
Témpera s/tabla, Palacio Pitti, Florencia
Fotografía: Internet - Dominio Público (vía Wikimedia Commons)
l menor de los tres grandes maestros de la tercera generación del Renacimiento italiano, Raffaello Sanzio, conocido simplemente como Rafael nació en Urbino en 1483 y falleció en 1520 en Roma (curiosamente, según se dice, el 6 de abril en ambos casos), a la edad de treinta y siete años. A pesar de su corta existencia, fue considerado por sus contemporáneos en el mismo nivel de excelencia artística que Leonardo y Miguel Ángel, mayores que él en treinta y un años el primero y en ocho años el segundo. En la actualidad, la crítica de arte lo valora no tanto por la originalidad de sus obras, que delatan la influencia de ambos genios y de otros grandes artistas de la época, sino por la ductilidad de su talento, capaz de integrar en su obra todas esas influencias, en una perfecta y equilibrada síntesis, que sirvió de modelo inspirador para muchos pintores posteriores hasta el siglo XIX.
Era hijo de un pintor de modestas cualidades y de muy pequeño demostró una precoz habilidad para el dibujo por lo que se lo consideraba un niño prodigio. Se crió en el ambiente de la pequeña nobleza de Urbino donde su padre era pintor y poeta de la corte del duque (es probable que le enseñara los primeros rudimentos de la pintura). Esto le valió la posibilidad de adquirir las maneras elegantes y las habilidades sociales necesarias para moverse con soltura en los círculos de la alta sociedad, lo que, sumado a su afable carácter, años más tarde le serían de gran utilidad en su carrera. Huérfano a los 11 años, sus años de formación son materia de controversia entre los historiadores, pero, por el análisis estilístico parece seguro su paso por el taller de Pietro Vanucci, llamado el Perugino, en la ciudad de Perugia, donde residió desde 1499 hasta 1504 en que se traslada a Florencia.

ca. 1499, Pastel negro, Ashmolean Museum
Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)
El Perugino era de una generación de maestros que necesitaba tener un taller con muchos ayudantes bien calificados para hacer frente a la multiplicidad de encargos que recibía. La serenidad y armonía de sus obras donde nada aparece rígido ni forzado en diseños de sencilla claridad y la «manera suave y devota», según Gombrich, de sus cuadros de altar, le habían dado un sólido prestigio. En ese contexto se forma el joven Rafael. En Florencia se encontrará con la ardua rivalidad que enfrentaba a Leonardo con Miguel Ángel, los genios que estaban creando nuevas concepciones artísticas. Rafael no se amilanó ante la reputación de esos grandes maestros, él había venido a aprender. Si bien no tenía los conocimientos de uno ni la fuerza expresiva del otro, frente al genio intratable de ambos, la dulzura de caracter de Rafael la abría las puertas de los mecenas más influyentes. En Florencia es reconocido como maestro y comienza a contratar sus primeros trabajos. De esta época es “Desposorios de la Virgen”, realizado para la Iglesia de San Francisco en Città di Castello. En Florencia, donde esperaba recibir importantes encargos, incorpora a su obra aspectos y técnicas aprendidas de Signorelli, Fra Bartolomeo y, especialmente, el claroscuro y el sfumato de Leonardo. En esos años Miguel Ángel trabajaba en el “David” y, junto con Leonardo, decoraban con sendos frescos la Sala del Consejo del Ayuntamiento. Rafael permanece en Florencia cuatro años y, a pesar que los grandes encargos que esperaba no se concretan, realiza una parte muy importante de su obra pictórica.
De esta época son: una pequeña tabla de “San Jorge y el dragón”, donde despliega un nuevo dinamismo en la composición; una notable serie de retratos como el de “Agnolo Doni” y el llamado “La muda”, un retrato de mujer considerado como unos de los rostros más expresivos pintados en el Renacimiento; y una admirable serie de Madonnas de serena belleza, vivo y luminoso colorido con claros paisajes como fondo. La primera de estas madonas, y probablemente de las más conocidas por haber sido incansablemente reproducida en estampas, es la “Madonna del Gran Duque” cuya aparente sencillez es el resultado de una realización profundamente meditada, concebida con esmero y un gran saber artístico. Ha servido de modelo de perfección a generaciones de artistas sin que nadie pudiera igualarla. «La manera del modelado del rostro de la Virgen fundiéndose con la sombra, la manera de hacernos sentir Rafael el volumen del cuerpo envuelto airosamente en el manto que cae con soltura desde los hombros, la firmeza y ternura con que ella sostiene al Cristo niño, todo contribuye a producir una sensación de equilibrio perfecto.»[1] Las pinturas de Rafael cumplen con exactitud la máxima de Alberti cuando afirmaba que en una composición «nada puede agregarse o quitarse sin dañar» y lo logra con tal naturalidad sin que nada aparezca forzado o artificioso, que hace pensar que no podría haber sido hecho de otro modo.

