este grupo funerario de un labrador arando nos presenta un naturalismo sencillo pero eficaz, que el arte egipcio lograba cuando encaraba motivos alejados de la estatuaria oficial. A su vez, nos informa de la herramienta usada y como se efectuaba esta tarea, algo habitual cuando los artistas egipcios se ocupaban de tareas cotidianas.


Granero

Maqueta de un granero con su area de registro, ca. 1981-1975 a.C.

Madera pintada y arcilla, Metropolitan Museum of Art, New York

Foto: Met Museum

Establo

Maqueta de un establo, ca. 1981-1975 a.C.

Madera pintada y arcilla, Metropolitan Museum of Art, New York

Foto: Metropolitan Museum of Art [CC0], via Wikimedia Commons


Meketre fue un canciller y gran mayordomo al servicio de los faraones Mentuhotep II y Mentuhotep III durante el Imperio Medio. Su principal responsabilidad era controlar y mantener la producción de los suministros de víveres de la corte. Su tumba había sido saqueada ya en el antigüedad, pero cuando un arqueólogo del Metropolitan Museum de Nueva York fue enviado, hacia 1920, a levantar un plano completo de la necrópolis de Tebas —la capital del Imperio Medio y Nuevo— y mandó despejar de escombros esta tumba, encontraron una compuerta en el piso que los saqueadores no habían visto. Esta daba acceso a una pequeña cámara en la que se hallaron intactos 24 modelos que representaban escenas en graneros, carpinterías, telares, cervecerías y otros talleres que proveían los suministros necesarios para la corte y estaban bajo la supervisión de Meketre. También había algunos que representaban al difunto sentado bajo una galería contabilizando los ganados que sus ayudantes hacían pasar frente a él, como así también la maqueta de una casa señorial con jardín y estanque. Este fue un notable descubrimiento tanto por su estado de conservación como por su importancia como fuente histórica para conocer en detalle la vida cotidiana de Egipto 4000 años atras. Actualmente están repartidos entre el Museo del Cairo y el Metropolitan de Nueva York. En el modelo de la izquierda, llama la atención que haya más escribas en el sector de control y registro que obreros en el granero propiamente dicho. Llevar una estricta contabilidad de las existencias de granos era de vital importancia en una sociedad agrícola, lo que podría explicar esta desproporción en el personal dedicado a esta tarea.


Barco

El barco de Meketre, ca. 1981–1975 a.C.

Madera pintada, Metropolitan Museum of Art, New York

Foto: Met Museum

Cubo

Estatua cubo de Sesostris-senebefni,
ca. 1981-1802 a.C.

Cuarcita, a: 41,5 cm, p: 46 cm, h: 68,3 cm
Museo de Brooklyn

Foto: Internet


La navegación por el Nilo era el principal medio de transporte y comunicación, tanto de personas como de mercaderías. Las naves egipcias surcaban el río desde la segunda catarata hasta el Mediterráneo y por este comerciaban con los pueblos que habitaban la costa del Cercano Oriente. Es así que los barcos eran un elemento de capital importancia en la cultura egipcia, ya fuera para el desplazamiento de personas, para transporte de mercaderías, para actividades recreativas y para diversas ceremonias religiosas, como el "último viaje", cuando los difuntos eran llevados en procesión a través del Nilo desde la orilla oriental, donde habían vivido, hasta el lugar de enterramiento en la margen occidental del río.


