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El Arte Paleocristiano


Tres hombres en el horno de fuego ardiente, siglo III
Pintura mural, catacumba de Priscila, Roma

Fotografía: Internet - Dominio Público
S

e denomina Paleocristiano al estilo de las obras de arquitectura, pintura y escultura, producidas entre los siglos II y VI de nuestra era, que se continúan a través de una difusa frontera, con el Prerománico. Obras que estaban en relación con, y motivadas por, el culto de la nueva religión cristiana, en el marco de los últimos siglos de vida del Imperio Romano de Occidente. Este período se caracteriza por tener un primer tiempo de clandestinidad y persecuciones hasta el siglo IV —año 313, para ser más precisos—; luego pasó a ser un culto “tolerado” dentro del Imperio, debido al edicto de Milán dictado por el emperador Constantino en el año citado. Hasta que llegó a ser la religión oficial del Imperio romano, en el año 391, por disposición del emperador Teodosio. La labor de predicación de los apóstoles produjo una rápida expansión del nuevo credo desde los comienzos del siglo I, especialmente con los viajes de Pablo que lo introduce en Grecia y de allí llega a Roma. En el año 64 Pablo, y también Pedro, fueron víctimas de la primera persecución lanzada por Nerón, culpándo a los cristianos del Gran Incendio de Roma de ese mismo año.

Emperador Diocleciano
Fotografía: Internet (ecwiki)

Durante sus primeros siglos, el cristianismo fue una secta más en un mundo de sectas, y la sociedad romana no era la excepción, pero varios factores favorecieron su crecimiento. Según Peter Brown[1]: «La rica vida religiosa del mar Mediterráneo, que había mostrado una infinita capacidad para engendrar lo exótico y lo excéntrico, se apartó rápidamente del molde tradicional», refiriéndose así a la propensión general de la sociedad romana al sincretismo religioso y filosófico que favorecía la adopción de distintas creencias y/o dioses procedentes de las sociedades que caían bajo su dominio (Mitra, Isis, Hermes “Trismégistos”, el tres veces grande, o doctrinas filosóficas como el epicureísmo y, especialmente, el estoicismo) y que el cristianismo vino a cambiar. Por otra parte, había en las clases bajas un ambiente favorable para la propagación de una religión redentora, humana y social, que traía un mensaje de igualdad de todos los hombres ante Dios y condenaba la esclavitud. El cristianismo se impone sobre todo entre artesanos, comerciantes, soldados y esclavos.[2] El culto al emperador que es obstinadamente resistido por los cristianos, originó un conflicto con el poder imperial. Las persecuciones llevadas a cabo por los emperadores Decio, Valeriano y Diocleciano, intentan imponer el culto estatal por la fuerza. El efecto es el opuesto, el cristianismo con sus mártires, aumenta su penetración en el tejido social. El período que media entre el 170 y el Edicto de Milán de Constantino «contempló una notable actividad religiosa plena de angustias».[3]

Emperador Constantino I
Fotografía: Museo del Prado

Luego del fracaso de la sangrienta Gran persecución de Diocleciano, que no logró terminar con el cristianismo ni mucho menos, (además de otras malogradas reformas burocráticas y políticas que condujeron a crisis económicas y luchas intestinas por su sucesión), Constantino I, ya investido del poder imperial, advierte que no es posible seguir con la represión de un sector de la población cada vez más numeroso y «restablece la antigua unidad del Estado y la religión sobre una nueva base.»[4] El edicto de Milán otorga la libertad religiosa, eliminando el culto al emperador. Esto beneficia al cristianismo que a partir de ese momento comienza su institucionalización bajo la abierta protección de la casa gobernante.

Al trasladar en 333 Constantino I su residencia al lado oriental del Imperio, más poblado, económicamente más fuerte y de donde había surgido la nueva religión cristiana, instaura a Constantinopla, la antigua Bizancio, como centro político y religioso opuesto a la Roma pagana. A la muerte de Teodosio en 395, el Imperio se divide definitivamente en dos partes. Queda la parte oriental con mayor importancia religiosa, económica y política, que pervivirá diez siglos más, mientras la parte occidental retrocede cultural y políticamente hasta finalmente caer, en el siglo V, bajo el poder de los estados germánicos surgidos de las invasiones “bárbaras” que desde varios siglos antes venían presionando sobre las fronteras norte del Imperio y en el siglo V produjeron los saqueos de Roma en 410 por los Visigodos, en 456 por los Vándalos y, finalmente, en 476 por Odoacro poniendo fin al Imperio occidental.

El Imperio Bizantino bajo Justiniano, siglo VI
Ilustración: Werner Müller y Gunther Vogel, op.cit., pág.254

La división política de lo que fuera el vasto Imperio Romano también tuvo consecuencias en el cristianismo debido a las diferencias culturales y lingüísticas entre las áreas oriental y occidental. A los largo de cinco siglos se fueron sucediendo distintos conflictos y divergencias, tanto teológicas como políticas, entre las iglesias orientales (de lengua griega) con sus cuatro cabezas espirituales o patriarcados en Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalen, y la iglesia occidental (latina) con su cabecera en el papado con sede en Roma. Esto llevó a que finalmente, en el año 1054 quedaran oficialmente separadas en lo que historiográficamente se llama el Gran Sisma, resultando por un lado la Iglesia Ortodoxa oriental y por el otro, la Iglesia Católica en occidente. Como no podía ser de otro modo, estos sucesos también produjeron sustanciales diferencias en el campo de las Artes Plásticas, que se manifestarán plenamente en la Alta Edad Media.


Baptisterio
Cristo
Baptisterio

Arquitectura Paleocristiana


Durante los siglos de persecuciones las pequeñas comunidades cristianas realizaban sus ceremonias religiosas en la casa particular de alguno de sus miembros. Quien tuviera una domus espaciosa como para reunir a todos los miembros de la congregación, la cedía para las reuniones, celebrar la misa y otras ceremonias del culto, pasando a ser una domus ecclesiae. En algunos casos, la congregación llegaba a adquirir —o recibía como donación— una vivienda para dedicarla al uso religioso, convirtiéndose en titulus, propiedad de la Iglesia. Frecuentemente, también servía como vivienda del obispo. El ejemplo más antiguo encontrado de estas iglesias domésticas es la de Dura Europos, datada hacia el año 233. Solamente después del año 313, cuando el culto fue legal en el Imperio, comienzan a construirse iglesias propiamente dichas, y fue el emperador Constantino quién donó el terreno y los fondos para construir la que se considera la primera iglesia cristiana de occidente: San Juan de Letran (en italiano: San Giovanni in Laterano), en Roma, comenzada a construir en el mismo año 313 y concluída hacia el 319[5].

Dos razones fundamentales llevaron a los cristianos a buscar modelos para sus templos en la arquitectura civil de la antigüedad romana. La primera fue que, estando en oposición al mundo pagano, las formas clásicas de los templos greco-romanos no permitían una clara y necesaria diferenciación de los edificios dedicados a la liturgia de la nueva religión. La segunda razón era de orden práctico. A diferencia del politeismo romano en que las ceremonias colectivas se realizaban en el exterior del templo, el cristianismo es un culto “interior”, de “asamblea”, por lo cual requería locales mucho más espaciosos que las reducidas cellas de los templos greco-romanos. Para las necesidades del cristianismo, en cambio, fue la basílica romana, la tipología que, convenientemente adaptada, reunía los requisitos necesarios.

Corte Tipológico de una basílica
Ilustración: Internet (modificada por el autor)
San Juan de Letran, corte esquemático de la construcción original, s.IV
Ilustración: Internet

A partir de este momento es cuando la historia del arte cristiano se divide y toma caminos divergentes según su ubicación geográfica. Los distintos materiales y las tradiciones constructivas locales, diferencias teológicas y liturgicas que se van produciendo durante los siguientes siglos, y también el divergente derrotero político, como ya se señaló, llevan a que dicho arte adquiera características diferentes en occidente y en el oriente, donde toma forma lo que se conoce como Arte Bizantino, que trataremos en página aparte dentro del capítulo dedicado a la Edad Media.

La principal adaptación realizada en la planta típica de la basílica romana, fue trasladar el acceso principal del lado largo de la planta al lado más corto, de modo tal que la entrada a la iglesia fuera simbólicamente el paso del mundo profano al ámbito sagrado y el tránsito hacia el altar, ubicado en el lado opuesto, representara el camino espiritual del fiel hacia Dios. Para la ubicación del altar se adoptó el ábside que muchas basílicas tenían como estrado para la ubicación de los jueces durante los juicios. Así, de ser el lugar de mayor jerarquía civil, el ábside pasó a constituir el sitio más jerarquizado del espacio religioso donde se hallaba el altar y oficiaba el sacerdote. Este proceso de transformación de un edificio civil en una nueva tipología de templo, propia de la nueva religión, explica la denominación de planta basilical a la tipología de iglesia cristiana que deriva de los primeros edificios dedicados a su liturgia, con los agregados y modificaciones habidos en su evolución a lo largo de la Edad Media. (Asimismo, dentro de la estructura institucional de la Iglesia, se denomina Basílica a una iglesia de gran tamaño e importancia a la que se le han otorgado privilegios en materia de culto y ritos especiales.)

Sta. Sabina, 422-432, Roma, Vista exterior
Fotografía: Dnalor CC BY-SA 3.0 (vía Wikimedia Commons)

La apariencia externa de estos primeros templos era sumamente sobria, en consciente oposición a la rica plástica arquitectónica exterior de los órdenes clásicos en los templos paganos. Las primeras iglesias cristianas presentaban un aspecto exterior de grandes muros de ladrillo a la vista, con sólo algunas aberturas, que contienían un interior de amplia espacialidad, simplicidad constructiva y gran superficie.

El interior adquiría un carácter de mayor realce con el brillo de los mármoles de las columnas y solados pulidos y los mosaicos y frescos que decoraban los muros con imágenes de la historia sagrada cristiana. La nave central estaba separada de las laterales por arcadas sobre columnas de mármol, a veces recuperadas de templos paganos u otros edificios, y la estructura de madera de las cubiertas a dos aguas que, en muchos casos, estaba oculta con cielorrasos casetonados ricamente decorados. En el siglo V, el interior de las iglesias tenían el mismo estilo suntuoso de las domus de clase alta o los edificios públicos romanos.

San Juan de Letrán, 313 - 319, Planta
Ilustración: Internet, modificada por el autor.