Óleo sobre tabla; 170 x 117 cm, Pinacoteca di Brera, Milán
Fotografía: Internet - Dominio Público

Óleo s/tabla, 84 x 55 cm, Palacio Pitti, Florencia
Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

Óleo s/tabla, 65.2 x 48 cm, Palacio Ducal de Urbino
Fotografía: Dominio Público (via Wikipedia Commons)

Fotografía: Internet - Dominio Público

Fotografía: Dominio Público (via Wikipedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (via Wikipedia Commons)
Otras obras de esta serie son “La Virgen del jilguero”, “La bella jardinera”, la “Sagrada Familia con Santa Isabel y San Juan”, (también llamada “Madonna Canigiani”) y la “Sagrada Familia del cordero”. En ellas el clasicismo de Rafael llega a su máxima expresión, en equilibradas composiciones triangulares que recuerdan a Leonardo, y que están llenas de una gracia natural, serena y plenas de vitalidad.

Óleo s/tabla, 122 x 80 cm,
Museo del Louvre, París
Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

1507-1508, Óleo s/tabla, 132 x 98 cm,
Alte Pinakothek, Munich
Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Óleo s/tabla, 28 x 21 cm
Museo del Prado, Madrid
Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Óleo s/tabla, 107 x 77 cm
Galleria degli Uffizi, Florencia
Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (vía Wikimedia Commons)
Por sugerencia de su amigo Bramante, Rafael, que en ese momento tenía 25 años, es llamado a Roma por el papa Julio II en 1508; en ese momento, Bramante dirigía las obras de la nueva basílica de San Pedro y Miguel Ángel iniciaba los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina. El papa le encarga entonces la decoración de varias salas de sus aposentos privados, las que serán conocidas como las stanze, las Estancias Vaticanas o Estancias de Rafael, probablemente la obra cumbre de su talento, por lo que merecen analizarse en detalle en página aparte. En ellas Rafael demostró su maestría en la perfección del dibujo y la armónica composición de vastas escenas con multitud de personajes en movimiento. En cada una de estas salas pintó una serie de frescos en las paredes y el cielorraso con la ayuda de sus aprendices y asistentes, entre los que se contaban Giulio Romano, Gianfranccesco Penni, Guillaume de Marcillat, entre otros de un taller que llegó a contar, según Vasari, con cerca de 50 miembros trabajando bajo sus órdenes. Es dificil hacerse una idea clara de la magnitud de la obra en las Estancias a través de fotografías y reproducciones; es necesario pasar algún tiempo en las salas para llegar a apreciar la armonía y variedad del plan de conjunto y sentir en su verdadera magnitud la imponencia de esos frescos semicirculares, algunos de más de siete metros de diámetro.
Entre 1508 y 1514 estuvo Rafael pintando los frescos de las Estancias Vaticanas; mientras ejecutaba estos trabajos, Rafael atendía numerosos encargos de obras, lo cual le determina la necesidad de mantener un amplio taller con numerosos ayudantes y discípulos que trabajaban siguiendo los bocetos y directivas del maestro. Serán ellos quienes, ya fallecido Rafael, terminarán los trabajos de las stanze, particularmente la última, la Estancia de Constantino, integramente realizada entre 1520 y 1524 por el taller de Rafael, bajo la dirección de uno de sus más aventajados discípulos, el pintor y arquitecto Giulio Romano, que llegará a ser un importante artista de la última etapa del Renacimiento, denominada en la historia del arte como "manierismo".
