Los artistas en Florencia

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Los artistas en la Florencia del siglo XV


Arquitectura
Andrea Pisano: "Arquitectura"
Relieves del Campanario del Duomo, Florencia

Fotografía: Internet
Pintura
Andrea Pisano: "Pintura"
Relieves del Campanario del Duomo, Florencia

Fotografía: Internet
Escultura
Andrea Pisano: "Escultura"
Relieves del Campanario del Duomo, Florencia

Fotografía: Internet
E

n un período de tiempo menor a veinte años —coincidente con la duración de la construcción de la cúpula de la catedral—, unos pocos artistas, residentes de una misma ciudad, llevaron a cabo una de las mayores revoluciones de la historia en el campo de las artes plásticas, poniendo en marcha un movimiento artístico de enormes consecuencias. Según L. Benevolo: «Este movimiento artístico no coincide con ningún acontecimiento decisivo en otros campos de la historia, y se inserta en un período que puede considerarse de transición entre las grandes convulsiones que señalan el final del medioevo y el principio de la edad moderna.»[1] En las primeras décadas del siglo XV, la economía europea da leves signos de mejoría, aunque aun en vastas zonas las actividades civiles sufren graves dificultades por la Guerra de los Cien Años. De todos modos, el comercio ofrecía nuevas oportunidades y entre los primeros en aprovecharlas, están un grupo de mercaderes italianos, que comienzan a tener un importante papel en el ámbito internacional. Las familias florentinas de los Médici, Strozzi, Albizi y Pazzi, fueron pioneras en este desarrollo. En este período las actividades técnicas y culturales continúan reguladas por los modelos de organización corporativa del trabajo, desarrollados en los siglos XII y XIII. Pero esta nueva clase capitalista obedece a una lógica económica distinta de la tradicional del medioevo y su actividad contribuye a poner en crisis las corporaciones y gremios medievales.

Florencia
Florencia vista desde San Miniato al Monte
Fotografía del autor

Por otra parte, la clase de los mercaderes y comerciantes estaba ligada al arte y sus artistas, sea por la similitud de su formación cultural —que pone el acento sobre la capacidad individual, frente a las reglas tradicionales del comportamiento colectivo—, sea porque las familias potentadas comienzan a sustituir a los organismos públicos, como financiadoras de edificios y obras de arte.

Dentro de la organización de corporaciones o gremios de la ciudad de Florencia los artistas no tenían autonomía —en realidad aun no se los consideraba artistas sino artesanos—. Sus oficios estaban disgregados entre las llamadas artes mecánicas. Según su importancia económica, las «Artes» —en este contexto histórico, el significado de la palabra Arte debe entenderse como equivalente a profesión, oficio o industria— se dividían en Artes mayores, Artes medianas y Artes menores; en segunda instancia los oficios eran agrupados por los materiales que utilizaban. Así, no se establecía diferencia entre el arquitecto y los distintos gremios de la construcción; los escultores que trabajaban en piedra o madera pertenecían a la corporación de maestros canteros y carpinteros, una de las artes medianas hasta que fuera agregada a las mayores a fines del siglo XIII; los que usaban el metal estaban asociados a los orfebres que, a su vez, estaban incorporados al “Arte de la Seda” (otra de las Artes mayores) que agrupaba diversas producciones de lujo.

Los pintores, que en 1339 habían fundado su propia cofradía religiosa, la Compañía de San Lucas[2], estaban incluidos en el grupo de los médicos y boticarios, por depender de ellos para proveerse de las materias primas requeridas para la preparación de sus colores. De este modo, pintores y escultores, al pertenecer a las «Artes mayores», integraban el grupo dominante en la organización política corporativa del Estado florentino. Pero durante los años que englobamos en el rótulo Renacimiento, y aun desde antes, los grandes artistas van adquiriendo un prestigio individual que los situaba por encima de las asociaciones gremiales. Algunos empiezan a firmar sus obras o autorretratarse en ellas, y, en general, se los comienza a considerar en un rango social superior, dentro de un campo que más tarde se llamará de las «Bellas Artes», donde estará incluida también la arquitectura. Sin embargo, el paso de simple artesano a artista prestigioso será largo y tomará más o menos tiempo según la región de Europa que se considere. En España todavía en el siglo XVII, constituyó para Velázquez una dura lucha lograr que se le reconociera una condición social superior a la del artesano, a pesar de ser el pintor favorito del Rey.

Pero fue, sin lugar a dudas, Italia la región donde primero se dió ese reconocimiento. Artistas como, Brunelleschi, Rafael o Miguel Angel, entre otros, gozaron en su época de una independencia de los gremios, de una autonomía artística para resolver sus encargos, y de un prestigio social y fortuna económica como ningún artista había tenido hasta entonces.

Vasari
Giorgio Vasari, "San Lucas pintando a la Virgen", 1565, Óleo
(Vasari autorretratado como San Lucas; el toro es el símbolo del Evangelista)

Fotografía: Internet (Wikipedia) / Dominio Público
Van der Weyden
Rogier van der Weyden, "San Lucas dibujando a la Virgen",
ca. 1435 - 1440, Óleo

Fotografía: Internet (Wikipedia) / Dominio Público

Notas


[1] Leonardo Benevolo, "Historia de la Arquitectura del Renacimiento", Volumen I, Capítulo I, págs. 23; Ed. Gustavo Gili, Barcelona; 1981.

[2] El Evangelista San Lucas devino santo patrono de los pintores a partir de que le fuera atribuído ese oficio en algunos textos del s.VI y posteriores (a pesar de que en una epístola paulina es citado como médico). Desde el s.XV el motivo iconográfico del santo pintando a la Virgen y el Niño se convirtió en una imagen muy frecuente. Cada gremio o guilda de los pintores (pues las hubo en todas las ciudades importantes de Europa y todas bajo la advocación de San Lucas) encargaba la realización de una capilla en la principal iglesia de su ciudad, y designaba a su pintor más destacado para que realizara un cuadro con este motivo, para el altar de la capilla. En muchos casos, el pintor (¿según cuán alta fuera su autoestima?) se autorretrataba como el propio San Lucas, como un orante en la escena o como un ayudante del pintor.