La tendencia de la creciente ornamentación de las nuevas construcciones va dirigida hacia una espiritualización creciente del espacio, un mayor simbolismo de cada elemento y una desmaterialización de los límites espaciales mediante el brillo y color de la decoración mural, en la que predominan los mosaicos vidriados y dorados. En San Juan de Letrán se insinúa ya un elemento que terminará formando parte constitutiva de las iglesias de planta basilical: el transcepto, una nave transversal a las naves principales, ubicada entre éstas y el presbiterio o coro, comparable a las alas laterales (alae) de las casas con atrio. Esta nave sobresale hacia los costados de las tres o cienco naves del cuerpo principal de la iglesia y llegará a tener, en iglesias posteriores, la misma altura de la nave principal, no así en la Basílica de Letrán donde, en planta, no sobresale marcadamente del cuerpo de la iglesia y tampoco iguala la altura de la nave principal. En estas primeras iglesias, el ábside tenía en su perímetro interior un banco corrido para los presbíteros, cumpliendo la función de presbiterio; el transcepto estaba destinado a funciones litúrgicas especiales, consejo de presbíteros, recepción de delegaciones y procesiones, en tanto las naves eran el lugar de reunión de la comunidad asistente.

A la planta típica de la basílica romana se le añade, para completar este nuevo modelo de iglesia cristiana, un vestíbulo o hall de entrada, denominado nartex como espacio de transición entre el espacio profano y el ámbito sagrado. Y delante del nartex se incorpora un patio de peristilo, el atrio o patio porticado generalmente con una fuente en el centro, como area de reunión y preparación entre la calle y la iglesia. Ambas estructuras abarcan el ancho total del cuerpo central de la iglesia con sus tres o cinco naves. La sucesión de atrio, nartex, cuerpo de la iglesia, transcepto y ábside, perpetúa la simetría axial romana como principio de ordenamiento espacial.

Reconstrucción de la primitiva Basílica de San Pedro en el Vaticano, 324, Planta
Ilustración: Internet
Reconstrucción de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, 324, Vista general, detalles hipotéticos
Ilustración: Internet
San Pablo Extramuros, 1854, planta
Ilustración: Internet

La siguiente iglesia construida en Roma por decisión de Constantino, fue una gran Basílica de San Pedro en la colina Vaticana, lugar donde había un enterramiento cristiano (de superfie, no catacumba) y en el que había sido enterrado el apostol Pedro luego de su martirio. Ésta repite el planteo de la Basílica de Letran tanto en su diseño de planta como en su gran tamaño. Lo mismo ocurre en la otra gran basílica comenzada a construir en 386, (luego de demoler una iglesia anterior más pequeña, también levantada por Constantino), denominada San Pablo Extramuros, por erigirse sobre un edículo que marcaba la tumba del apostol Pablo, en una necrópolis ubicada a dos kilómetros de la muralla Aureliana que circundaba Roma, de allí su nombre: San Paolo fuori le mura, es decir, fuera de los muros o extramuros. Fue consagrada por el papa Siricio en 395, y su planta permaneció en líneas generales sin muchos cambios, aunque su interior recibió varias importantes modificaciones, especialmente a fines del s.VI, durante el pontificado de Gregorio Magno, cuando se elevó el nivel del solado en el área del altar para poder acceder desde el transcepto a la tumba del apostol, ubicada exactamente debajo, mediante una escalinata. Fue saqueada por lombardos en el s.VIII y por los invasores sarracenos en el s.IX. Además de las restauraciones a que obligaron estos saqueos, durante la Edad Media siguió recibiendo algunos cambios ornamentales como los mosaicos del ábside en el siglo XIII, pero en general no perdió su caracter paleocristiano. Hasta que en 1823 fue destruida por un pavoroso incendio. Sólo se salvo el ábside y poco más. Fue reconstruida a nuevo, conservando algo de lo que había quedado en pie, pero en el edificio resultante es dificil reconocer el diseño de la basílica original. La nueva basílica fue consagrada en 1854 durante el pontificado de Pío IX.

Incendio
San Pablo Extramuros, 386 - 395, estado luego del incendio de 1823
Fotografía: Internet, Dominio Público
Piranesi
San Pablo Extramuros, 286 - 395
fachada según grabado de Piranesi (ca. 1760)

Ilustración: Giovanni Battista Piranesi, Dominio Público (vía Wikimedia Commons)
San Pablo Extramuros
San Pablo Extrmuros, 1854, fachada actual
Fotografía: Berthold Werner, Dominio Público (vía Wikimedia Commons)
Interior
San Pablo Extramuros, 1854, vista interior (vía Wikimedia Commons)
Fotografía: Internet
Arco de Triunfo
Santa Sabina, Arco de Triunfo y ábside
Fotografía: Livioandronico2013 CC BY-SA 4.0 (vía Wikimedia Commons)
Recorte del autor de la página

El “Arco de Triunfo”

En estas primeras iglesias cristianas en las que el ábside horadaba la pared del fondo del cuerpo de la nave y el transepto, se conformaba en ésta un plano con un amplio arco en el centro, que remitía formalmente a los arcos de triunfo romanos como el de Tito. Como a través del arco resaltaba la semicúpula del ábside con su decoración, pronto surgió la idea de decorar esta superficie, contorneando y completando las imágenes de la semicúpula, y otorgando a este plano el simbolísmo del “triunfo” del cristianismo sobre los cultos paganos, por lo que este muro también recibe el nombre de “arco de triunfo”. En algunas iglesias de este período, el límite entre la nave central y el transepto entá conformado por un muro con un gran arco central, igual al que forma el ábside en la pared posterior del transepto, creándose un doble arco de triunfo. Con la ornamentación de ambos arcos y el ábside se constituye un completo programa iconográfico ilustrativo de la doctrina cristiana. Este es el caso de la Basílica de Santa María in Trastevere, en Roma, abajo mostrada.

Santa María in Trastevere, Vista desde la Nave
Fotografía: Internet (vía Wikimedia Commons)
Santa María in Trastevere, Vista desde el Transepto
Fotografía: Internet (vía Wikimedia Commons)

De las primeras iglesias construidas en Occidente, muy pocas han permanecido aproximadamente iguales a su aspecto original, solo sufriendo respetuosas restauraciones a lo largo de su historia. De entre ellas, la más antigua es Santa Sabina all'Aventino, construida en Roma entre los años 422 y 432, luego del saqueo de Alarico I, por un sacerdote dálmata, Pedro de Iliria, y entregada a la orden de los dominicos en el s.XIII. Tiene rango de Basílica y está ubicada junto al río Tiber en la zona del Aventino. Se levantó en el lugar donde estaba la residencia de una matrona romana llamada Sabina, que fuera posteriormente canonizada como santa cristiana. La basílica de Santa Sabina destaca por su armonía espacial, su sencillez y sus equilibradas proporciones, la sobriedad de sus mármoles y, algo nada común en ese momento, la apertura de tres ventanales en el ábside, que junto a los ventanales de la nave central, producen un ambiente bien iluminado con una suave luz envolvente.

Santa Sabina, Nave central, 422 - 432, Roma
Fotografía: Dnalor 01 CC BY-SA 3.0 (vía Wikimedia Commons)

Rávena, la última capital del Imperio Romano de Occidente


La ciudad de Rávena o Ravenna (en italiano), ubicada en la región de Emilia-Romaña, a pocos kilómetros del Mar Adriático —su puerto, Classe, se encuentra a 5 km del centro de la ciudad—, se destaca por un rico patrimonio arquitectónico paleocristiano compuesto por un conjunto de edificios religiosos que fuera declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO. Durante el siglo V, la ciudad creció en importancia al transformase en la capital del Imperio Romano de Occidente en el año 402, por decisión del emperador Honorio que trasladó a Rávena la corte imperial. Caído el Imperio en 476, la ciudad acabó siendo la capital del reino ostrogodo de Italia, bajo el mando de Teodorico el Grande y con influencia política sobre una parte importante de los antiguos territorios del Imperio romano occidental. Fue bajo su reinado que en la ciudad tuvo gran impulso la construcción tanto de edificios civiles (ya desaparecidos) como religiosos, de los que perduran importantes ejemplos.

Planta Central
Corte y Planta de Santa Constanza, Iglesia conmemorativa de planta central, Roma
Ilustración: op.cit.

Junto con iglesias de planta basilical como las que ya hemos visto, encontramos en Rávena edificios de planta central, una tipología edilicia común en la Antigüedad Tardía, y que los cristianos adoptan para sus baptisterios y templos conmemorativos. Es interesante notar que la separación de la función bautismal en un edificio independiente de la iglesia misma, es característico de la península itálica (al que posteriormente se le sumará un campanario excento, formando conjuntos como el de las catedrales de Florencia y Pisa). Estos edificios tienen planta circular u octogonal con su nave central de mayor altura y cubierta con una cúpula; este centro ceremonial está rodeado por una nave más angosta y de menor altura, a modo de deambulatorio. De tal modo que un corte diametral resulta casi idéntico al corte transversal de una planta basilical. En otros casos, especialmente en los baptisterios, se elimina la nave deambulatorio y se adicionan excedras como expansión del espacio central.

Dos son los baptisterios que aun se conservan en Rávena, el Baptisterio Neoniano, también conocido como ortodoxo, y el Baptisterio Arriano[6]. El primero data de la primera mitad del siglo V (ca. 410 - 450), en tanto el segundo es de fines del s.V o comienzos del VI (ca. 490 - 510). Ambos tienen planta octogonal, figura ampliamente utilizada en edificios cristianos de planta centralizada por la fuerte alegoría atribuída al número 8, que para los cristianos de la época representaba la resurrección, pues simbolizaba los siete días de la semana más el día de la resurrección de Cristo. Ambos baptisterios originalmente estaban asociados a una iglesia contigua hoy desaparecida. Asimismo, como en otros edificios de la época, el nivel actual de la calle ha quedado algo más de 2 m por encima del nivel de piso interior.