Menos conocida es su actuación como arquitecto. Amigo personal de Bramante, a la muerte de éste es puesto por el Papa al frente de la construcción de la basílica de San Pedro del Vaticano, continuando las obras hasta su fallecimiento en 1520. Propuso algunos cambios al proyecto, pero no fueron realizados. También fue nombrado Conservador de las antigüedades romanas. Otras de sus obras arquitectónicas fueron: la Capilla funeraria para Agostino Chigi en Santa Maria del Popolo, Roma (1512); las caballerizas de la Villa Farnesina, Roma (1512 - 1514), en la que también pintara en 1511 un fresco con tema mitológico, el “Triunfo de Galatea”, y posteriormente, decoraciones con la misma temática mitológica en otras galerías de la villa; el Palacio de Jacopo da Brescia, Roma (1515); la pequeña iglesia del gremio de los orfebres, San Eligio degli Orefici, Roma (1515); el diseño del Palacio Pandolfini, Florencia (1516), que fue construido por Giovanni Francesco y Aristotile da Sangallo; y finalmente, la Villa Madama, Roma (1517 – 1520), realizada para el Cardenal Giulio de Médicis, futuro papa Clemente VII. A la muerte de Rafael, fue continuada por sus discípulos Antonio da Sangallo, el Joven, Giulio Romano y Giovanni da Udine; el proyecto original del maestro fue sufriendo diversas modificaciones y una parte de él nunca llegó a construirse, por lo que el resultado final refleja sólo parcialmente el diseño de Rafel.

Ilustración: Internet
Al fallecer Clemente VII, la propiedad queda en poder de su primo Alejandro de Medici, casado con una hija natural de Carlos V, Madama Margarita, de allí el nombre con el que se conoce a la villa. El diseño de Rafael está inspirado por la tipología de las termas romanas, organizado en base a dos ejes ortogonales que se cruzan en lo que hubiera sido, de construirse completo, un amplio patio circular que recuerda por su forma al tepidarium de las termas de Diocleciano. La decoración de los interiores recuerda en algún aspecto, a la Domus Aurea de Nerón. En la actualidad, la villa es utilizada por el estado italiano para albergar delegaciones extranjeras en visita oficial.

Fotografía: Internet (via masdearte.com)

Fotografía: Internet
Más dilatada y azarosa fue la realización de la Capilla Funeraria familiar de Agostino Chigi, en Santa María del Popolo, Roma. Autorizada, la adquisición de la capilla a su amigo, banquero sienés y financista de la Curia, Agostino, por bula papal de Julio II en 1507, se cambió la dedicación de la misma de los Santos Sebastián, Roque y Segismundo por la de la Virgen de Loreto, de la que era profundamente devoto el rico banquero. se comenzó a reconstruir con proyecto de Rafael, alrededor de 1512 o, tal vez, antes. Pocos días después de fallecer Rafael, fallece Agostino Chigi en abril de 1520, y fue enterrado en la capilla aún sin terminar. Su viuda ordenó continuar con los trabajos interiores pero fallece en noviembre del mismo año. En los años siguientes la decoración interior es recomenzada y suspendida en varias oportunidades, hasta que finalmente fue inaugurada por primera vez en 1554. Luego de ser enterrado un la capilla Lorenzo Chigi en 1573, la familia se va de Roma y la capilla queda abandonada. Recién en 1652, cuando un Chigi, Fabio, futuro papa Alejandro VII, vuelve a Roma como cardenal, se inicia una restauración a cargo de Bernini. A lo largo de un siglo y medio intervinieron en esta obra, Lorenzetto, escultor y arquitecto del círculo de Rafael, que trabajó en la decoración arquitectónica y esculturas; el pintor Sebastiano del Pombo que comenzó el mural detrás del altar con el nacimiento de la Virgen, dejándolo sin terminar; y, finalmente, Bernini que realizó un nuevo piso de marmol de diseño geométrico, realizó dos esculturas, completó el mural de del Pombo y dirigió los trabajos necesarios para volver a poner en valor la capilla. A pesar de algunos cambios menores y de todas las manos que intervinieron, éste es, sin embargo, el proyecto de Rafael que más fiel a su diseño original, ha permanecido.