Las barcas procesionales de los faraones y altos dignatarios, especialmente del Imperio Antiguo y Medio, formaban parte del ajuar funerario y fueron ubicadas junto a su pirámide o mastaba, en zanjas realizadas para ese fin. Solo unas pocas han sido halladas y hoy se las puede ver en diversos museos. Pero en las tumbas de dignatarios de menor rango se han hallado numerosos modelos de estas barcas y es también en la tumba de Meketre donde se encontró el modelo mas bello y mejor conservado. En él vemos a Meketre sentado oliendo una flor de loto a la sombra de la pequeña cabina, cuya cubierta se muestran parcialmente enrolladas para dejar entrar la brisa en la cabina. Los escudos están pintados a cada lado del techo de la cabina. Un cantante, con la mano en los labios, y un arpista ciego entretienen a Meketre en su viaje. De pie frente a él hay un hombre, probablemente el capitán del barco, con los brazos cruzados sobre el pecho. Puede interpretarse como que está esperando órdenes, pero también podría estar rindiendo homenaje al fallecido Meketre. Cuando los doce remeros impulsan el bote, un vigía en la proa sostiene una línea ponderada para determinar la profundidad del río. En popa, el timonel controla el timón. Un alto poste blanco en el medio del barco sostenía un mástil y una vela (que no se encuentran en la tumba), que habría sido desmontado cuando el bote va río abajo, pues al navegar contra los vientos predominantes del norte, se propulsaba a remo. Yendo hacia el sur (río arriba), con el viento detrás, el barco habría sido navegado a vela. El bote es similar a uno que Meketre podría haber usado en su vida. Ciertos detalles, sin embargo, sugieren que en este viaje Meketre viaja hacia la otra vida. Por ejemplo, la flor que sostiene es el loto azul, una flor que los egipcios asociaron con el renacimiento.


Un nuevo tipo de esculturas, denominadas estatua cubo fue una creación del Imperio Medio. Representan a un individuo observando un ritual. Generalmente es un funcionario de sexo masculino con un manto que envuelve las rodillas flexionadas hacia el pecho para que el cuerpo se convierte en un cubo con los brazos cruzados en la parte superior de modo que solamente sobresalen la cabeza y los pies. En algunas se han añadido otras figuras, como en este caso la pequeña imagen de Nebetka, la esposa de Sesostris-senebefni. Se refuerza así, la frontalidad de la obra, el hieratismo y se lleva al extremo la estilización geométrica del cuerpo humano que comenzó en el Imperio Antiguo. Una tendencia que siempre estuvo presente en el arte egipcio de la antigüedad, a pesar de —o paralela a— los múltiples ejemplos que podemos hallar yendo en la dirección contraria, es decir, hacia un mayor naturalismo y humanización.






Imperio Nuevo





Coloso Ramses

Ramses II, ca.1250 a.C.

Hallado en cercanía al Templo de Ptah, Menfis

Museo de Mit Rahina, Menfis, Egipto

Foto: Internet


L

a monumentalidad es la característica más notable en la escultura de este período de la historia de Egipto. Los faraones emprendieron la construcción de enormes templos en los que la escultura se integraba a la arquitectura con igual propiedad en lo que a tamaño se refiere. En Menfis, la ciudad que fuera capital del Imperio Antiguo, fue hallado en 1820, ya tumbada y con las piernas rotas, esta colosal estatua de Ramses II, faraón de la XIX Dinastía. Mide 10 metros (completa mediría 13 m) y pesa más de 80 toneladas. Estuvo expuesta en un museo construido en las cercanías de la necrópolis de Menfis, pero recientemente ha sido trasladada a las nuevas salas del Gran Museo Egipcio, al pie de las Pirámides de Giza, El Cairo, aun no terminadas.


Columnata

Columnata del Templo Funerario de la Reina Hatshepsut

ca. 1475 a.C., Deir el-Bahari, Egipto

Foto: Internet

Los faraones del Imperio Nuevo comenzaron la costumbre de construir un templo funerario algo alejado de su tumba, que sirviera para la protección y recuerdo del difunto. La reina-faraón Hatshepsut hizo construir el suyo en el paraje Deir el-Bahari, en la necrópolis de Tebas. Un templo realmente impresionante por su concepción que se verá en detalle en la página de Arquitectura de este sitio. Pero lo que interesa destacar aquí, como ejemplo de la integración entre arquitectura y escultura, es la larga columnata que bordea por un lado la última terraza de este templo, y que tenía, como puede verse en la fotografía de la izquierda, una gran estatua osiriaca en cada uno de sus 26 pilares, aunque solo unas pocas quedan hoy en pie, .