Baptisterio Ortodoxo
Baptisterio Neoniano o de los Ortodoxos, ca. 410 - 450, Rávena
Fotografía: Internet
Baptisterio Neoniano o de los Ortodoxos, ca. 410 - 450, Rávena; Vista Interior
Fotografía: Internet

Planta
Baptisterio Neoniano, ca. 410 - 450, Rávena; Planta
Ilustración del autor

El Baptisterio Neoniano, es así llamado por haber sido terminado de construir bajo el obispo Neon a fines del siglo V, momento en el que se realizaron los mosaicos de la cúpula y el resto de su decoración. Lo había comenzado a construir el obispo Urso a comienzos del s.V, como parte de una catedral, de la que quedan unos pocos restos incluidos en la nueva catedral de Rávena. También se lo denomina de los ortodoxos para diferenciarlo del Baptisterio Arriano que veremos a continuación. La planta es octogonal, pero en el nivel inferior presenta expansiones del espacio en forma de cuatro ábsides ubicados en lados alternados del octógono, lo que lleva la planta a nivel del suelo a ser casi cuadrada. Integramente levantado en mampostería de ladrillo con un nivel superior con arcadas ciegas de leve resalte (motivo que siglos después sería muy utilizado en la arquitectura románica, recibiendo el nombre de banda lombarda), un nivel intermedio con un aventanamiento de buen tamaño y el nivel inferior con las excedras o ábsides ya mencionados. En el centro del espacio se halla una enorme pila bautismal de mármol, donde el bautizado era sumergido totalmente según el primitivo ritual de bautismo que recordaba los bautismos realizados por Juan el Bautista en el Río Jordán.

Lo notable de este baptisterio es la profusa decoración mosaista, pictórica y de arcos y columnas con capiteles protobizantinos y bajorrelieves que cubre por completo cúpula y muros interiores. La cúpula presenta tres niveles de registros. El inferior esta resuelto con una sucesión de baldaquinos con distintas representaciones metonímicas en su interior, cuyo significado es dificil colegir, separados por paneles con motivos ornamentales. Sobre este nivel están representados los doce apóstoles, rodeando el primer nivel en el centro de la cúpula, con la imagen del bautismo de Cristo. La representación de los apóstoles comienza con San Pedro y, desarrollándose en sentido antihorario, concluye con San Pablo de modo de quedar ambos enfrentados.

Baptisterio Neoniano o de los Ortodoxos, ca. 410 - 450, Rávena; Cúpula
Fotografía: Petar Miloševic CC BY-SA 4.0 (vía Wikimedia Commons)
Detalle del registro central de la cúpula
Fotografía: Internet

El bautismo está representado con San Juan Bautista vertiendo agua sobre la cabeza de Jesús quien está sumergido medio cuerpo en el Río Jordan, (cuyo nombre está escrito junto a la figura de Cristo), y sobre ellos la paloma simbolizando al Espíritu Santo. Un tercer personaje barbado con un junco en su mano, contempla la escena desde la izquierda de Jesús y podría interpretarse como Dios Padre, completandose así la Santísima Trinidad. Bajo la cúpula, los arcos sobre las ventanas presentan pinturas decorativas con roleos y pavos reales[7] sobre estilizadas ramas y hojas. Entre las columnas que soportan estos arcos, unos relieves representan a los profetas, cada uno con un libro en su mano. El nivel inferior sigue el mismo patrón de roleos, en esta caso, dorados sobre fondo azul. A pesar de haber sido restaurado en el siglo XI, este baptisterio no sólo es la estructura más antigua y mejor conservada de la arquitectura paleocristiana, el ICOMOS (Comité Internacional de Monumentos y Sitios) lo considera «el mejor y más completo ejemplo de un baptisterio de los primeros tiempos del cristianismo que haya perdurado hasta nuestros días y que retiene la fluidez en la representación de la figura humana derivada del arte greco-romano.»

El Baptisterio Arriano de Rávena fue erigido por el rey ostrogodo Teodorico entre fines del siglo V y comienzos del VI. A pesar de que el “arrianismo” ya había sido declarado herético por la Iglesia en el s.IV, el culto arriano perduraba y, como en este caso, con simpatía oficial. En 565 fue convertido en oratorio católico y a partir en entonces, el edificio pasó por diversos cambios de destino, se convirtió en propiedad privada hacia 1700 y finalmente fue adquirido por el gobierno italiano en 1914. En el siglo XX estaba totalmente rodeado por otros edificios y fueron los bombardeos sobre Rávena en la Segunda Guerra Mundial, lo que permitió despejar su entorno y que volviera a estar visible desde el exterior. De planta octogonal con excedras, similar a la del Baptisterio Neoniano aunque con menor altura, al día de hoy presenta un interior despojado de toda ornamentación en sus muros de ladrillo desnudo, con los mosaicos de la cúpula como única decoración. El diseño de estos mosaicos es muy parecido al de la cúpula de los ortodoxos, con un registro central con la escena del bautismo de Cristo por San Juan Bautista, con cristo desnudo e imberbe, sumergido medio cuerpo en el río y con la particularidad de ser el Espíritu Santo, en su forma simbólica de una paloma blanca, el que vierte el agua lustral, que sale de su pico, sobre la cabeza de Cristo. También encontramos al tercer personaje (de controvertida explicación —ver nota 7) con un junco en la mano, ubicado esta vez a la derecha de Jesucristo.

Baptisterio Arriano
Baptisterio Arriano, 490 - 510, Rávena, Italia
Fotografía del autor
Bóveda
Baptisterio Arriano, Mosaicos de la cúpula
Fotografía: Internet (vía Luce&Light)

Alrededor de esta imagen central, se distribuye la procesión de los doce apóstoles con San Pedro, con la llave de la Iglesia, y San Pablo, con los rollos de la ley, encontrándose junto a un trono vacio con un crucifijo enjoyado sobre un cojín, una imagen denominada Etimasia, que será habitual en la iconografía bizantina y que representa el trono donde se sentará Jesús el día del Juicio Final. Los apóstoles, vestidos con túnicas, llevan en sus manos la corona del martirio y entre cada uno de ellos una hoja de palmera con dátiles, también simbolo del martirio. Si bien llama la atención la desnudez de sus muros, (sólo quedan algunos restos de cruces pintadas en el intrados de los arcos que dan paso a las excedras), se conoce que en excavaciones arqueológicas realizadas en el interior se hallaron varios miles de teselas de las que se utilizan en la realización de mosaicos. Es probable, según se ha sugerido, que pertenecieran a la decoración mural del baptisterio y que fueran demolidos, al pasar a ser oratorio católico, por tener representaciones de motivos arrianos no aceptados por la doctrina de la Iglesia.

Detalle del mosaico de la cúpula, Baptisterio Arriano, Rávena
Fotografía: José Luis Bernardez Ribeiro, CC BY-SA 4.0 (vía Wikimedia Commons)
Detalle del mosaico de la cúpula: la Etimasia
Fotografía: Internet (vía Arquitectura y Cristianismo)

Para concluir este panorama cabe mencionar el Mausoleo de Gala Placidia. Esta integrante de la familia imperial que rigió el Imperio de Occidente hasta su caida en 476, era la hermana del emperador Honorio y fue la madre de su sucesor, Valentiniano III, que asumió la corona imperial a la edad de 6 años, por lo que Gala Placidia gobernó como regente de su hijo entre 425 y 437. Cristiana devota, durante su mandato promovió la construcción o la remodelación y mejora de varias iglesias. Mandó construir la Basílica de la Santa Cruz de Rávena, de la que actualmente sólo queda la que era una capilla auxiliar, el Oratorio de San Lorenzo, conocido como Mausoleo de Gala Placidia, aunque no es seguro que alguno de los sarcófagos que hay en él contenga los restos de Gala. El oratorio estaba unido a la Basílica de la Santa Cruz por el nartex; esta conexión desapareció en 1601 luego de sucesivas demoliciones en el cuerpo de la Basílica.

Planta y Corte del Mausoleo de Gala Placidia, ca. 425 - 430, Rávena
Ilustración: Internet (edición del autor)

El mausoleo es un edificio de planta central en forma de cruz (casi!) griega, con el brazo de la entrada apenas 2 metros más largo que los otros (por lo que, en mi opinión, tampoco podría considerarse claramente una cruz latina). Es el más antiguo que se conoce con esta tipología de planta. Su espacio central es un cuadrado de doble altura cubierto en el interior por una bóveda vaída y en el exterior con una cubierta de tejas a 4 aguas. A cada lado de este espacio se abren los brazos de la cruz, cubiertos con una bóveda de cañón en su interior y con una cubierta a dos aguas por el exterior. Su arquitectura es simple, de mampostería de ladrillo, típica de la región como ya se vió, con arcos ciegos como única forma decorativa externa del plano mural. Pero, tal como ocurre en el Baptisterio Neoniano, los ricos mosaicos que cubren una gran superficie de los muros interiores, son lo que ha hecho de esta construcción, una de las más reconocidas y valoradas de su época, a la que los expertos de la Unesco, al integrarlo al grupo de edificios de Rávena reconocidos como Patrimonio de la Humanidad, calificaron como «el más antiguo y mejor conservado de todos los monumentos con mosaicos, y al mismo tiempo, uno de los más perfectos artísticamente.»

Mausoleo de Gala Placidia, Vista exterior
Fotografía: James Fergusson - Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

La cúpula central está decorada como un cielo azul profundo con estrellas doradas, una gran cruz en el centro y los “tetramorfos” —símbolos de los cuatro evangelistas— ubicados en las esquinas. Igualmente las bóvedas de cañón presentan un fondo azul con elaboradas decoraciones geométricas de margaritas y rosetas. Lo más destacado son los mosaicos que cubren los tímpanos de las bóvedas de cañón y los de las paredes del tambor que sostiene la cúpula.

Vista interior del Mausoleo de Gala Placidia
Fotografía: Jose Mari (vía Caminando por la historia)

En estas últimas aparecen 8 de los apóstoles en grupos de dos en cada una de las cuatro paredes del tambor, con una crátera o fuente con dos palomas bebiendo entre ambas figuras. Sólo dos son identificables por sus atributos: Pablo con un pergamino y Pedro con la llave del Reino de los Cielos. Los otros 4 apóstoles podrían ser las pequeñas figuras humanas pintadas entre geometrizadas decoraciones vegetales[8] a cada lado de un en el centro de las bóvedas de la nave transversal. Los tímpanos están decorados con una representación de dos cievos que se acercan a beber de una fuente entre simétricas decoraciones vegetales similares a las de las bóvedas. Estas representaciones de ciervos o palomas bebiendo, son de un simbolísmo religioso referenciado en párrafos bíblicos, como el Salmo 42: «Como anhela el ciervo las corrientes de agua, así te anhela, oh Dios, el alma mía.» El intrados de los arcos de acceso a los brazos de la cruz, están decorados con guardas geométricas de motivos vegetales o geométricos, incluyendo una greca multicolor.