Fotografía: Peter1936F CC BY-SA 3.0 (via Wikimedia Commons)

Fotografía: LivioAndronico CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons)

Fotografía: Peter1936F CC BY-SA 3.0 (via Wikimedia Commons)

Fotografía: Peter1936F CC BY-SA 3.0 (via Wikimedia Commons)
También Rafael fue un notable retratista que produjo retratos de gran finura y elegancia, no excentos de una caracterización psicológica del personaje en la que los rasgos y expresiones dan cuenta de su interioridad. En sus comienzos, sus clientes pertenecían a la alta burguesía de banqueros y mercaderes o a la nobleza menor. Ya en Roma, ante el encargo del Papa de la decoración de las Estancias Vaticanas, su fama alcanza el más alto nivel y cardenales o nobles pertenecientes a los círculos vaticanos, comienzan a solicitar sus servicios de retratista. Rafael satisfacía estos encargos simultaneamente con su labor en las salas papales. Los más famosos trabajos de esta temática son los retratos de su amigo Baltasar Castiglione, noble de saber enciclopédico, escritor y embajador de la corte de Urbino en Roma; el del Papa Julio II, con el peso de sus años sobre sus hombros, lejos del ímpetu del papa guerrero que combatió al frente de su ejercito a los franceses hasta expulsarlos de Italia, y absorto en sus pensamientos, imagen que por su realismo fue revolucionaria para su época, y muy imitada posteriormente; y, finalmente, el retrato llamado “La Fornarina”, sindicada por los investigadores como Margherita Luti, hija de un panadero (fornaio en italiano, de allí el nombre del cuadro) y amante del pintor hasta sus últimos días. En el brazalete del brazo izquierdo, firmó la obra con la leyenda: RAFAEL VRBINAS

108 x 80.7 cm, National Gallery, Londres
Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

Óleo s/tela, 82 x 57 cm, Musée du Louvre, París
Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

87 x 63 cm, Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma
Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)

Fotografía: Dominio Público (via Wikimedia Commons)
En estos últimos años de su vida, a la par de su labor como arquitecto, continúa atendiendo diversos encargos de pinturas e, incluso, cartones para tapices como los diez que el papa León X le encargara a fines de 1514 para ser tejidos en Bruselas, con destino al zócalo de la Capilla Sixtina. Los tapices, tejidos varias veces, se pueden contemplar en varias colecciones, mientras que los cartones se conservan en el Museo Victoria y Alberto, de Londres. En el apogeo de su fama y prestigio, admirado y requerido por los principales mecenas de comienzos del siglo XVI, la muerte lo sorprende un 6 de abril de 1520, cuando estaba en la plenitud de su talento creativo. Luego de ser velado en el Vaticano, fue sepultado, siguiendo su expresa voluntad, en el Panteón de Roma. Su fama, si grande fue en vida, se agigantó aún más en el tiempo posterior a su muerte, hasta llegar a la devoción que por él sentian artistas como Ingres en el siglo XIX.

Fotografía: Dominio Público, (via Wikimedia Commons)