Otro ejemplo de esa integración son los Colosos de Memnon, que aun se encuentran en pie cuando del templo del que formaban parte quedan escasos vestigios. Estas enormes estatuas representan al faraón Amenhotep III, sentado y con sus manos sobre las rodillas —según la regla tradicional— y se encuentran al sur de las necrópolis de Tebas, frente a la ciudad de Luxor, en la ribera occidental del Nilo. Con una altura total de 18 metros, fueron realizadas a partir de grandes bloque de cuarcita con el objeto de presidir el primer de los tres pilonos que existían en el complejo funerario. Existen otros cuatro colosos caídos que flanquean los dos pilonos restantes.


Colosos de Memnon

Los Colosos de Memnon

Erigidos durante el reinado de Amenhotep III, entre 1490 a.C y 1353 a.C.

Foto: Than217 at English Wikipedia [CC BY 3.0 ], from Wikimedia Commons


Ya en tamaños más normales, otros ejemplos de la escultura de este período, nos muestra que en la representación de la realeza o los dioses, las antiguas normas tienen plena vigencia. A la izquierda tenemos una estatua de la diosa Sekhmet, expuesta en el Museo de la Ciudad de Berlín; a la derecha escultura sedente de la reina-faraón Hatshepsut, del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.


Sekhmet

Diosa Sekhmet sedente, ca. 1370 a.C.

h: 190 cm, Granito Negro

Museo de la Ciudad, Berlín, Alemania

Foto: Internet

Hatshepsut

Reina Hatshepsut sedente, ca. 1479–1458 a.C.

h: 195 cm; a: 49 cm; p: 114 cm; Piedra caliza pintada

Metropolitan Museum of Art, New York

Foto: Met Museum

La diosa Sekhmet era una deidad muy temida en Egipto por ser muy poderosa y hechicera. Era diosa de la guerra y de la venganza pero también de la curación. Su representación habitual era con cuerpo de mujer y cabeza de león, que se prolongaba en una larga melena. Además en la parte superior aparece el disco solar, lo que hace referencia a que era hija del dios Ra. Observese en su mano izquierda lleva la típica de Egipto, un atributo propio de una divinidad dadora de vida.


Hatshepsut, fue la más exitosa de las varias gobernantes femeninas del antiguo Egipto. Se declaró rey en algún momento entre los años 2 y 7 del reinado de su hijastro y sobrino, Thutmosis III. Ella adoptó el título completo de un faraón, incluido el nombre del trono Maatkare, que es el nombre que se encuentra con mayor frecuencia en sus monumentos. El nombre de su trono y su nombre personal, Hatshepsut, están escritos dentro de cartelas ovales que los hacen fáciles de reconocer. En esta estatua de tamaño natural, Hatshepsut aparece con el atuendo ceremonial del faraón egipcio, tradicionalmente el rol de un hombre. A pesar del vestido masculino, la estatua tiene un aire distintivamente femenino, a diferencia de la mayoría de las representaciones de Hatshepsut como gobernante. Los títulos reales en los lados del trono están feminizados para leer "la diosa perfecta, la dama de las dos tierras" y la "hija corporal de Re", una práctica que se abandonó más tarde en su reinado. Rastros de pigmento azul son visibles en algunos de los jeroglíficos en el frente de la estatua y un pequeño fragmento en la parte posterior de la cabeza, evidencia de que los pliegues del vestido fueron originalmente pintados alternando pigmentos azules y amarillos.


Tutankamon

Máscara funeraria de Tutankamón, ca. 1.340 a.C.
Oro martillado, turquesa, lapislázuli,

cornelia, obsidiana, cuarzo, Museo del Cairo

Foto: Internet

Sarcófago

Sarcófago intermedio de Tutankamón, ca. 1340 a.C.