Los tímpanos de la nave longitudinal son más elaborados iconográficamente hablando. Sobre la puerta de entrada se encuentra una imagen del Buen Pastor, un Cristo representado como un joven imberbe, nimbado y con una larga cruz a modo de cayado, sentado sobre una roca, rodeado de su rebaño de 6 ovejas con sus cabezas vueltas hacia él buscando su protección. La composición refiere al Salmo 23: «El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar...»

Mausoleo de Gala Placidia, representación del Buen Pastor, Mosaico, ca. 425 - 430
Fotografía: Internet - Dominio Púlico (vía Wikimedia Commons)
Mausoleo de Gala Placidia, San Lorenzo frente a la parrilla de su martirio
Fotografía: Internet

Mausoleo de Gala Placidia, Vista interior con los sarcófagos
Fotografía: Internet (vía Alpargos, Arte e Historia)

En el tímpano opuesto al del “Buen Pastor” hallamos una representación de un hombre vestido con toga, portando una cruz en una mano y un libro en la otra, que camina hacia una hoguera con una parrilla encima ubicada en el centro de la imagen. Esta figura ha sido identificada como San Lorenzo, uno de los diáconos de Roma, quien fuera martirizado quemándolo vivo sobre una parrilla el 10 de agosto de 258. Al otro lado de la hoguera se halla un armario conteniendo los cuatro evangelios canónicos, identificados con los nombres de sus autores escritos sorbre ellos. En los brazos de la cruz, excepto el de la entrada, hay un sarcófago en cada uno, que se ha supuesto que corresponderían, uno a Gala Placidia, otro a su hermano, el emperador Honorio, y el tercero a su esposo y también emperador, Constancio III. Sin embargo, pocos historiadores hoy en día, se atreven a afirmar esto. No hay prueba alguna de a quienes pertenecen realmente esos sarcófagos que, si bien son del siglo V, es casi seguro que fueron puestos allí mucho más tarde; los bajorrelieves que los decoran tampoco dan pistas sobre quien o quienes fueron inhumados en cada uno. En distintas épocas fueron abiertos los 3 sarcófagos y en uno de ellos se hallaron 2 craneos, pero en ninguno hubo algún elemento que permitiera arriesgar una identificación. Asimismo está en discusión si el destino original del edificio para el cual fue levantado, era funerario, es decir, un mausoleo, o si era un oratorio o martiria dedicado a San Lorenzo. La originalidad del edificio es la que plantea las dudas, pues, tanto los mausoleos como los edificios conmemorativos o martiria, se construian con planta centralizada, no en cruz. La escasa iluminación interior que proveen las pequeñas aberturas podría abonar la hipótesis de la función funeraria; por otra parte, la simbología de las imágenes de los mosaicos parecen referir, en general, a la muerte y la resurrección en Cristo pero no exclusivamente, la presencia de los tetramorfos y la biblioteca con los evangelios, abren la posibilidad a otras interpretaciones y significados. Misterios que quizá nunca se logre desvelar.

Mausaleo de Gala Placidia, Detalle mosaicos
Fotografía: Internet (vía Alpargos, Arte e Historia)
Mausoleo de Gala Placidia, Detalle mosaicos bóveda
Fotografía: Internet (vía Alpargos, Arte e Historia)



Rávena Paleocristiana

Video del autor




Escultura Paleocristiana


El arte paleocristiano en el campo de la escultura se manifiesta fundamentalmente en piezas funerarias, sarcófagos de piedra o mármol ricamente tallados, en los que eran sepultados los cristianos de buen nivel económico. En un nivel más modesto se hallan las tapas con que se cerraban los nichos en las catacumbas, con modestos retratos y alguna leyenda talladas en ellas. En los sarcófagos los escultores cubrían los laterales con relieves representando distintas escenas bíblicas o motivos alusivos a la fe cristiana del difunto. Estos relieves podían ocupar la altura del sarcófago (1 registro) o desarrollar una narración de episodios bíblicos en dos secuencias superpuestas (doble registro). En todos los casos conocidos el significado general de estas tallas refiere al pecado y la salvación por Cristo como también a la fuerza de la fe en el Señor a través del ejemplo de quienes fueron martirizados por no renunciar a ella (sarcófago de Junio Basso) o se representan los milagros de Cristo (Dos hermanos, sarcófago Dogmático). En algunos sarcófagos la secuencia narrativa se interrumpe en el centro con el retrato del difunto o de los difuntos dentro de una forma circular (clípeo), pues no era raro que en el mismo sarcófago se colocaran los cadaveres de dos personas de una misma familia. El más famoso de los sarcófagos de doble registro es el de Junio Baso, un patricio, prefecto de la ciudad de Roma, fallecido en 359, que abrazó la religión cristiana poco antes de morir. Datos que se hallan en una leyenda grabada sobre el registro superior del sarcófago, que se encuentra en el Museo del Tesoro de la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano.

Sarcófago de Junio Basso, s.IV, Mármol de Carrara, Museo del Tesoro de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Fotografía: Internet

No es el único sarcófago de este siglo V, pero es sin duda el más notable ejemplo de cuanto influía aún la tradición de representación naturalista greco-romana en los primeros artistas cristianos. Los dos registros están compuestos por 5 escenas cada uno en altorrelieve, enmarcadas con una arquitectura de columnas, arcadas o arquitrabes, que ilustran relatos bíblicos pertenecientes a ambos Testamentos. En el centro del registro superior encontramos una de las primeras representaciones de Cristo entronizado con los apóstoles Pedro y Pablo a su lado. Cristo aparece como un bello y joven Apolo imberbe en tanto que los apóstoles parecen dignos filósofos griegos (recuérdese que en la estatuaria griega la barba era el atributo iconográfico con que se representaba a los filósofos y magistrados). Un detalle en particular, revela la estrecha relación de esta representación con los métodos paganos del arte helenístico: para indicar que Cristo tiene su trono sobre el cielo, el escultor hizo que sus pies descansen sobre la bóveda celeste sostenida por el antiguo dios del cielo, Urano, simbolizando así el triunfo del cristianismo sobre el mundo pagano.

Isaac
El sacrificio de Isaac
Fotografía: Internet
Cristo
Cristo entronizado con San Pedro y San Pablo
Fotografía: Internet (vía Alpargos, Arte e Historia)
Prendimiento
Prendimiento de Jesús
Fotografía: Internet

Las escenas bíblicas no tienen un claro criterio de organización, se entremezclan pasajes veterotestamentarios y del Nuevo Testamente de modo aparentemente aleatorio. En el registro superior, de izquierda a derecha, la primera escena representa el sacrificio de Isaac, le sigue el apresamiento de Pedro, Cristro entronizado entre San Pedro y San Pablo, el apresamiento de Jesús y termina con el Juicio de Pilatos con éste lavándose las manos.

Tentación de Adán y Eva
Fotografía: Internet
Entrada de Jesús a Jerusalén
Fotografía: Internet
Daniel y los leones
Fotografía: Internet

El registro inferior muestra en primer lugar a Job y su esposa, la Tentación de Adán y Eva y su consecuente expulsión del Paraíso, la Entrada de Jesús a Jerusalén, que puede interpretarse como una escena triunfal de Cristo y está ubicada en el centro del registro, debajo de Urano; le siguen Daniel y los leones, episodio bíblico usado con frecuencia en el arte paleocristiano como símbolo de salvación, triunfo del bien sobre el mal y la muerte y, por lo tanto, resurrección. La última es el apresamiento de Pablo. Las caras laterales tienen bajorrelieves con amorcillos en escenas de vendimia, que aludirían a la Eucaristía ya que el vino representa la sangre de Cristo. La cara posterior no está trabajada y de la tapa quedan escasos restos aunque seguramente contenía tallas figurativas.

Otros dos notables obras de arte cristiano primitivo son los sarcófagos conocidos como Dos hermanos y el denominado Sarcófago dogmático. Ambos son de doble registro con altorrelieves que se suceden en un friso contínuo sin separación entre las distintas escenas representadas. En ambos tambión tenemos las secuencias interrumpidas en el centro con un doble retrato de los difuntos. Estas piezas anteriormente se hallaban en el Palacio de Letrán pero se encuentran actualmente en el Museo Pío Cristiano desde 1970. Este museo creado por Pío IX en 1854 y que hoy integra el conjunto de los Museos Vaticanos, alberga una muy interesante colección de arte funerario paleocristiano.

Sarcófago Dos Hermano, ca. 325 - 350, Mármol, Museo Pío Cristiano, Ciudad del Vatinaco
Fotografía: Museo Pío Cristiano

De una excelente calidad artística, estos relieves originalmente pudieron estar resaltados con doraduras y policromados, según lo sugieren las conclusiones de recientes restauraciones. En el clípeo central dos figuras masculinas de indudable parecido dieron origen al nombre que se le ha dado al sarcófago. Parece ser, de acuerdo a los estudios hechos por los expertos, que originalmente el sarcófago estaba destinado a una pareja de esposos pero fue modificado durante la realización de la obra para adaptarlo a un nuevo destino: el sepulcro de dos hombres, posiblemente hermanos. Las escenas bíblicas se suceden sin solución de continuidad en dos registros; en el superior se puede identificar la Resurrección de Lázaro, la predicción de la negación de Pedro, (obsérvese el gallo a los pies de Cristo, nuevamente un bello joven imberbe), la entrega de la Ley a Moisés, y luego del clípeo, el sacrificio de Isaac y la presentación de Jesús ante Pilatos.

El registro inferior comienza con una escena en la que Pedro bautiza al carcelero y su familia, (Hechos, 16:33), Daniel y los leones, representado desnudo como es habitual para evidenciar que las fieras no le han hecho ni un rasguño; sigue una escena con Pedro catequizando a los soldados, el milagro del ciego de nacimiento y la multiplicación de los panes y los peces, un hecho relatado en los cuatro Evangelios.