Madera laminada en oro, Museo del Cairo

Foto: Internet

Solo conocido por los estudiosos del antiguo Egipto, el faraón Tutankamón saltó a la popularidad por un hecho que poco tuvo que ver con su reinado. En 1922, el arqueólogo Howard Carter encontró, excavando en el Valle de los Reyes, la tumba de este rey en un estado impecable, como nunca se había encontrado antes una tumba real. Pero no fue solo por el hecho de haberse salvado de los saqueadores, además la variedad, amplitud y riqueza del ajuar funerario encontrado hizo de este hallazgo uno de los más importantes, sino el mayor, de la arqueología en Egipto, al punto de tener una gran cobertura en la prensa mundial. Tutankamón subió al trono, luego de una corta regencia, a la edad de 8 o 9 años y en su corto reinado —falleció a los 18 o 19 años— tuvo la tarea de desarmar la estrucura religiosa y de poder armada por el anterior faraón, Akenatón, el faraón "hereje", reforma que se ha dado en llamar la revolución amarnense, y retornar a Egipto al anterior estado de cosas.


La máscara funeraria aquí mostrada, ubicada sobre su rostro momificado, presenta una factura artesanal exquisita de alto valor artístico que se suma a la riqueza de los materiales empleados. La momia y su máscara descansaban en un ataud de oro macizo, este dentro de otro de madera y láminas de oro, a su vez dentro de un tercero de cuarcita, todos ricamente trabajados. Esta abundancia de recursos artísticos y materiales era común a la mayoría de los objetos pertenecientes al ajuar. Lo mismo puede decirse del sarcófago intermedio de madera laminada en oro mostrado en la fotografía de la derecha.



Ancestro

Busto anepigráfico de un Ancestro

Imperio Nuevo, Deir el-Medina

Foto: Internet (Amigos del Antiguo Egipto)


Kha

Estatuilla de Kha, Maestro de Obras

ca. 1386-1349 a.C., Deir el-Medina

Foto: Internet

Alejándonos de la estatuaria para la nobleza, en el Imperio Nuevo era habitual entre el pueblo deificar y rendir culto a personajes familiares que en su vida hubieran destacado por sobre los demás. Se los representaba ya en forma de una estela con alguna inscripción, ya como busto anepigráfico —es decir, sin inscripción alguna—, realizados en piebra caliza, barro o madera y generalmente policromados. La cabeza tenía un rostro convencional sin detalles individualizadores, mientras el cuerpo era apenas un esbozo adornado con un collar o una flor de loto. Generalmente eran personajes masculinos, pero se han hallado algunas representaciones femeninas. Sus tamaños oscilaban entre los 10 y los 25 cm, en tanto las estelas podían llegar a los 50 cm. Se los colocaba en las viviendas en un nicho en la pared y se les oraba con la intención que, siendo parientes muertos y divinizados, otorgaran los favores pedidos. Como en el caso de los ostracón, nuevamente fueron las ruinas de Deir el-Medina donde se hallaron la mayor parte de estas imágenes, aunque también hay algunas procedentes de otras regiones de Egipto.


La estatuilla de Kha procede del ajuar funerario de este arquitecto real y su esposa Merit, tumba que fue encontrada intacta en el año 1906 por el arqueólogo italiano Ernesto Schiaparelli en la necrópolis de Deir el-Medina, la villa de los artesanos y obreros que trabajaban en las tumbas del Valle de los Reyes. De hecho esta ha sido la única tumba "no real" encontrada que se haya salvado de los saqueadores de tumbas durante más de 2000 años. Kha supervisó los trabajos en el Valle de los Reyes durante los reinados de Amenhotep II, Tutmosis IV y Amenhotep III, por lo que fue el responsable de al menos tres de las más bellas tumbas del Valle. Para el último faraón mencionado, debió trabajar a las órdenes de Amenhotep, hijo de Hapu.






Links relacionados




Tumba de Kha

Tumba de Meketre

Símbolos y signos en el antiguo Egipto

Los Escribas

Sobre Tutankamón