La negación de Pedro
Fotografía: Recorte del autor
El Sacrificio de Isaac
Fotografía: Recorte del autor
Daniel y los leones
Fotografía: Recorte del autor
Milagro del ciego de nacimiento
Fotografía: Recorte del autor

Sarcófago dogmático, ca. 340, Mármol, Museo Pío Cristiano
Sarcófago dormático, ca. 340, Mármol, Museo Pío Cristiano, Ciudad del Vaticano
Fotografía: Museo Pío Cristiano

El Sarcófago dogmático, también exshibido en el Museo Pío Cristiano, fue realizado para un importante miembro de la iglesia que fuera enterrado en la Basílica de San Pablo alrededor del año 340. Su denominación se atribuye a que se ha querido ver, en la escena de la Creación de Eva —registro superior izquierda—, en los tres personajes involucrados como la primera representación del dogma de la Santísima Trinidad. Es una interpretación discutible aunque sí se advierte que el programa iconográfico general refleja los aspectos doctrinarios resultantes del Concilio de Nicea (325), donde se formuló por vez primera dicho dogma en el marco de la disputa con la herejía arriana[9]. A esta escena le sigue Dios entregando los símbolos del trabajo a Adán y Eva al expulsarlos del Paraíso luego del pecado original, (un haz de espigas a Adán y un carnero a Eva). Del otro lado del tondo con los deteriorados retratos de los difuntos, se representan tres milagros, las bodas de Caná, la multiplicación de los panes y los peces y la resurrección de Lázaro, esta última muy dañada, las tres escenas manifestando del poder de Cristo.

En el registro inferior la Redención es el tema de las dos primeras escenas: la Epifanía y la curación del ciego. A las que siguen: Daniel y los leones, episodio bíblico que se toma como prefiguración de la Pasión y Resurrección de Cristo, la predicción de la negación de Pedro, el prendimiento de Pedro y el milagro de la fuente que Pedro hizo brotar en la carcel para bautizar a los carceleros y otros presos, episodio tomado de los Hechos apócrifos de Pedro.

Como los sarcófagos casi siempre se colocaban contra una pared, sólo se decoraban tres de sus lados, siendo obviamente el frontal el más importante; en los laterales por su menor superficie y que en algunos casos también estaban ubicados en estrechos espacios (ver el Mausoleo de Gala Placidia, más arriba en esta página), el trabajo de relieve era de menor carga simbólica, doctrinal e importancia. Por esa razón, en muchos casos y para su conservación y exposición, se redujo el sarcófago a su frente que es donde se manifiesta en todo su esplendor tanto el programa iconográfico como la pericia y arte del escultor. Para completar este panorama se muestran otros ejemplos de sarcófagos de simple y doble registro, del tipo llamado de strígilos, para finalizar con 2 ejemplos de lápidas hallados en nichos de catacumbas.

Sarcófago de Jonás, ca. 300, Mármol, Museo Pío Cristiano
Fotografía: Internet
Hallado a fines del s.XVI, durante las obras de la nueva Basílica de San Pedro, está dedicado a la historia de Jonás y destaca por el uso más libre del límite entre los registros. A la izquierda, luego de una resurrección de Lázaro arriba y dos marineros debajo, la barca, ocupando el alto total de los dos registros, muestra a sus compañeros arrojando a Jonás al mar, donde será tragado por el «gran pez» con forma de monstruo marino, que, casi en espejo, lo vomita sobre una roca. Más arriba aparece Jonás sobre la roca junto al ricino que Dios hizo crecer para confortarlo.
Sarcófago de los esposos, ca. 340, Mármol, Musée départemental Arles antique
Fotografía: Internet (vía www.monestirs.cat)

Proveniente de la necrópolis de Les Alyscamps, Arles, Francia, un rico reservorio de sarcófagos de los siglos II a V, esta pieza era el frontal de un sarcófago perteneciente a un matrimonio. Junto al conocido esquema de dos registros con escenas bíblicas, interrumpido el superior con el clípeo de los difuntos, se encuentra bajo él otra escena del episodio de Jonás y la ballena, aunque con menor dinamismo y creatividad que el del Museo Pío Cristiano.
Sarcófago llamado de la Vía Salaria, ca. 260, Museo Pío Cristiano
En el centro, representaciones del Buen Pastor y de una Orante

Fotografía: Internet
Sarcófago de la Pasión de Cristo
Escenas de la Pasión con el Crismón en el centro

Fotografía: Internet

Un motivo decorativo formado por sucesión de curvas en S, es una ornamentación muchas veces hallada en sarcófagos paleocristianos o paganos. Por lo general el motivo se completaba con un rectángulo en el centro, con una representación de algún motivo simbólico. También era frecuente que se agregaran dos rectángulos alegóricos más, uno en cada extremo del frente del sarcófago.

Sarcófago con estrigilos y una orante en el centro, Mármol, Museo Pío Cristiano
A la izq. Pedro hace brotar agua de la roca; en el centro la difunta como Orante y a la der. Jesús transforma el agua en vino.

Fotografía: Internet
Sarcófago de la Natividad, ca. fin s.IV, Musée départemental Arles antique
Escena izq.: Moises en el Sinaí; centro: la Natividad y los Reyes Magos en doble registro; der.: el sacrificio de Isaac

Fotografía: Internet (vía www.monestirs.cat)

Una expresión mucho más modesta realizada por artesanos de menor oficio, puede encontrarse en las lápidas de “loculi”, espacios rectangulares excavados en las paredes de las galerías en las catacumbas.

Lápida de Aselhus, fines s.IV, Museo Pío Cristiano
Fotografía: Internet

Esta placa sellaba la tumba de Asellus, un niño fallecido a los 6 años. Los retratos de los Apóstoles Pedro y Pablo, de intensa mirada, y un epitafio, escrito en forma irregular y en un defectuoso latín, componen la modesta dedicatoria de la lápida, proveniente de la catacumba de Hipólito, sobre la vía Triburtina, en Roma.
Lápida de Severa, entre fines s.III y comienzo del s.IV, Museo Pío Cristiano
Fotografía: Internet
Una pequeña lápida, probablemente de una niña de corta edad, sellaba un nicho en las catacumbas de Priscila. Tiene grabado el retrato de Severa con la leyenda “Vive en Dios” y uno de los más antiguos registros de la Adoración de los Magos. Éstos, representados con las capas al viento y guiados por la estrella, se acercan a María y el Niño; detrás el profeta Balaam indicando la estrella y el cumplimiento de su profecía.

Existen muy escasos ejemplos de escultura de bulto paleocristiana. El más conocido es la estatuilla del Buen Pastor, exibida en el Museo Pío Cristiano. Aunque, según reza la descripción de la página web del museo, en una «readaptación dieciochesca de un fragmento de sarcófago». El motivo del Buen Pastor, como ya se ha visto, fue muy común en los primeros siglos cristianos, y fue tomado de un modelo griego, el Moscóforo, que en la cultura pagana simbolizaba la filantropía y el cristianismo, previo reemplazo del ternero del original ateniense por un cordero, adoptó como repersentación del Cristo bíblico, pastor de la grey cristiana. (Lucas 15 3-7; Mateo 18 10-14; Juan 10 11-14). También la historia del profeta Jonás, símbolo de la resurrección y la salvación por Cristo, ha sido representada en pequeñas piezas escultóricas. La obra expuesta en el Met de New York, fue hallada en la ciudad de Tarsos, en Asia Menor, lugar de nacimiento del apostol Pablo. De la misma región procede la escultura perteneciente al Museo de Arte de Cleveland, USA.

Estatuilla del Buen Pastor
Fotografía: Museo Pío Cristiano
Jonás, Estatuilla de mesa, comienzos del s.IV, Mármol
Metropolitan Museum of Art, New York

Fotografía: Met Museum
Jonás vomitado por el «gran pez», ca. 280 - 290
Mármol, Museo de Cleveland, USA

Fotografía: Museo de Cleveland


Pintura Paleocristiana


Catacumba de Domitila, Cubículo con Arcosolios
Fotografía: Internet

De la expresión pictórica de los primeros siglos del cristianismo sólo tenemos hoy los frescos y decoraciones hallados en las catacumbas de Roma. No son las únicas catacumbas de Italia, pero sí las más famosas y con los ejemplos de arte paleocristiano más notables.[9] Nada ha llegado hasta nosotros de las domus ecclesiae, que, seguramente, tendrían pinturas en sus muros, como lo indicaría la única excepción a lo dicho, del Baptisterio de Dura Europos, recuperado con serios daños, por la expedición arqueológica en dicha ciudad, dirigida por la Universidad de Yale. En cambio, estos cementerios subterraneos excavados en el dúctil subsuelo de toba del extraradio romano, albergan un valioso repertorio de pinturas cristianas, que están siendo recuperadas con técnicas laser, limpiándolas de la capa de tierra y hollín que varios siglos de uso y muchos más de abandono, habían depositado sobre ellas.

Catacumba de los Santos Mártires Marcelino y Pedro, s.IV, Roma
Fotografía: Internet (vía repro-arte.com)

En Roma estaba prohibido inhumar difuntos dentro del éjido de la ciudad por motivos de salubridad y religiosos, criterio que ya seguían los griegos desde sus comienzos y continuaron los romanos. Éstos tenían la costumbre de incinerar a sus muertos, pero quienes no deseaban hacerlo, como los judíos, por ejemplo, contaban con necrópolis a cielo abierto en terrenos fuera de las murallas donde se enterraban individuos de todas los cultos. De hecho, San Pedro y San Pablo, martirizados en el s.I, fueron sepultados en estos cementerios, sobre los que luego se levantaríann las grandes basílicas a ellos dedicadas, San Pedro en la colina Vaticana y San Pablo en una necrópolis ubicada entre el Río Tiber y la Vía Ostiense a unos 2 Km de las murallas de la ciudad. Otros enterramientos estaban ubicados a lo largo de las vías de acceso a la ciudad, como la Vía Appia o la Vía Tiburtina entre otras, donde las familias que podían hacerlo, erigían importantes mausoleos. Pero a medida que la ciudad crecia, los cementerios se colmaban y el suelo aumentaba su precio, se hizo evidente que debía encontrarse otra solución.

A este problema se sumaba el deseo de las comunidades tanto judías como cristianas de contar con cementerios propios de su colectividad. Es así que ya a comienzos del siglo II se inicia la realización de cementerios subterráneos, favorecidos por la relativa facilidad que el subsuelo romano compuesto por piedra toba, ofrecía para la excavación. (Puede citarse como antecedente que existían ya desde el siglo I, columbarios subterráneos donde los romanos podían depositar las urnas u ollas cinerarias con las cenizas de sus muertos). Entre los siglos II y V proliferaron estos enterramientos bajo tierra de los que se ha llegado a identificar 60 en toda Roma, que sumarían entre 150 y 170 kilómetros de galerías que habrían contenido alrededor de 750.000 tumbas. Se las conoce como catacumbas, siendo las más extensas entre las cristianas y posibles de visitar con un guía, las Catacumbas de San Calixto, las Catacumbas de Domitila y las Catacumbas de Priscila. Catacumbas judías se han descubieto a mediados del s.XIX, bajo la Villa Tortonia y bajo la Vigna Randanini, aunque sólo esta última está abierta a visitas. Estas catacumbas están decoradas con frescos con motivos de guardas, representaciones vegetales y animales y son frecuentes la menorá, candelabros de siete brazos, y el Arca de la Alianza.

Galería en las Catacumbas de Priscila
Fotografía: Historia National Geographic
Catacumba Judía de Vigna Randanini, Arcosolio con frescos
Fotografía: Internet

Los terrenos desde los cuales se comenzaban a excavar estas catacumbas eran de propiedad privada cuyos dueños los facilitaban o donaban a la Iglesia para este fin. Las de San Calixto se construyeron en terrenos propios de la Iglesia ubicados entre la Via Appia Antica, la Via Adreatina y la Via delle Sette Chiese, una amplia área de unas 20 Ha que fuera el primer cementerio oficial de la Iglesia de Roma, y en el que había diversas instalaciones funerarias y catacumbales. Su nombre proviene de San Calixto, Papa y Mártir, que la administró y amplió antes y durante su papado. La catacumba de Domitila, debe su nombre a la propietaria y donante de los solares sobre la Via delle Sette Chiese donde están ubicadas, una patricia romana de nombre Flavia Domitila, nieta del emperador Vespasiano y sobrina de Tito y Domiciano, que bajo el imperio de éste último fue desterrada a la isla Poncia por declararse cristiana, en tanto que su esposo, Flavio Clemente, quien había sido nombrado cónsul por Domiciano, era condenado a muerte por la misma razón, según lo relata Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica. Esta circunstancia de su vida, además de asociarsela con los Santos Mártires Aquileo y Nereo, sepultados en su catacumba, hizo que, a partir de fines del s.XVI fuera celebrada como Santa Domitila, Virgen y Mártir, a pesar de nunca haber sido oficialmente reconocida como tal por la Iglesia. En la segunda mitad del s.XX su festividad fue eliminada del Martirologio y del Calendario Romano, debido a que su culto no tenía fundamento histórico. Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa Griega aún lo mantiene.

Catacumba Judía de Vigna Randanini, Cubículo con arcosolios
Fotografía: Internet
Galería en la Catacumba de Domitila
Fotografía: Internet

La Catacumba de Priscila data del siglo II y estuvo extendiéndose hasta el siglo V. Es uno de los más extensos y más antiguos cementerios subterráneos de Roma. Originalmente en la zona había diversos núcleos de cementerios de superficie y subterráneos independientes, pero de las tumbas y mausoleos de superficie quedan escasos rastros. De las instalaciones bajo tierra, el origen fue el hipogeo de la familia de los Acilios a la que pertenecía el senador Acilio Glabrión que fuera desterrado y condenado a muerte por Domiciano por haberse convertido al cristianismo. A esta familia pertenecería Priscila, matrona de la clase senatorial (no confundir con Santa Priscila o Santa Prisca, judía conversa que vivió en el s.I, quién, junto a su esposo, acompañó al apostol Pablo en sus viajes). En un terreno contiguo, probablemente cedido a la Iglesia por Priscila, se desarrolló un enterramiento casi exclusivamente cristiano durante el s.III y, ya en el s.IV, se amplió excavando un segundo nivel. Pronto todo este complejo estuvo interconectado formando lo que conocemos como la Catacumba de Priscila. Una inscripción encontrada aquí identifica a una difunta como «PRISCILLA C (f)» que significa: Priscilla, clarissima femina (“Priscila, mujer ilustrísima”, lo que demuestra su pertenencia a la clase senatorial), y dió su nombre al cementerio al suponérsela su donante o fundadora.

Plano de las catacumbas de San Calixto
Ilustración: Internet

Las tumbas de estos cementerios bajo tierra eran de dos tipos, los loculi (singular: loculus) eran nichos rectangulares abiertos en las paredes de las galerías que, según la altura de la galería, podían llegar a ser hasta 12 en vertical, aunque lo más común era que fuesen entre 3 y 5 o 6. Estos loculi normalmente eran para un solo cuerpo aunque se han encontrado nichos con 2 y raramente 3 o más cuerpos. Los cuerpos se depositaban envueltos en una sábana y se echaba cal sobre ellos para impedir la rápida putrefacción. Los nichos se cerraban con losas de mármol o con argamasa y trozos cerámicos los más humildes, dado que estos cementerios estaban destinados a dar una digna sepultura a todo cristiano por más pobre o indigente que fuera. En este cerramiento se grabava el nombre del difunto, a veces alguna leyenda propiciatoria, o en su defecto, se incrustaba algún pequeño objeto, en la lápida o al costado, que le perteneciera en vida y sirviera a los familiares para identificar su tumba. Era frecuente también la ausencia de todo elemento identificatorio. Pero las catacumbas también albergaban tumbas de mayor calidad según la situación económica de los difuntos y sus familias. Y para estos casos aparece el segundo tipo: el arcosolio, una arcada profunda en cuyo piso se excavaba la sepultura. Los arcosolios muchas veces estaban ubicados en áreas ensanchadas de las galerías, creándose así un espacio para que los familiares rindieran culto a sus muertos.

Fossor, Catacumba Marcelino y Pedro
Fotografía: Internet

Asimismo, desde las galerías se accede a cubículos, espacios de tamaño variable, aunque generalmente pequeños, reservados a los muertos de una misma familia, que podrían considerarse como capillas funerarias privadas. El tamaño de estos cubículos también era un índice de la riqueza de la familia cuyos deudos albergaba.

Las catacumbas eran realizadas y mantenidas por los fossores o enterradores, encargados de excavarlas y también de sepultar los cadáveres. Los integrantes de este oficio constituían un orden eclesiástico dentro de la iglesia romana y en las pinturas se representaban con pico y una lámpara o linterna de aceite de las que se utilizaban como iluminación en las galerías y cubículos.

Es en los cubículos donde, por lo general, se han encontrado los ejemplos más notables de pintura paleocristiana. Lamentablemente, en muchos casos estas pinturas y otras decoraciones se han encontrado con un alto grado de deterioro no sólo debido al paso del tiempo luego de haber sido abandonadas en el s.VI, sino también por el expolio o saqueo que han sufrido luego, durante las varias invasiones y saqueos de Roma, por Vándalos, Godos y Longobardos. Por ello, entre el s.VI y IX, los papas hicieron trasladar a las iglesias los restos y reliquias de mártires y santos. A partir de ese momento, algunos derrumbes y la vegetación fueron ocultando las entradas y su existencia cayó en el olvido. Fueron las investigaciones de arqueólogos como Antonio Bosio (1565-1629) y Giovanni Battista de Rossi (1822-1894) —considerado el padre de la Arqueología Cristiana— las que trajeron nuevamente a la luz, con sus exploraciones y estudios científicos, el rico acervo paleocristiano que había permanecido oculto en las catacumbas.

Catacumbas de San Calixto, Cripta de los Papas
Fotografía: Internet
Catacumbas de San Calixto, Cripta de Santa Cecilia
Fotografía: Internet

Las Catacumbas de San Calixto con casi 20 Km de galerías, fueron el lugar de entierro de decenas de mártires, 16 papas y miles de cristianos. Se destacan dos zonas en particular que constituyen el destino de muchos peregrinos: la Cripta de los Papas y la Cripta de Santa Cecilia, ambas del siglo II. En la primera fueron sepultados al menos nueve papas y otros altos dignatarios eclesiásticos. En sus muros se encuentran las inscripciones en griego que identifican a los pontífices Ponciano, Antero, Fabián, Lucio I y Eutichiano; en la pared del fondo se colocó al Papa Sixto II, martirizado durante las persecuciones del emperador Valeriano. Muy cerca de este cubículo se halla la Cripta de Santa Cecilia, la patrona de la música. Allí se hallaba el sarcófago donde fuera inhumada la santa hasta el año 821 cuando el Papa Pascual I ordenó trasladar los restos a la Basílica de Santa Cecilia en el Trastevere, Roma. La cripta estaba integramente decorada con pinturas y mosaicos aunque poco queda en la actualidad. En el nicho donde estaba el sepulcro se ubicó una copia de la conocida escultura de Maderno de 1599 que la representa en la posición en que se halló su cuerpo cuando fue abierto el sarcófago y cuyo original se encuentra en la mencionada basílica. De los frescos que se conservan pueden reconocerse, en un pequeño nicho, al Salvador y al lado a San Urbano, papa martirizado por la misma época que la santa. Sobre estos nichos se halla una representación de Santa Cecilia como orante. En una de las paredes del lucernario se conserva la representación de tres mártires: Polícamo, Sebastián y Quirino.

Catacumbas de San Calixto, Cripta de Santa Cecilia
Cristo Salvador y San Urbano

Fotografía: Internet
Catacumbas de San Calixto, Cripta de Santa Cecilia
Santa Cecilia orante

Fotografía del autor
Catacumbas de San Calixto, Cripta de Santa Cecilia
Mártires Polícamo, Sebastián y Quirino

Fotografía del autor

Catacumbas de San Calixto, Cubículo de los Sacramentos
En el centro: banquete Eucarístico

Fotografía del autor

Estas dos criptas, junto a otra zona donde se halla la Cripta de Lucina, son los núcleos más antiguos del cementerio (siglo II). Otras áreas de las catacumbas de San Calixto reciben el nombre de San Milcíades, San Cayo y San Eusebio (siglo III), y las últimas, Occidental y Liberiana (siglo IV). Desde la Cripta de Santa Cecilia, y luego de atravesar varias galerías pobladas de lóculos, se hallan cinco habitaciones pequeñas, verdaderas tumbas de familia, denominadas Cubículos de los Sacramenteos por presentar frescos alegóricos al Bautismo y la Eucaristía, además de representaciones de orantes y del profeta Jonás, símbolo de la Resurrección.

Otra de las más antigüas y extensas necrópolis subterráneas es la Catacumba de Domitila. Es una red de galerias excavadas en cuatro niveles superpuestos, no todas accesibles en la actualidad, que totalizan alrededor de 15 Km de corredores con lóculos, arcosolios y cubículos. Desde comienzos del siglo III, se fueron multiplicando los hipogeos particulares, mayormente paganos, como el llamado Hipogeo de los Flavios, (sin que sea segura la abribución a esa familia) que a partir de la mitad de ese siglo comenzó a albergar difuntos cristianos. Durante el mismo siglo se excavaron algunas galerías en el área y a partir de comienzos del siglo siguiente, se fueron uniendo entre sí las estructuras existentes y ampliando las galerías que ya se había convertido en un enterramiento cristiano; continuó así hasta el siglo V, constituyendo la gran necrópolis hoy conocida. Su crecimiento, como el de muchas otras catacumbas, se vió favorecido por haber sido inhumados allí los mártires Nereo y Aquileo, dos soldados romanos que se convirtieron al cristianismo y lo pagaron con sus vidas. El deseo de los cristianos de ser sepultados en el mismo lugar que los santos a los que rendían culto, motivó la nececidad de ampliar estos cementerios subterraneos. Más tarde, bajo el impulso del Papa Dámaso (366 - 384), se multiplicaron las peregrinaciones y se construyeron santuarios para la celebración de la liturgia eucarística sobre las tumbas veneradas[10].

Catacumba de Domitila, Basílica de los Mártires Nereo y Aquileo
Fotografía: Internet (vía italyxp.com)

A finales del s.IV se construyó una basílica sobre las tumbas de los santos Nereo y Aquileo, una iglesia-aula con ábside, semienterrada, dividida virtualmente en tres naves por columnas excentas sin arcos ni arquitrabes. Luego de que se dejara de sepultar en ella hacia fines del s.V, la basílica siguió activa para el culto de los mártires allí sepultados hasta fines del s.IX. Se cree que fue destruida por un terremoto en el 897, pero ha sido reconstruida y hoy constituye el comienzo de la visita a las galerías abiertas al público y en el salón de la basílica se encuentran en exposición muchos restos y fragmentos de sarcófagos, lápidas y otros elementos hallados en esta catacumba.

En los últimos años, por impulso de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada, varias de las pinturas más significativas de esta catacumba han sido recuperadas, limpiándolas, mediante técnica laser, de la capa negra producida por el humo de las lámparas de aceite, ademas de musgo, algas unicelulares, suciedad y sedimentos calcáreos que las cubrían. Así se ha recuperado el Arcosolio de los pequeños apóstoles, una pintura hecha en el intrados de la bóveda de un arcosolio, representando a Cristo en el centro con los 12 apóstoles a sus lados, iconografía que será habitual en el cristianismo y que se repite en una bóveda de la llamada Cripta de los panaderos. Esta última también ha sido recuperada, limpiada y puesta en valor. Es un conjunto de lóculos y arcosolios distribuidos en tres espacios, uno central con una cúpula con diversas representaciones cristológicas y en el centro dos difuntos que se acercan a Cristo ubicado entre dos personajes que podrían ser los Santos Nereo y Aquileo, enterrados en esta necrópolis.

Catacumba de Domitila, Arcosolio de los Pequeños Apóstoles
Vista frontal

Fotografía: Internet
Catacumba de Domitila, Arcosolio de los Pequeños Apóstoles
Vista del intrados de bóveda

Fotografía: Internet
Catacumba de Domitila, El Buen Pastor
Fotografía: Internet
Catacumba de Domitila, Jesús y los 12 Apóstoles
Fotografía: Internet

A los lados, dos espacios con 2 arcosolios cada uno cubietos por sendas semicúpulas, una con una representación del Buen Pastor (Cristo) con su rebaño de ovejas (los creyentes) y en la otra la representación de Jesús y los 12 apóstoles, ya mencionada. Sobre esta última, el redescubridor de la catacumba, Antonio Bosio, en un arranque de megalomanía, dejó un grafiti con su nombre sobre las cabezas de Cristo y sus apóstoles. Sobre los arcosolios una serie de frescos detalla en sucesivos cuadros, todo el proceso de producción de pan, desde que se transporta el cereal en barcos hasta al puerto de Ostia, de allí por el Tiber llegaba al molino; hecho harina se amasa, va al horno y se obtiene el pan. Este gran cubículo tuvo que pertenecer a una familia muy rica y poderosa, probablemente relacionada con la corporación de los panaderos o con su industria, para poder construirse esta lujosa capilla funeraria familiar.

Catacumba de Domitila, Cúpula del cubículo de los Panaderos, s.IV
Fotografía: Internet
Catacumba de Domitila, Cúpula del cubículo de los Panaderos, Detalle central, s.IV
Fotografía: Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada

Otro arcosolio recuperado ha sido el de la Matrona Veneranda en el que puede verse la lápida que cerraba la tumba, parcialmente destruida; en el fragmento recuperado se encuentra representada la matrona Veneranda que es conducida al jardín del Paraiso por la mártir Petronila.

Catacumba de Domitila, Tumba de la Matrona Veneranda
Fotografía: GeorgiaV (vía Twitter)
Catacumba de Domitila, Tumba de la Matrona Veneranda, Detalle lápida
Fotografía: GeorgiaV (vía Twitter)

Símbolos Cristianos

Fotografía: Internet (vía Primeros Cristianos)
Fotografía: Internet
Fotografía del autor

Fotografía del autor
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Fotografía: Juan de la lama CC BY-SA 3.0 (vía Wikimedia Commons)
Fotografía del autor
Fotografía del autor

Durante los siglos en que los cristianos profesaban su fe clandestinamente, estos desarrollaron un sistema de signos con los que identificarse y que no fueran comprensibles para sus perseguidores. En las catacumbas es habitual encontrar estos signos grabados en las lápidas de mármol o pintados junto a los lóculos, arcosolios o formando parte de decoraciones pintadas al fresco. Los más utilizados son:

* El PEZ: la figura de un pez, más o menos simplificada, se convirtió en un signo de Cristo desde que en griego, la palabra “pez” — ΙΧΘΥΣ — (ichthys, pronunciado como ijcis) resulta el acrónimo de la frase en griego «Ιησοϋς Χριστός Θεοϋ Υιός: Σωτήρ», que traducida significa: Jesús Cristo Hijo de Dios, Salvador. En el Nuevo Testamento se utiliza al pez en sentido alegórico en varios pasajes así como a los pescadores, de hecho, varios de los apóstoles lo eran. Cristo los llamó pescadores de hombres y dos de sus milagros tuvieron peces como protagonistas: la pesca milagrosa y la multiplicación de los panes y los peces; a raiz de este último milagro es que el pez, junto con el pan, devino símbolo de la Eucaristía.

* el ANCLA: por su similitud de forma con la cruz, también se constituyó como un símbolo del cristianismo; sola o acompañada por dos peces, es frecuente encontrar este símbolo en las catacumbas. Para los cristianos Jesús es el ancla a la verdad y a la vida eterna y símbolo de la salvación.

* el/la ORANTE: una figura humana, generalmente mujer, con los brazos abietos en el antiguo gesto de oración, representa la certidumbre del alma de vivir en la paz divina. También se lo ha interpretado como representación de la comunidad cristiana.

* la PALOMA: con una rama de olivo en el pico, simboliza al alma en la paz divina. Posteriormente devino símbolo secular de la paz.

* el BUEN PASTOR: originalmente símbolo pagano de la Filantropía, el cristiamismo lo identificó con Cristo como salvador y la oveja sobre sus hombros, el alma salvada. Un símbolo iconográfico ampliamente utilizado en frescos, relieves en sarcófagos, en esculturas y grabado en las lápidas en cementerios y catacumbas.

* el CRISMÓN: o Monograma de Cristo se forma con las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo: Chi “χ” y Rho “Ρ” entrelazadas. Se las encuentra solas o encerradas dentro de un círculo vegetal; el monograma suele estar acompañado por la primera y última letra del alfabeto griego, Alfa “Α” y Omega “ω” con el significado de: Cristo como principio y fin de todas las cosas.

La Catacumba de Priscila, ubicada en el norte de Roma, sobre la vía Salaria, alberga pinturas importantes para la historia del arte paleocristiano. Menos conocidas por el público en general que las ubicadas sobre la Vía Appia estas catacumbas son, sin embargo, muy notables, no sólo por su extensión sino también por la cantidad de mártires que estuvieron allí sepultados, lo que las hizo ser un muy concurrido lugar de peregrinación durante la Alta Edad Media y le valió ser llamada La Reina de las Catacumbas. También en ella, la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada se ha dedicado durante varios años a la limpieza mediante laser de las pinturas que han quedado luego de los varios expolios y destrucciones sufridas a lo largo de los siglos. (Por ejemplo, los sarcófagos que había en hipogeos y capillas funerarias, se hallaron destruidos en cientos de fragmentos, hoy expuestos en la Basílica de San Silvestre.)

Ingreso a la Catacumba de Priscila llamado Criptopórtico
Fotografía: Internet (vía italyxp.com)
Catacumba de Priscila, Capilla Griega
Fotografía: Internet

De los espacios accesibles al público se destaca la Capilla Griega. que fuera encontrada llena de tierra arrojada desde el conducto de ventilación abierto en el techo. Toma su nombre de dos inscripciones en griego pintadas en el nicho derecho, una de ellas dice: «Óbrimo para su dulcísimo primo y condiscípulo Paladio, de buen recuerdo» y la otra reza: «Óbrimo a su dulcísima esposa Nestoriana, de buen recuerdo».

Catacumba de Priscila, La Adoración de los Magos
Fotografía: Internet

Ricamente decorada con pinturas y estucos de estilo pompeyano, tiene una forma particular con tres nichos para sarcófagos y un mostrador para banquetes funerarios, llamados “refrigeri” o “agapi”, que se realizaban en las tumbas en honor de los muertos. Hay numerosos episodios del Antiguo Testamento: Noé saliendo del arca y Moisés haciendo brotar agua de la roca, prefiguración del agua salvífica del bautismo; el sacrificio de Isaac; las tres historias de salvación milagrosa del libro de Daniel (Daniel entre los leones, los tres jóvenes en el horno, Susana acusada de adulterio por los antiguos jueces babilónicos y salvada por Daniel). Del Nuevo Testamento se incluye la representación de la resurrección de Lázaro (Jesús tiene poder sobre la muerte); la curación del paralítico (Jesús tiene poder sobre el pecado); y la adoración de los Reyes Magos. Esta última escena se representa con frecuencia en los cementerios de Roma como signo de la universalidad de la salvación ya que los tres reyes hab sido los primeros paganos en adorar a Cristo.

Datada esta capilla entre fines del s.II y comienzos del s.III, esta sería la primera representación conocida de la Adoración de los Magos. Tres personajes se acercan a la Virgen que está sentada con el Niño en su falda, cada uno de ellos está diferenciado por el color de sus vestidos, por la posición de sus brazos se deduce que le traen ofrendas, tal como lo consigna el Evangelio de Mateo. Un resto de color detrás de la Virgen podría suponerse que es lo que quedó de la estrella que guiaba a los Magos de Oriente.

La pintura, sobre fondo rojo en el arco central, es en realidad un banquete, que sin embargo tiene una clara referencia al banquete eucarístico (ocasionalmente celebrado por los cristianos en las veneradas tumbas). A los lados de la mesa donde están sentadas siete personas, la primera de las cuales extiende las manos en el acto de partir el pan, se representan siete cestas, en alusión al milagro de la multiplicación de los panes y los peces, cuando Jesús promete el pan de la vida eterna. La interpretación de esta última pintura es motivo de gran controversia entre los expertos.

Catacumba de Priscila, Banquete ¿Eucarístico?
Fotografía: Internet (vía BBC News)
Catacumba de Priscila, Banquete Eucarístico Detalle
Fotografía: Internet

A pesar del detalle de las cestas, no todos los estudiosos concuerdan en que representa un Banquete Eucarístico. Pero la mayor discusión se da sobre las figuras alrededor de la mesa, donde hay quienes opinan que se trataría de mujeres. Al ser descubieta la pintura, como la persona de la izquierda está partiendo el pan, se supuso que era un hombre, dado que las mujeres no pueden partir el pan y oficiar la Eucaristía. La profesora de estudios religiosos Nicola Denzey Lewis, de la Universidad de Brown, USA, sostiene que por los vestidos —una lleva un velo como solian usar las mujeres romanas— y por el delicado dibujo de los rostros, estas figuras son mujeres, y, por lo tanto, la representación es la de un simple banquete funerario, no Eucarístico. Sin embargo, otras profesoras como Robin Jensen, de la Universidad de Vanderbilt, EE.UU, recuerdan que es un hecho que existieron diaconisas en la Iglesia cristiana, al menos hasta el siglo IV (ver nota 2), con lo cual, esta imagen nos estaría mostrando el importante papel que cumplía la mujer en la Iglesia en estos primeros siglos del cristianismo y, bajo este supuesto, si podría considerarse un banquete Eucarístico.

Catacumba de Priscila, La Virgen María con el Niño
Fotografía: Internet

Otra imagen que ha dado que hablar a los historiadores del arte es la que se conoce como la primera representación de la Virgen María con el Niño. ¿Es una difunta con un bebe? o ¿es realmente la Virgen María? Las representaciones de María comienzan en el siglo V, luego que el Concilio de Éfeso, en 431, la reconociera oficialmente como la madre de Cristo. Que esta imagen sea del siglo III y, además, esté ubicada en un sitio poco destacado del techo, es lo que plantea dudas a los expertos.

Por otra parte, al igual que en la lápida de Severa más arriba mostrada, junto a la madre con su bebe, aparece un forma estrellada y otro personaje señalándola. Nuevamente, el posible significado de tal composición sería una referencia a la llamada Profecía de la estrella de Jacob, dada por el profeta Balaam en el Antiguo Testamento (Números 24:24) considerada una de laa más antiguas referencias bíblicas anunciando la venida del Mesías. Así que, no habiéndose hasta ahora sugerido otra interpretación a la presencia de esas dos figuras, una estrella y un personaje señalándola, junto a una madre con su niño, habría que aceptar la idea de que se trata de una representación de la Virgen y el Niño. Lo que a su vez plantea otra incógnita sin respuesta sobre el papel de la madre de Cristo en la devoción popular en los siglos anteriores al mencionado Concilio de Éfeso. Otros estudiosos han planteado que la imagen de la Virgen parecería estar amamantando al Niño o que acaba de hacerlo. En ese caso esta representación no sólo sería la más antigua pintura de la Virgen y el Niño, sino que sería la primera Virgen de la Leche, un motivo iconográfico que será muy representado varios siglos más tarde, desde la Baja Edad Media llegando hasta el Renacimiento (la primer escultura de Migel Angel fue un relieve con este tema).

Si las pinturas no estuvieran tan dañadas ni se hubiera eliminado tanto contexto arqueológico, tanto en los saqueos bárbaros como en los traslados de restos y reliquias de mártires o, ya en el s.XVII, las búsquedas de tesoros artísticos por parte de los papas Inocencio X y Clemente IX, probablemente las dudas que los especialistas se plantean tuvieran respuestas más claras y nos permitirían conocer aún más sobre la vida y la fe de los primeros cristianos.

Un cubículo de la Catacumba de Priscilla milagrosamente ha escapado al pronunciado deterioro que hemos visto en la Capilla Griega y que se repite en el resto del cementerio, presentando frescos asombrosamente bien conservados. Es el llamado Cubículo de la Velada cuyas pinturas están datadas en la segunda mitad del siglo III.

Catacumba de Priscila, Cubículo de la Velada
Fotografía: Internet (vía Catacombe di Priscilla)

Recibe su monbre de la orante que aparece en el fresco ubicado frente a la entrada al cubículo: una joven figura femenina ataviada con un lujoso vestido litúrgico y cubriendo su cabeza con un velo como el que usaban las matronas romanas. A cada lado de esta figura se representan dos escenas, únicas en la pintura paleocristiana de cementerios, que puede suponerse constituyen episodios de la vida de la difunta allí sepultada. Si ese fuera el caso, el grupo de la izquierda sería la escena de su matrimonio: una persona mayor, barbado y vestido con una larga túnica, manto y capucha; a su lado una mujer joven cubierta con una dalmática amarilla y decorada, sostiene un pergamino en la mano, que sería la tabula nuptialis, el acta de matrimonio donde se especificaban las obligaciones legales de los esposos; detrás hay un hombre vistiendo una túnica verde-azulado. Así el velo de la orante sería el “flameum”, velo que usaban las romanas durante el matrimonio y su imagen tendría el significado de que ha llegado al cielo y goza de la paz divina. La imagen a la derecha estaría mostrando que esta mujer fue madre al presentarla con un niño en sus brazos, vistiendo una túnica blanca.

Catacumba de Priscila, el luneto con la Orante
Fotografía: Internet
Catacumba de Priscila, El Buen Pastor en el Jardín del Paraiso
Fotografía: Internet

En el centro de la bóveda del techo se encuentra una imagen del Buen Pstor en el jardín del Paraiso con sus ovejas dentro de un círculo naranja. Completan la superficie imágenes de palomas (símbolo de la paz divina) y pavos reales (símbolo de la Resurrección, por el hecho de renovar su plumaje en la época de Pascua) enmarcados en líneas verdes y moradas. En los otros lunetos están representados escenas del Antiguo Testamento, a la izquierda, parcialmente mutilado, El Sacrificio de Abraham con su hijo Isaac transportando leña y Abraham señalándole el fuego. Y en el de la derecha, los Tres jóvenes en el horno, imagen con la que iniciamos esta página. Sobre la puerta de entrada al cubículo se halla un fresco sobre el episodio bíblico de Jonás y la ballena.

Catacumba de Priscila, El sacrificio de Abraham
Fotografía: Internet
Catacumba de Priscila, Cubículo de los Toneleros
Fotografía: Internet

Catacumba de Priscila, Friso con retratos y santos
Fotografía: Internet (vía Primeros Cristianos)

Otros dos cubículos de esta catacumba pueden ser mencionados: el Cubículo de los toneleros, que, comparado con los ejemplos anteriores, resulta algo modesto. Parece más probable que haya sido una capilla hecha por la corporación de los fabricantes de toneles para sepultar a sus miembros, y no el cubículo familiar de un tonelero. Otro cubículo presenta un friso con retratos de difuntos allí sepultados (algo muy poco común); una mujer con largo cabello negro y en posición orante dentro de un y a ambos lados dos jóvenes orantes acompañados por los santos Pedro y Pablo y los mártires Félix y Felipe, que habían sido enterrados en esa catacumba.

Un cubículo muy conocido por la riqueza de su decoración, pero que se encuentra en la Catacumba de Comodila, es el llamado Cubículo de León. Esta catacumba está ubicada sobre la Via delle Sette Chiese, a metros de la Via Ostiense, bajo un parque con la misma denominación, y, como en otros casos, lleva el nombre del propietario de la tierra y probable fundador de la necrópolis subterranea. Con dataciones que oscilan entre principios y fines del siglo IV, consta de tres niveles, aunque sólo el segunde es de interés arqueológico, entre otros motivos por ser el nivel donde se hallan enterrados los mártires Félix y Adauto o Adaucto; en el lugar de sus tumbas se abrió una pequeña Basílica para su culto. A pesar de haber sido destino de peregrinación para el culto de los mártires hasta el siglo IX, la catacumba carece de relevantes valores arquitectónicos, epigráficos e iconográficos, con la única excepción del cubículo mencionado.

Catacumba de Comodila, Cubículo de León
Fotografía: Internet

Éste corresponde a un prefecto romano fallecido en la segunda mitad del s.IV que construyó este cubículo para su familia. Es prácticamente el unico lugar de la catacumba donde se hallan arcosolios y donde encontramos un ambiente totalmente cubierto de pinturas decorativas y con escenas bíblicas. Y con una de las primeras, si no la más antigua existente, representación en el centro de la bóveda, de Crito adulto y barbado, prefigurando la icónica imagen del Cristo Pantocrator característico del arte Bizantino y luego llevada al Románico. Como era muy frecuente, a la imagen de Cristo se le agregan la primera y última letras del alfabeto griego, alfa Α y omega Ω, con el significado de «Dios, el Principio y el Fin» según la frase del Apocalipsis (21:6 y 22:13). (Aunque por lo visto, el pitor no era muy versado en letras griegas, y puso el alfa mayúscula y la omega minúscula. Se ha encontrado que en esta catacumba son frecuentes lo errores ortográficos en las inscripciones de lápidas y paredes.)

Catacumba de Comodila, Cristo, Principio y Fin
Fotografía: Internet - Dominio Público (vía Wikimedia Commons)